Virginia Smith
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Me encontraba en un pueblo en Samoa, en el sur del Pacífico y no recuerdo cuándo comenzó a llover, solo sé que no se detuvo. Por más de un mes, las 24 horas del día, la lluvia siguió. Los ríos crecieron y, en poco tiempo, nadie ni nada podía entrar o salir. Nos quedamos justo ahí, en la inundación.

¿Alguna vez Uds. o un ser querido han sido afectados por una inundación? Piénsenlo. Según las estadísticas, es probable que Uds. o un conocido hayan sido afectados por una inundación. Las inundaciones provocan un sentimiento de impotencia. No puedes evitar que los ríos crezcan. Pero, por primera vez, nos encontramos en un sitio donde podemos cambiar el paradigma de poder de las inundaciones.

Según el World Water Resource Institute, en el mundo, las inundaciones son los desastres naturales más devastadores, ya que provocan la muerte de 4000 a 5000 personas anualmente. En EE. UU., 14,5 millones de propiedades, hogares y empresas se encuentran bajo un gran riesgo de inundación, lo cual causa la pérdida económica de 1000 millones cada año. De hecho, en el 2010, se gastaron USD 176 000 millones en la recuperación global tras inundaciones, lo cual equivale aproximadamente al 20 % del gasto en comestibles de todas las familias en EE. UU. en un año. Y, en 2080, se espera que gastemos más de USD 4 billones en la recuperación global tras inundaciones. Guau. Es mucho dinero.

Ahora bien, lo estoy comparando con comestibles porque son algo que puedo asimilar. Sé cuánto gasto en alimentos. Pero ese dinero podría destinarse a cualquier cosa: la deuda pública, atención de salud, educación, devolverlo a los ciudadanos. Uno puede hacer mucho con USD 4 billones.

Ahora bien, somos muy buenos prediciendo cuán grave será una inundación y muy buenos prediciendo cuándo ocurrirán. Nuestras civilizaciones más antiguas han intentado prevenir las inundaciones. Desde la época de Noé, hemos intentado paliar las inundaciones. Entonces, ¿por qué siguen siendo un problema tan grande? Porque amamos el agua, la necesitamos, siempre debemos tenerla. Construimos ciudades junto a océanos y ríos porque estar cerca de este recurso indispensable facilita nuestras vidas. De hecho, casi todo el mundo vive en zonas costeras hoy en día y muchos, muchos más viven en zonas urbanas. Estudiantes y emprendedores en busca de futuros prometedores son atraídos por las emocionantes oportunidades que ofrecen las ciudades. En el 2008, por primera vez, la mitad de la población mundial vivía en zonas urbanas. Cuando mis niñas tengan mi edad, más del 70 % de la población mundial vivirá en zonas urbanas. Es un crecimiento veloz.

Cuando las ciudades crecen rápidamente, sus paisajes son alterados; y esto resulta en más escorrentías, disminución de la calidad del agua y, finalmente, en mayores impactos debido a las inundaciones. Buscamos mitigar esto con la gestión de aguas pluviales y llanuras aluviales, pero en nuestros medioambientes urbanos constantemente cambiantes y dinámicos, las cifras indican que los enfoques tradicionales simplemente no bastan. Desafortunadamente, los más afectados son los más vulnerables. Las viviendas sin autorizar de bajos ingresos suelen encontrarse en zonas con altos riesgos de inundación. Las familias y las comunidades incapaces de prevenir y luchar contra los desastres económicos vinculados a las inundaciones son los más afectados y quienes se ven afectados continuamente.

Este es un desafío mundial. Me percaté de esto cuando estuve varada en el pueblo de Samoa, donde esta misma agua de inundación destruyó cultivos, inundó mercados y cerró empresas. Tomé esta foto en Vanuatu, donde este puente que se derrumbó hace poco solía conectar comunidades a granjas y escuelas. Al vivir en Tailandia y trabajar en Vietnam y Camboya, la temporada de inundaciones urbanas hizo que actividades diarias como transportarse no solo fuesen un reto, sino también un riesgo. El agua de inundación no es agua limpia. Esto se reafirmó este verano cuando las inundaciones afectaron a 63 millones en el sudeste asiático. Viví esto cuando trabajé en Afganistán, donde el clima árido es perfecto para las inundaciones repentinas. La poca resiliencia, el veloz crecimiento urbano y la frecuencia de las inundaciones desafortunadamente han hecho que Afganistán sea uno de los países con más fallecimientos per cápita por inundaciones. Por si fuera poco, han sufrido décadas de guerra. Esto se reafirmó en la primavera y el verano de 2020, cuando miles perdieron sus hogares y cientos perdieron la vida debido a las inundaciones en Afganistán. Y vi esto trabajando en proyectos en Kenia, Sierra Leona, Paraguay y Haití. Y lo vemos en nuestras propias ciudades. Lo vemos en Filadelfia cuando conducimos luego de una tormenta o cuando cruzamos Lancaster Avenue cerca de Villanova. Lo hemos visto cuando el río Misisipi se desborda. Lo hemos visto con huracanes como Harvey, Katrina y Sandy. Lo vimos este verano con Isaías y lo veremos de nuevo. Este es un desafío que nos une. Y estos son tiempos difíciles y, a su vez, tiempos interesantes.

Sir Isaac Newton dijo: «Si he visto más lejos, es porque estoy parado en los hombros de gigantes». Y, desde los hombros de gigantes, podemos ver el mundo como nunca lo vimos antes. Esta es una fotografía tomada por los astronautas del Apolo 17. Fueron unos de los primeros en ver nuestra Tierra por completo. Nuestro hermoso y solitario planeta acababa de ser revelado. En 2029, 57 000 satélites orbitarán nuestro planeta y generarán cientos de terabytes con datos de la Tierra cada día. Vivimos en la revolución de los datos. Se generan datos constantemente. No solo con satélites, sino también con indicadores y sensores, con nuestras propias acciones, solo con nuestros móviles. Científicos e ingenieros están aprendiendo a usar esta información para adquirir nuevos conocimientos sobre las inundaciones y encontrar nuevas soluciones. Sentados aquí en Villanova, podemos determinar la ubicación ideal para infraestructura en Haití y Kenia y usar la inteligencia artificial para saber en qué sitio se desbordará un río en Utah... desde nuestros escritorios. A esto se le suman los avances en infraestructura. En las décadas recientes, los ingenieros han creado nuevas maneras para aprovechar el agua de tormenta. La infraestructura pluvial verde, como la que se ve aquí, aplaca el pulso de inundación y limpia el agua de tormenta usando herramientas de la tierra y las plantas. Infiltración, evaporación y transpiración. Se ha probado que cumple con las regulaciones hídricas federales con efectividad y eficiencia; y además es inesperadamente rentable.

Si bien es un tipo de infraestructura relativamente nuevo, está revolucionando el panorama urbano. En Filadelfia, en tan solo 10 años, se han implementado miles de sistemas pluviales verdes, por lo que la ciudad pasó de ser una de las que más vulneraban la calidad del agua a ser un líder mundial. Y no está sola. Hay programas similares en la ciudad de Nueva York, Portland, Detroit y muchas, muchas otras más. Y el éxito de estos programas ha hecho que se popularicen mundialmente. Pero los beneficios no solo se limitan al agua de tormenta, ya que también se extienden a la salud y el bienestar comunitario, la restauración del medioambiente y la gestión de llanuras aluviales.

Estos son tiempos emocionantes. Son tiempos de esperanza, tiempos en los que tenemos el potencial para hacerle frente a las inundaciones. Y esta es la parte genial: todos podemos afrontar este desafío. Este es un tema que concierne a la infraestructura civil y el propósito de la infraestructura civil es servir a las sociedades civiles, las cuales incluyen a todos nosotros. Incluyen a todos.

Y bien, ¿cómo podemos participar? En primer lugar, usen sus voces. Necesitamos invertir en soluciones. El Instituto de Recursos Mundiales demostró que por cada dólar destinado a la infraestructura para evitar inundaciones en India, se ahorran USD 248 en daños evitados. Otros países reportaron resultados similares. Si invertimos en la mitigación, podemos reducir el costo de la recuperación tras inundaciones y, consecuentemente, reducir el costo de las pérdidas causadas por inundaciones. En los Estados Unidos, mucha infraestructura está envejeciendo, por lo que debe reemplazarse o renovarse. Pero la infraestructura civil no es universal. Debe adecuarse a las necesidades de la comunidad a la que sirve. Y bien, ¿cuáles son las necesidades de tu comunidad? ¿En qué modos los han impactado las inundaciones? Alcen la voz, infórmenles a sus representantes, participen en audiencias públicas y participen en la búsqueda de la solución para sus comunidades.

En segundo lugar, actúen. Imaginen que una gota de lluvia cae sobre sus techos. Mientras se desliza por la acera o por sus patios, ¿qué lleva consigo? El agua de tormenta proveniente de tu hogar, empresa o comunidad impacta en los ríos y las corrientes en las que drena. Haz que tu propiedad o tu comunidad sean parte de la solución. Ofrécete como voluntario para mantener la infraestructura pluvial verde o crea e invierte en infraestructura pluvial verde en tu hogar o empresa. Este es un ejemplo de Villanova. Lo he encerrado en un círculo rojo porque no es muy evidente. No es una obra de infraestructura grande y prominente. Es una solución asequible y factible.

Y en tercer lugar, innoven. Las condiciones están dadas. Los desarrollos y los datos, el poder computacional y la gestión de recursos hídricos han facilitado los avances. Pero no es solo un problema que concierne a la ingeniería. Esto nos concierne a todos. Arte, educación, biología, química, planificación urbanística, salud pública, gobernanza, empresas. Todos nosotros. Y bien, ¿cuál es tu solución? ¿Cuál es tu innovación? ¿Cuáles son los siguientes pasos?

Las inundaciones han sido un problema con el que hemos lidiado desde nuestras civilizaciones más antiguas. Pero, por primera vez, tenemos el potencial para encontrar soluciones. Los daños, los costos, las vidas perdidas. Podemos cambiarlo. En nuestros patios, nuestras comunidades y nuestras ciudades, con nuestras voces, nuestras acciones y nuestras innovaciones, podemos encontrar soluciones y cambiar el paradigma de poder de las inundaciones.

Gracias.