Alanna Shaikh
3,118,345 views • 16:19

Quiero comenzar hablando un poco sobre mis credenciales para poder hablarles de esto, pues, honestamente, de otra manera no deberían escuchar a una viejita con una opinión formada sobre el COVID-19.

(Risas)

Hace unos 20 años que trabajo en salud mundial, y mi especialidad técnica específica se encuadra en los sistemas de salud y en lo que ocurre cuando los sistemas de salud experimentan un duro impacto. También trabajé en periodismo sobre salud mundial, escribí sobre salud mundial y bioseguridad para periódicos y páginas de Internet. Además publiqué un libro hace unos años sobre las grandes amenazas para la salud mundial a las que nos enfrentamos como planeta. He apoyado y dirigido esfuerzos de epidemiología. Desde la evaluación de centros de tratamiento del Ébola hasta la observación del contagio de la tuberculosis en centros médicos y la preparación para afrontar la gripe aviar. Tengo un máster en Salud internacional. No soy médica. No soy enfermera. No me especializo en atención médica o en cuidar a personas. Mi especialidad es observar poblaciones y sistemas de salud, lo que sucede cuando las enfermedades se propagan a gran escala. Si clasificamos las fuentes de información en salud global en una escala del 1 al 10, el 1 sería una persona cualquiera despotricando en Facebook y el 10 es la Organización Mundial de la Salud. Diría que, probablemente, yo estaría en el 7 u 8.

Tengan eso presente mientras les hablo. Empecemos con lo básico, pues creo que eso se ha perdido con todo el ruido mediático que rodea al COVID-19. El COVID-19 es un coronavirus. Los coronavirus son un subgrupo específico de virus y, como tal, tienen características únicas. Usan ARN en vez de ADN como material genético y están cubiertos de púas en la superficie del virus. Usan esas púas para invadir células. Esas púas son la "corona" en el coronavirus. COVID-19 es conocido como el nuevo coronavirus porque solo conocíamos seis coronavirus. COVID-19 es el séptimo.

Es nuevo para nosotros. Su secuencia genética y su nombre son recientes.

Por eso es nuevo. Si recuerdan el SARS, Síndrome respiratorio agudo grave, o el MERS, Síndrome respiratorio de Oriente Medio, también eran coronavirus. Y a ambos se les llama síndromes respiratorios porque es lo que hacen, atacan los pulmones. Uno no vomita, ni sangra por los ojos, ni tiene hemorragias.

Van directo a los pulmones. El COVID-19 es igual. Causa varios síntomas respiratorios que van desde tos seca y fiebre hasta una neumonía viral letal. Y esa gama de síntomas es una de las razones de que sea difícil rastrear este brote. Mucha gente contrae el COVID-19, pero de forma muy suave, sus síntomas son tan leves que no van al médico.

No se registran en el sistema. Los niños, sobre todo, lo tienen fácil con el COVID-19, y deberíamos estar agradecidos por eso. Los coronavirus son zoonóticos, y eso significa que se transmiten de animales a personas. Algunos coronavirus, como el COVID-19, también pasan de persona a persona. Aquellos de persona a persona viajan más rápido y más lejos, como el COVID-19. Es muy difícil deshacerse de las enfermedades zoonóticas, pues tienen una reserva animal. Un ejemplo es la gripe aviar. Podemos eliminarla en animales de granja, pavos, patos…

pero vuelve cada año porque la traen las aves salvajes. No se escucha mucho al respecto porque la gripe aviar no se transmite de persona a persona, pero tenemos brotes en granja avícolas cada año en todo el mundo. El COVID-19 con gran probabilidad pasó de animales a personas en un mercado de animales salvajes en Wuhan, China. Vayamos a las cuestiones menos básicas. No es el último brote que veremos. Habrá más brotes y habrá más epidemias. No es un quizás. Esto es una certeza. Y es el resultado de cómo nosotros, como seres humanos, interactuamos con nuestro planeta. Las elecciones humanas nos llevan a una posición en la que veremos más brotes. Parte de ello es el cambio climático y la forma como esto hace que el mundo sea más acogedor para virus y bacterias. Pero también por la forma como presionamos hasta el máximo los últimos reductos salvajes de nuestro planeta. Cuando quemamos y aramos la selva tropical del Amazonas para tener tierra barata para la ganadería; cuando convertimos en granjas lo que queda de la sabana africana; cuando cazamos animales salvajes en China hasta extinguirlos. Los seres humanos tuvieron contacto con poblaciones salvajes con las que nunca antes habían tenido contacto,

y esas poblaciones tienen nuevas enfermedades: bacterias, virus. Algo para lo que no estamos preparados. Los murciélagos, en particular, tienen una habilidad para portar enfermedades que pueden infectar personas, pero no son los únicos animales que lo hacen. Si seguimos haciendo que estos lugares sean menos remotos, los brotes seguirán apareciendo. No podemos detener los brotes con cuarentena o restricciones de viaje. Ese es la primera reacción de todos: "Confinemos a la gente, que no se mueva. Detengamos este brote". Pero es muy difícil lograr una buena cuarentena. Es muy difícil establecer restricciones de viaje. Incluso los países con grandes inversiones en salud pública, como EE. UU. y Corea del Sur, no pueden imponer esa restricción con la rapidez necesaria

para detener un brote de forma instantánea. Hay razones logísticas y médicas para eso. Al observar el COVID-19 ahora parece tener un periodo de infección sin mostrar síntomas en un periodo de 24 días. Así que la gente que anda por ahí con el virus sin mostrar síntomas, no serán puestos en cuarentena. Nadie sabe que necesitan cuarentena. Además, la cuarentena y las restricciones de viaje tienen un costo real. Los humanos son animales sociales y se resisten cuando se intenta mantenerlos en un lugar y cuando se intenta separarlos. En el brote de Ébola vimos que, apenas se aplica una cuarentena, la gente intenta evadirla. Si los pacientes saben que hay un protocolo estricto de cuarentena, quizás no soliciten atención médica, pues temen el sistema médico o no pueden costearlo, y no quieren que les separen de sus familiares y amigos. Los políticos, las autoridades públicas, cuando saben que es necesaria una cuarentena,

si hablan sobre los brotes y los casos, quizás oculten información por miedo a desatar un protocolo de cuarentena. Y, por supuesto, estas evasiones y esta deshonestidad son justamente lo que dificulta tanto la tarea de rastrear el brote de una enfermedad. Se pueden mejorar las cuarentenas y restricciones de viaje, y se debe hacer, pero no son nuestra única y mejor opción para lidiar con estas situaciones. La verdadera forma a la larga para que los brotes sean menos graves es construir un sistema sanitario mundial para apoyar las principales funciones de salud en todos los países, de modo que todos los países, incluso los pobres, puedan identificar y tratar rápidamente nuevas enfermedades infecciosas, cuando aparezcan. China recibió muchas críticas por su respuesta al COVID-19. Pero, ¿y si el COVID-19 hubiera surgido en Chad,

que tiene tres médicos y medio por cada 100 mil personas? ¿Y si hubiera surgido en la República Democrática del Congo, que recién ha dado de alta al último paciente en tratamiento por Ébola? Lo cierto es que los países como estos no tienen los recursos para responder a una enfermedad infecciosa, ni para tratar a las personas ni para informar de manera rápida para ayudar al resto del mundo. Lideré una evaluación en los centros de tratamiento del Ébola en Sierra Leona, y de hecho, los médicos locales en Sierra Leona identificaron muy rápido la crisis del Ébola. Primero como un peligroso virus contagioso y hemorrágico y luego como el Ébola mismo.

Pero, tras identificarlo, no tenían los recursos para responder. No tenían suficientes médicos, ni suficientes camas en hospitales y no tenían suficiente información sobre cómo tratar el Ébola o cómo implementar un control de infección. Once médicos murieron de Ébola en Sierra Leona. El país solo tenía solo 120 cuando empezó la crisis. En contraste, Dallas Baylor Medical Center tiene más de mil médicos en plantilla. Estas son las desigualdades que matan personas. Primero, matan a los pobres cuando comienza el brote

y, luego, matan a personas de todo el mundo cuando los brotes se propagan. Si realmente quieren ralentizar estos brotes y minimizar su impacto, debemos asegurarnos de que todos los países del mundo tengan la capacidad de identificar nuevas enfermedades, tratarlas e informar sobre ellas para poder compartir información. El COVID-19 será una enorme carga sobre los sistemas de salud. El COVID-19 también ha revelado algunas debilidades reales en nuestras cadenas de suministros mundial de productos sanitarios.

Pedidos justo a tiempo, los sistemas Lean son geniales cuando todo va bien, pero, en tiempos de crisis, significa que no tenemos reservas. Si un hospital o un país se queda sin máscaras de oxígeno o equipo de protección personal, no hay un depósito lleno de cajas al que podamos ir a buscar más. Hay que hacer un pedido al proveedor, hay esperar a que las produzca y esperar a que las envíe, por lo general, desde China. Es un retraso en un momento en que es fundamental actuar rápido. Si hubiéramos estado perfectamente preparados para el COVID-19, China habría identificado antes el brote. Habrían estado preparados para cuidar a las personas infectadas sin tener que construir nuevos edificios. Habrían compartido información honesta con los ciudadanos para no estar viendo estos insólitos rumores difundiéndose en las redes sociales en China. Y habrían compartido la información con las autoridades de salud mundial para que empezaran a informar a los sistemas de salud nacional y a prepararse contra la propagación del virus.

Los sistemas de salud nacional habrían podido aprovisionarse con los equipos de protección necesarios y entrenar a los profesionales de la salud en el tratamiento y el control de infecciones. Tendríamos protocolos con base científica sobre qué hacer cuando sucedan cosas, como los cruceros con pacientes infectados. Y tendríamos información real circulando a todas las personas, así no veríamos vergonzosos incidentes de xenofobia, como personas de aspecto asiático atacadas en las calles de Philadelphia.

Pero, incluso con todo eso, aún tendríamos brotes. Nuestras decisiones sobre cómo ocupamos este planeta hacen que sea inevitable. Si existe consenso experto sobre el COVID-19, es este: aquí en EE. UU., y en el mundo, todo va a empeorar antes de que mejore.

Estamos viendo casos de transmisión humana que no provienen de viajeros, que ocurren en la comunidad. Y vemos personas infectadas con COVID-19 sin saber ni siquiera de dónde surgió la infección. Esas son señales de un brote que está empeorando, no de un brote que está controlado. Es deprimente, pero no es sorprendente. Cuando expertos de la salud mundial hablan de escenarios de nuevos virus,

este es uno de los escenarios que ven. Todos esperábamos que fuera fácil, pero cuando los expertos hablan de la planificación viral

esta es la clase de situación y cómo esperan que el virus avance.

Quiero cerrar con un consejo personal. Lávense las manos.

Lávense mucho las manos. Sé que ya se lavan mucho las manos porque no son unos asquerosos, pero lávense las manos aún más. Tengan rutinas para lavarse las manos. Lávenselas cada vez que entran y salen de un edificio.

Al ir a una reunión y al salir de ella.

Creen hábitos basados en lavarse las manos. Desinfecten sus teléfonos. Están tocando todo el tiempo la pantalla con las manos sucias. Sé que se lo llevan al baño. (Risas) Desinfecten su teléfono y piensen en no usarlo tanto en público. Quizá TikTok e Instagram puedan usarse solo en casa. No se toquen la cara. No se froten los ojos. No se coman las uñas. No se limpien la nariz con el revés de la mano.

No lo hagan nunca, es un asco.

(Risas) No usen máscaras faciales.

Las máscaras faciales son para enfermos y profesionales de la salud. Si están enfermos, la máscara retiene su propia tos y estornudos y protege a las personas que los rodean. Y, si son profesionales de la salud, su máscara facial es una herramienta entre muchas herramientas del equipo de protección personal que les enseñan a usar para poder brindar atención médica sin enfermarse. Si Ud. es una persona saludable que usa máscara, simplemente con eso Ud. tendrá la cara toda sudada.

(Risas) Dejen las máscaras faciales en los comercios para médicos, enfermeras y personas enfermas. Si creen tener síntomas del COVID-19, quédense en casa y llamen a su médico para que les aconseje. Si les diagnosticaron COVID-19, recuerden que suele ser muy leve. Y, si Ud. es fumador, ahora es el mejor momento para dejar de fumar.

A ver, si Ud. es fumador, ahora mismo es siempre el mejor momento para dejar de fumar, pero si Ud. es fumador y le preocupa el COVID-19, le aseguro que dejar de fumar es sin duda lo mejor que puede hacer para protegerse ante el peor impacto del COVID-19 El COVID-19 es algo aterrador, en un momento en que casi todas nuestras noticias parecen aterradoras. Y hay muchas malas pero tentadoras opciones para lidiar con ello: el pánico, la xenofobia, la agorafobia, el autoritarismo, las mentiras simplificadas que hacen creer que el odio, la furia y la soledad son la solución para los brotes.

Pero no lo son. Solo nos hacen estar menos preparados. También hay opciones más aburridas pero útiles

que podemos usar en respuesta a los brotes. Cosas como mejorar la atención médica aquí y en todas partes, invertir en infraestructura sanitaria y observación de enfermedades, para saber cuándo aparecen nuevas, construir sistemas sanitarios en todo el mundo, fortalecer las cadenas de suministros para que estén listas para emergencias. Y mejorar la educación, para que podamos hablar sobre brotes de enfermedades y la matemática del riesgo sin pánico cegador. Debemos guiarnos por la equidad, porque en esta situación, como muchas, la equidad es en realidad en nuestro propio interés. Muchas gracias por escucharme hoy. Y puedo ser la primera en decirles: Lávense las manos al salir de la sala. (Aplausos)