Greta Thunberg
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Cuando tenía ocho años, escuché de algo llamado calentamiento global o cambio climático, creado por los humanos con nuestro estilo de vida. Me dijeron que apagara las luces para ahorrar energía y reciclara papel para ahorrar recursos. Recuerdo extrañarme de que los humanos, aún siendo solo una especie animal, fuéramos capaces de cambiar el clima de la Tierra. Porque, de ser así, no se hablaría de nada más. Al encender la tele, sería el centro de atención. En periódicos, radios y noticieros no se leería ni se escucharía sobre otro tema, como al estar en medio de una guerra. Pero nadie hablaba de eso. Si los combustibles fósiles eran una amenaza, ¿por qué seguíamos como si nada? ¿Por qué no había restricciones? ¿Por qué no eran ilegales?

Para mí, no tenía sentido. Era demasiado irreal. Así que a los 11 años, enfermé. Caí en depresión. Dejé de hablar y de comer. En dos meses, perdí 10 kilos. Me diagnosticaron Asperger, TOC y mutismo selectivo, o sea que solo hablo cuando es necesario, como en este momento.

(Aplausos)

Para aquellos en el espectro, casi todo es blanco o negro. No mentimos bien y no disfrutamos este juego social que el resto ama tanto.

(Risas)

Pienso que, de muchas formas, los autistas somos los normales, y el resto, son los raros.

(Risas)

Y más cuando se trata de la crisis de sostenibilidad, porque se dice que el cambio climático es una amenaza y el problema más urgente, pero todos actúan igual que siempre. No lo entiendo. Porque si las emisiones deben parar, que paren. Para mí eso es blanco o negro. Cuando se trata de sobrevivir, no hay áreas grises. O continuamos como civilización o no. Debemos cambiar.

Países ricos, como Suecia, deben reducir sus emisiones al menos un 15 % cada año para estar bajo el objetivo de dos grados de calentamiento. Como el IPCC demostró, cambiar el objetivo por 1,5 grados Celsius reduciría el impacto climático. Pero imaginen lo que representa tal reducción. Se pensaría que los líderes y medios hablarían solo de eso, pero ni lo mencionan. Tampoco mencionan los gases de invernadero ya presentes en el sistema, ni que la contaminación del aire esconde calor para que al dejar de usar combustibles fósiles tengamos un nivel de calor extra de hasta 0,5 o 1,1 grados Celsius. Tampoco se habla de que estamos en nuestra sexta extinción en masa, con 200 especies que se extinguen cada día. El promedio de extinción hoy es entre mil y 10 000 veces mayor de lo que se considera normal. Y nadie habla de equidad ni justicia climática, establecida claramente en el Tratado de París, y necesaria para que funcione a escala global. Significa que países ricos deben llegar a cero emisiones entre 6 y 12 años, con la rapidez de emisiones actual, para que países más pobres puedan mejorar su calidad de vida al construir infraestructura que nosotros ya tenemos: carreteras, escuelas, hospitales, agua potable y electricidad. ¿Cómo podemos esperar que países como India o Nigeria se preocupen por la crisis climática si a nosotros, que lo tenemos todo no nos importa, ni tampoco los acuerdos del Tratado de París?

¿Por qué no hay menos emisiones? ¿Por qué aumentan? ¿Estamos provocando una extinción? ¿Somos malvados? No, claro que no. Las personas actúan así porque la mayoría no conoce los efectos del diario vivir y no entienden que hay que cambiar. Creemos saber y que todos saben, pero no. ¿Cómo podríamos? Si hubiera una crisis causada por las emisiones, se verían señales, no solo inundaciones, decenas de miles de muertes, y naciones reducidas a escombro. Se verían restricciones, pero no. Y nadie habla de eso. No hay reuniones de emergencia, titulares, ni noticias urgentes. Nadie actúa como si estuviéramos en crisis. Hasta científicos y políticos ambientalistas viajan por el mundo comiendo carne y lácteos. Si llego a cien años, viviré en el 2103. Cuando Uds. piensan en el futuro, no pasan del 2050, en ese año, yo estaré casi a la mitad de mi vida.

¿Qué pasa después? En el 2078, cumpliré 75 años. Si tengo nietos, tal vez, estarán conmigo. Tal vez me pregunten por Uds., las personas del 2018. Tal vez, pregunten por qué no actuaron cuando aún se podía. Lo que hagamos o no afecta toda mi vida y la vida de mis hijos y nietos. Lo que hagamos o no, ahora, mi generación no podrá deshacer luego. Cuando empezaron las clases en agosto, decidí que ya era suficiente. Me senté frente al parlamento sueco. Hice huelga escolar por el clima. Me dicen que debería de ir a la escuela o estudiar para hacerme científica y "resolver la crisis climática". Pero ya está resuelta. Ya tenemos los datos y las soluciones. Lo que hay que hacer es despertar y cambiar. ¿Por qué estudiar para un futuro que no existirá porque nadie intenta salvarlo? ¿Para qué aprender del sistema educativo, si los datos más importantes dados por lo mejor de la ciencia dentro del mismo sistema, son ignorados por los políticos y por la sociedad? Algunos dicen que Suecia es un país pequeño, que no importa lo que hagamos, pero si unos niños pueden llamar la atención del mundo al faltar a la escuela unas semanas, imaginen lo que todos juntos podríamos lograr si quisiéramos.

(Aplausos)

Casi llegamos al final de mi charla, donde usualmente se habla de esperanza, paneles solares, energía eólica y economía circular. Pero no haré eso. Ya hemos tenido 30 años de motivación e ideas optimistas. Y lo siento, pero no sirve. Porque si sirviera, las emisiones habrían disminuido. No es así. Y sí, necesitamos esperanza, por supuesto. Pero lo que más necesitamos es acción. Cuando actuemos, la esperanza estará ahí.

Así que, en lugar de esperanza, busquemos acción. Solamente así, la esperanza llegará.

A diario, usamos 100 millones de barriles de petróleo. No hay políticas para cambiar eso. No hay reglas para dejar de usar ese petróleo. Así que, no podemos salvar al mundo siguiendo las reglas, porque se debe cambiar las reglas.

Todo debe cambiar. Y hay que empezar hoy.

Gracias.

(Aplausos)