Shirin Neshat
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La historia que quiero compartir con Uds. hoy es mi desafío como artista iraní, como mujer artista iraní como mujer y artista de Irán que vive en el exilio. Tiene sus más y sus menos. Del lado oscuro, la política no parece apartarse de personas como yo. Toda mujer artista iraní, de una u otra forma, es política. La política ha definido nuestras vidas. Si uno vive en Irán, debe afrontar la censura, el hostigamiento, el arresto, las torturas y... en ocasiones, la ejecución. Si vive fuera, como yo, tiene que afrontar la vida en el exilio; el dolor de la nostalgia y la separación de los seres queridos y de la familia. Por eso no encontramos el espacio moral, emocional, psicológico y político para distanciarnos de la verdadera responsabilidad social.

Extrañamente, una artista como yo se encuentra también en la posición de servir de vocera, de hablar en nombre del pueblo aunque no tenga, en realidad, acceso a mi propio país. Además, las personas como yo, estamos luchando estas batallas en varios campos diferentes. Somos críticos con Occidente, con la percepción que se tiene en Occidente sobre nuestra identidad; la imagen fabricada sobre nosotros, sobre nuestras mujeres, sobre nuestra política, sobre nuestra religión. Aquí estamos para, orgullosamente, insistir en el respeto. Y al mismo tiempo, estamos luchando otra batalla: contra nuestro régimen; este Gobierno, este atroz Gobierno, que ha cometido toda clase de crímenes para mantenerse en el poder. Nuestros artistas están arriesgándose. Estamos en una situación de peligro. Afrontamos una amenaza ordenada por el Gobierno.

Pero, irónicamente, esta situación nos ha empoderado a todos, porque somos considerados, como artistas, medulares para el discurso cultural, político y social en Irán. Estamos ahí para inspirar, provocar, movilizar y para llevar esperanza a nuestra gente. Somos reporteros de nuestros compatriotas y comunicadores para el mundo exterior. El arte es nuestra arma. La cultura es nuestra forma de resistencia. En ocasiones envidio a los artistas de Occidente por su libertad de expresión, por poderse distanciar de la cuestión política, porque ellos solo tienen que servir a una audiencia, básicamente a la cultura occidental. Pero también me preocupo por Occidente, porque a menudo, en este país, en este mundo occidental nuestro, la cultura está en riesgo de volverse una forma de entretenimiento. Nuestra gente depende de sus artistas y la cultura está más allá de la comunicación.

Mi periplo como artista comenzó en un lugar muy, muy personal. No me inicié haciendo comentarios sociales sobre mi país. La primera que ven es en realidad cuando regresé a Irán después de una separación de 12 largos años. Fue después de la Revolución Islámica de 1979. Mientras estaba ausente, había llegado la Revolución Islámica y había transformado completamente el país, que había pasado de la cultura persa a la islámica. Volví principalmente para reunirme con mi familia y para volver a conectarme, de tal forma que encontrara mi lugar en la sociedad. Pero en cambio, encontré un país totalmente adoctrinado que no pude reconocer. Además, me interesé mucho... (mientras afrontaba mis propios dilemas e interrogantes personales), y llegué hasta consumirme en el estudio de la Revolución Islámica; cómo es que había transformado tan increíblemente la vida de las mujeres iraníes. Descubrí que el tema de las mujeres iraníes era enormemente interesante por cuanto las mujeres de Irán, históricamente, parecen personificar la transformación política. Así que, de cierta manera, al estudiar a la mujer, se puede ver la estructura y la ideología del Estado.

Entonces formé un grupo de trabajo que de inmediato asumió mis propios interrogantes vitales, y también me llevó a un discurso mayor; al asunto del martirio; el problema de aquellos que voluntariamente se colocan en la intersección del amor a Dios y la fe y a la vez, de la violencia, el crimen y la crueldad. Esto se volvió increíblemente importante para mí. Y a la vez asumí una posición inusual al respecto. Yo era una extraña que había regresado a Irán para encontrar mi lugar, pero no estaba capacitada para criticar al Gobierno ni a la ideología de la Revolución Islámica. Esto cambió gradualmente mientras encontraba mi forma de expresión y descubría ciertas cosas que no esperaba ver. Así, mi arte se hizo ligeramente más crítico. Mi cuchillo se afiló un tanto. Y caí a una vida en el exilio. Soy una artista nómada. Trabajo en Marruecos, en Turquía, en México. Voy a todas partes pretendiendo que estoy en Irán.

Ahora estoy haciendo cine. El año pasado terminé una película llamada "Mujeres sin hombres". "Mujeres sin hombres" regresa a la historia, pero a otra parte de nuestra historia. En 1953, cuando la CIA estadounidense llevó a cabo un golpe y derrocó a un líder elegido democráticamente, al Dr. Mosadeq. El libro lo escribió una mujer iraní, Shahrnush Parsipur. Es una novela de realismo mágico que está prohibida. Ella estuvo 5 años en prisión. Mi obsesión con este libro y la razón por la que hice esta película es porque trata a la vez el problema de ser mujer; tradicional e históricamente, en Irán; y la cuestión de cuatro mujeres que buscan ideales de cambio, libertad y democracia; mientras que el país de Irán, igualmente, como otro personaje, también lucha por un ideal de libertad, de democracia y de independencia de intervenciones extranjeras.

Hice esta película porque creía que era importante hablarle a los occidentales sobre nuestra historia como Estado. Porque todos ustedes parecen tener una idea de Irán posterior a la Revolución Islámica. Pero Irán era antes una sociedad secular, teníamos una democracia y esa democracia nos fue robada por el gobierno de los Estados Unidos y por el Gobierno británico. La película también habla de la gente iraní, al pedirles que regresen a su historia y que se vean cómo eran antes de ser islamizados; cómo nos veíamos, cómo tocábamos música, cómo era nuestra vida intelectual; y principalmente, cómo luchábamos por la democracia. Estos son unas tomas directamente de la película. Y estas, algunas imágenes del golpe. Se filmó en Casablanca, reproduciendo todas las escenas.

La película trata de encontrar equilibrio entre el relato político y el feminista. Como artista visual, en realidad, estoy principalmente interesada en hacer arte, en hacer que el arte trascienda la política, la religión, el feminismo, que se vuelva importante más allá del tiempo y que se haga universal. El desafío que tengo es cómo hacer eso; cómo contar un relato histórico por medio de una alegoría; cómo emocionar al público con sus propios sentimientos, y a la vez poner a trabajar sus mentes. Estas son algunas de las imágenes y los personajes de la película. Ahora viene el movimiento verde; en el verano de 2009, cuando se estrenó la película, comenzaron los levantamientos en las calles de Teherán.

Lo increíblemente irónico es que en el momento en que tratábamos de mostrar la película, el grito por la democracia y la justicia social se estaba repitiendo de nuevo en Teherán. El movimiento verde inspiraba al mundo considerablemente. Atrajo mucha atención hacia todos esos iraníes que creen en los derechos humanos básicos y luchan por la democracia. Lo más interesante para mí fue, una vez más, la presencia de las mujeres. Ellas me inspiran enormemente. Si en la Revolución Islámica, las imágenes mostraban a las mujeres como sometidas, sin voz propia, ahora vemos una nueva forma de feminismo en las calles de Teherán: mujeres con educación, progresistas, no tradicionales, abiertas sexualmente, audaces y seriamente feministas. Estas mujeres y estos hombres han logrado unir a los iraníes en todo el mundo, en el país y fuera.

Descubrí entonces por qué me iluminan tanto las mujeres iraníes. Es porque bajo toda circunstancia, ellas han ampliado sus fronteras. Han confrontado a la autoridad. Han quebrado todas las reglas en lo más pequeño y en lo más grande. Y, nuevamente, se han probado a ellas mismas. Y aquí estoy yo para decir que las mujeres iraníes han encontrado una nueva vocera, y que su voz me sirve para encontrar la mía. Es un gran honor ser una mujer iraní, una artista iraní, aunque por ahora tenga que trabajar solo en Occidente.

Muchas gracias.

(Aplausos)