Eric Berridge
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Todos han estado en un bar, ¿verdad?

(Risas)

Pero, ¿han ido alguna vez a un bar y salido con un negocio de USD 200 millones? Esto es lo que nos pasó hace unos 10 años. Habíamos tenido un día terrible. Teníamos un cliente muy importante que nos estaba matando. Somos una empresa consultora de software, y no podíamos encontrar unos requisitos de programación para ayudar a este cliente a implementar un sistema de nube de vanguardia. Teníamos un grupo de ingenieros, pero ninguno de ellos podía satisfacer a este cliente. Y estábamos a punto de ser despedidos.

Entonces, vamos al bar, y estamos con Jeff, nuestro amigo barman, y él hace lo que los buenos bármanes hacen: se compadece de nosotros, nos hace sentir mejor, entiende nuestro dolor, nos dice: "Estos tipos están exagerando. No se preocupen". Y, al final, nos dice un poco en broma: "¿Por qué no me envían a mí? Yo lo puedo resolver". A la mañana siguiente estamos en nuestra reunión de equipo, y estamos todos un poquito aturdidos...

(Risas)

y yo, medio en broma digo: "Oigan, estamos a punto de ser despedidos". Y entonces digo: "¿Por qué no enviamos a Jeff, el barman?".

(Risas)

Y se hace un silencio, hay algunas miradas extrañadas. Finalmente, mi jefe de personal dice: "Es una muy buena idea".

(Risas)

"Jeff es terriblemente inteligente. Es brillante. Él lo va a resolver. Traigámoslo aquí".

Ahora bien, Jeff no era programador. De hecho, había abandonado su carrera de filosofía en Penn. Pero era brillante, y podía profundizar en los temas, y nos estaban por despedir. Así que lo enviamos. Después de unos días de suspenso, Jeff todavía estaba allí. No lo habían enviado de vuelta a casa. Yo no lo podía creer. ¿Qué era lo que estaba haciendo?

Esto es lo que supe. Había desarmado completamente su obsesión en los requisitos de programación Y había cambiado la conversación, incluso lo que estábamos construyendo. La conversación era ahora sobre lo que íbamos a construir y por qué. Y sí, Jeff resolvió cómo programar la solución, y el cliente se convirtió en una de nuestras mejores referencias.

En aquel momento, éramos 200 personas, y media compañía estaba formada por especialistas en computación o ingenieros; pero nuestra experiencia con Jeff nos hizo preguntarnos: ¿Podríamos repetir esto en toda nuestra empresa? Por lo que cambiamos el modo de contratación y entrenamiento. Y aunque todavía buscábamos especialistas en computación e ingenieros, también contratamos artistas, músicos, escritores... y la historia de Jeff empezó a multiplicarse en toda nuestra compañía. Nuestro director tecnológico es un especialista en inglés, y él era un ciclista mensajero en Manhattan. Y, hoy en día, somos 1000 personas, y todavía menos de 100 tienen títulos en computación o ingeniería. Y sí, todavía somos una empresa consultora en computación. Estamos primeros en nuestro mercado. Trabajamos con el paquete de software que alcanzó más rápidamente los USD 10 000 millones en ventas anuales. Entonces, funciona.

Mientras tanto, la presión por la educación en CTIM en este país esto es, ciencia, tecnología, ingeniería y matemática, es intensa. Está en todas las esferas. Y este es un error colosal. Desde el 2009, los especialistas en CTIM en EE.UU. han aumentado en un 43 %, mientras que las humanidades han permanecido sin cambios. Nuestro presidente anterior dedicó más de USD 1000 millones para la educación de CTIM a expensas de otras asignaturas, y nuestro actual presidente redirigió recientemente USD 200 millones del Departamento de Financiación Educativa para la informática. Y los directores generales continuamente se quejan de la falta de ingenieros. Estas campañas, junto con el éxito innegable de la economía tecnológica. Enfrentémoslo, 7 de las 10 compañías más valiosas del mundo según la capitalización bursátil son empresas de tecnología— estas cosas crean la suposición de que nuestra futura fuerza laboral estará dominada por las CTIM.

Lo entiendo. En el papel tiene sentido. Es tentador. Pero es totalmente exagerado. Es como si todo el equipo de fútbol persiguiera la pelota hasta la esquina porque allí es donde está la pelota. No debemos sobrevalorar las CTIM. No debemos valorar las ciencias más de lo que valoramos las humanidades. Y hay un par de razones.

Número uno, las tecnologías actuales son increíblemente intuitivas. La razón por la que pudimos contratar gente de todas las disciplinas y dar un giro hacia las habilidades especializadas es porque los sistemas modernos pueden ser manipulados sin escribir código. Son como el LEGO: fácil de unir, de aprender e, incluso, de programar, dada la gran cantidad de información que está disponible para aprender. Sí, nuestra fuerza laboral necesita habilidades especiales, pero éstas requieren una educación mucho menos rigurosa y formalizada que en el pasado.

Número dos, las habilidades que son imperativas y diferenciadas en un mundo con tecnología intuitiva son las destrezas que nos ayudan a trabajar juntos como humanos, donde el trabajo duro visualiza el producto final y su utilidad, lo que requiere experiencia del mundo real, juicio y contexto histórico. Lo que la historia de Jeff nos enseñó es que el cliente estaba concentrado en algo equivocado. Es la historia clásica: el técnico que lucha por comunicarse con la compañía y el usuario final, y la compañía que no logra expresar sus necesidades. Lo veo todos los días. Estamos arañando la superficie de nuestra capacidad como humanos de comunicarnos e inventar juntos, y mientras que las ciencias nos enseñan cómo construir cosas, son las humanidades las que nos enseñan qué construir y por qué construirlo. Y ellas son igual de importantes, e igual de difíciles.

Me irrita... cuando la gente trata las humanidades como una carrera inferior como más fáciles. ¡Vamos! Las humanidades nos dan el contexto de nuestro mundo. Nos enseñan cómo pensar críticamente. Son intencionalmente desestructuradas mientras que las ciencias son intencionalmente estructuradas. Ellas nos enseñan a persuadir, nos dan nuestro lenguaje, que... es lo que usamos para convertir nuestras emociones en pensamiento y acción. Y deben estar en igualdad de condiciones con las ciencias. Y sí, uno puede contratar un grupo de artistas y construir una compañía tecnológica y tener un resultado increíble.

Ahora bien, hoy no estoy aquí para decirles que las CTIM es mala. No estoy aquí para decirles que las chicas no deben escribir código.

(Risas)

Por favor. Y el próximo puente sobre el que conduzca o el próximo ascensor al que subamos... mejor que haya un ingeniero detrás de ellos.

(Risas)

Pero caer en esta paranoia de que nuestros trabajos futuros estarán dominados por las CTIM, eso es un disparate. Si tienen amigos, o hijos, o parientes, o nietos, o sobrinas, o sobrinos... anímenlos a que sean lo que quieran ser.

(Aplausos)

Los trabajos estarán allí. Esos directores generales que están clamando graduados en CTIM, ¿saben para quién están contratando? Google, Apple, Facebook. El 65 % de sus oportunidades laborales no son técnicas: publicistas, diseñadores, administradores de proyectos, directores de programas, jefes de producto, abogados, especialistas en recursos humanos, entrenadores, tutores, vendedores, compradores, etc. Estos son los trabajos que están contratando. Y si hay algo que nuestra futura fuerza laboral necesita —y pienso que todos podemos estar de acuerdo en esto— es la diversidad. Pero esa diversidad no debe terminar solo en el género o la raza. Necesitamos diferencias en educación y habilidades, introvertidos y extrovertidos, líderes y seguidores. Esta es nuestra futura fuerza laboral. Y el hecho de que la tecnología se esté volviendo más fácil y accesible libera esa fuerza laboral para que estudien cualquier cosa que ellos quieran.

Gracias.

(Aplausos)