Vikram Patel
1,196,165 views • 12:22

Quiero que imaginen algo. Dos hombres, Rahul y Rajiv, viven en el mismo barrio, tienen la misma formación académica, profesiones parecidas y los dos llegaron a urgencias quejándose de un agudo dolor en el pecho. A Rahul le ofrecieron una intervención cardíaca, pero a Rajiv le dieron de alta.

¿Qué puede explicar la diferencia de experiencias entre estos dos hombres casi idénticos? Rajiv padece una enfermedad mental. La diferencia de la calidad del cuidado médico que recibe un enfermo mental es una de las razones del por qué viven menos que las personas mentalmente sanas. Incluso en los países con los mejores recursos del mundo la brecha de esperanza de vida es de 20 años. En los países en desarrollo, esta brecha es aún mayor.

Claro, las enfermedades mentales también pueden matar de maneras más directas. El ejemplo más obvio es el suicidio. Puede que les sorprenda, como me pasó a mí cuando descubrí que el suicidio es la principal causa de muerte para los jóvenes en todos los países del mundo, incluyendo a los países más pobres del mundo.

Sin embargo, más allá del impacto del estado de salud en la esperanza de vida, también nos preocupa la calidad de lo vivido. Para analizar la repercusión real del estado de salud en la esperanza de vida, así como en la calidad de lo vivido, necesitamos utilizar un sistema métrico denominado DALY, que corresponde a los Años de Vida Potencialmente Perdidos. Cuando lo utilizamos, descubrimos cosas alarmantes acerca de la enfermedad mental desde una perspectiva mundial. Por ejemplo, descubrimos que las enfermedades mentales están entre las principales causas de invalidez en el mundo. La depresión, por ejemplo, es la tercera causa principal de invalidez, junto con otras enfermedades como la diarrea y la neumonía en los niños. Cuando juntas todas las enfermedades mentales corresponden a aproximadamente el 15 % de todas las enfermedades del mundo. Las enfermedades mentales también son muy dañínas para la vida de las personas. Más allá de la carga de la enfermedad, consideremos las cifras absolutas. La Organización Mundial de la Salud estima que existen entre 400 y 500 millones de personas en nuestro planeta que padecen una enfermedad mental. Algunos de ustedes aquí parecen un poco sorprendidos por estas cifras. Consideren un momento su increíble diversidad: desde el autismo y la discapacidad mental en la niñez a la depresión, la ansiedad, el abuso de sustancias y la psicosis de los adultos. hasta la demencia en la vejez. Estoy seguro de todo nosotros podemos pensar en una persona, al menos una persona que padece una enfermedad mental en nuestro círculo social más íntimo. Veo que algunos asienten con la cabeza.

Sin embargo, más allá de las cifras sorprendentes, lo que es realmente importante y preocupante, desde un punto de vista de la salud mundial, es que la gran mayoría de estos individuos no reciben los cuidados que pueden transformar sus vidas. Recuerden que tenemos pruebas sólidas de que ciertas medicinas e intervenciones psicológicas y sociales pueden cambiar mucho la situación. Sin embargo, incluso en los países con mejores recursos, por ejemplo en Europa, aproximadamente el 50 % de las personas afectadas no reciben tratamiento. En los tipos de países en los que trabajo, esa brecha llega a un sorprendente 90 %. No es sorprendente, cuando le hablas a alguien que padece una enfermedad mental, escuchar historias de sufrimiento oculto, vergüenza y discriminación en casi cada sector de sus vidas. Pero quizás lo más desgarrador de todo esto, son las historias de violación incluso de los derechos humanos más básicos, como la de esta esta niña, que suceden todos los días. Lamentablemente, incluso en las instituciones que se construyeron para cuidar a estas personas: los hospitales psiquiátricos.

Por esta injusticia he decidido que mi misión sea intentar ayudar a transformar las vidas de las personas afectadas por una enfermedad mental. Me centré en reducir la brecha entre el conocimiento revolucionario que tenemos sobre tratamientos efectivos y su utilización en el día a día. Uno de los desafíos más importantes es la gran escasez de profesionales de la salud mental, como los psiquiatras y psicólogos, particularmente en los países en desarrollo.

Estudié medicina en India y después elegí como mi especialidad la psiquiatría y mi madre y mi familia se disgustaron, ya que pensaban que la neurocirugía era una opción más respetable para su brillante hijo. De todas maneras seguí adelante e hice unas prácticas en uno de los mejores hospitales de Gran Bretaña. Era muy afortunado. Trabajé con un equipo de profesionales increíblemente talentosos y compasivos. Pero, sobre todo, perfectamente capacitados y especializados.

Poco después, comencé a trabajar en Zimbabue y luego en India, donde me encontré con una realidad totalmente nueva. Un mundo en donde casi no había profesionales del campo de la salud mental. En Zimbabue sólo había aproximadamente una docena de psiquiatras y la mayoría de ellos vivían y trabajaban en la ciudad de Harare, por lo que sólo unos pocos atendían las necesidades de cuidado mental de los 9 millones de personas que vivían en el campo.

En India la situación no era muy diferente. Para que se hagan una idea, si tuviera que traducir el porcentaje de psiquiatras que hay en Gran Bretaña, habría unos 150 000 psiquiatras en India. Pero adivinen cuántos psiquiatras hay. Son sólo unos 3000, sólo el 2 % de los que debiera haber.

Rápidamente me di cuenta de que para ofrecer cuidados de salud mental en países como India y Zimbabue, no podía seguir los modelos que había estudiado, porque dependían en gran medida de especialistas caros. Tenía que innovar y cear otro modelo.

Ahí fue cuando encontré estos libros y descubrí en la salud mundial, la idea de delegar tareas. La idea es muy simple. Cuando hay escasez de especialistas en cuidados médicos, cualquiera que esté disponible puede ayudar, sólo los tienen que entrenar para realizar algunas intervenciones. En estos libros encontré ejemplos inspiradores. Por ejemplo, cómo entrenaron a personas comunes y corrientes para ayudar en los partos, o diagnosticar y tratar neumonía, con buenos resultados. Si se puede entrenar a personas corrientes para realizar intervenciones médicas tan complejas, posiblemente podría hacer lo mismo con la salud mental.

Hoy me complace informarles de que en la última década se ha experimentado mucho con la delegación de funciones en el campo de la salud mental, en el mundo en vías de desarrollo. Me gustaría compartir con ustedes los hallazgos de tres experimentos en particular enfocados en la depresión, la enfermedad mental más común. En la Uganda rural, Paul Bolton y sus colegas demostraron que los lugareños podían realizar una psicoterapia interpersonal para la depresión y, mediante un control aleatorio, demostraron que el 90 % de las personas que fueron tratadas se recuperaron frente al 40 % del grupo de control. Así, mediante un ensayo de control aleatorio en la parte rural de Pakistán, Atif Rahman y sus colegas demostraron que las asistentas de maternidad en el sistema de salud de Pakistán podían ofrecer terapia cognitiva conductual para las madres que estuvieran deprimidas, demostrando drásticas diferencias en las tasas de recuperación. Más o menos el 75 % de madres se recuperaron, frente al 45 % en los pueblos de control. En mi propio ensayo en Goa, India, nuevamente demostramos que los consejeros profanos de comunidades locales podían ser entrenados para realizar intervenciones psicosociales para la depresión y la ansiedad, aumentando a un 70 % las tasas de recuperación, frente al 50 % de los centros de atención primaria.

Si tuviera que unir todos estos experimentos sobre la delegación de tareas (y claramente existen muchos otros ejemplos) e intentar identificar cuáles son las lecciones importantes que podemos aprender, que contribuyan a una delegación de tareas exitosa... He acuñado este particular acrónimo: SUNDAR. SUNDAR en hindi significa atractivo. Me parece que en esta diapositiva muestro cinco lecciones realmente importantes para una delegación de tareas eficaz. La primera es que necesitamos simplificar el mensaje que estamos utilizando, quitando toda la jerga que la medicina ha inventado. Tenemos que dividir los componentes complejos de las intervenciones en unidades pequeñas para que los individuos menos capacitados puedan ejecutarlos más fácilmente. Necesitamos otorgar cuidados médicos no en grandes instituciones, sino más cerca de los hogares y necesitamos utilizar a quien esté disponible en nuestras comunidades locales. Aún más importante, tenemos que reasignar a los pocos especialistas disponibles para realizar labores de desarrollo de capacidades y supervisión.

Para mí, la delegación de tareas es una idea con una relevancia realmente mundial porque, aunque han surgido del problema de la falta de recursos que existen en los países en vía de desarrollo, también es muy importante para los países con mejores recursos. ¿Por qué? En parte, porque la salud en los países desarrollados, los costos de salud en los países [desarrollados], están saliéndose de control rápidamente y gran parte de esos costos son humanos. También es importante porque la salud se ha convertido en una profesión increíblemente especializada y se ha alejado de las comunidades locales. Para mí, lo que es realmente "sundar" acerca de la idea de delegar tareas, no es sólo que hace que la salud sea más accesible y más económica, sino que también es fundamentalmente fortalecedora. Motiva a las personas comunes y corrientes a interesarse por la salud de los otros en su comunidad. Así, se convierten en mejores protectores de su propia salud. Para mí, la delegación de tareas es el ejemplo más reciente de la democratización del conocimiento médico y, así, del poder médico.

Apenas hace 30 años, los países del mundo se reunieron en Alma-Ata y emitieron esta simbólica declaración. Creo que todos pueden imaginar que tras 12 años, aún no estamos ni cerca de ese objetivo. Sin embargo, sabiendo que las personas comunes y corrientes de una comunidad pueden ser capacitadas y, con la supervisión adecuada y el apoyo, pueden realizar una ciertas intervenciones médicas con buenos resultados, quizás ahora esa promesa esté al alcance. De hecho, para implementar la iniciativa de "Salud para todos", necesitaremos incluir a todos en ese paso particular. Yy en el caso de la salud mental, necesitaremos incluir a las personas que padecen una enfermedad mental y a sus enfermeros.

Es por esta razón que, hace unos años, el Movimiento por la Salud Mental Mundial se fundó como un tipo de plataforma virtual en la que los profesionales como yo y las personas que padecen una enfermedad mental, puedan luchar juntos, hombro con hombro, y defender los derechos de las personas con una enfermedad mental para que reciban los cuidados que sabemos que pueden transformar sus vidas y que vivan sus vidas con dignidad.

Para concluir, cuando tengan un momento de paz o tranquilidad en estos pocos días muy ocupados, o quizás después, dediquen un momento a pensar en la persona o en las personas que recordaron que tienen una enfermedad mental y atrévanse a cuidarlos. Gracias. (Aplausos) (Aplausos)