Kathryn A. Whitehead
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¿Y si les dijera que la pandemia va a salvar la vida de millones de personas? Es algo difícil de pensar, considerando la cantidad de seres queridos que ya hemos perdido. Pero a lo largo del curso de la historia de la humanidad, las crisis masivas de salud pública han producido grandes avances en la atención médica y la tecnología. Por ejemplo, la peste negra dio lugar a la imprenta de Gutenberg y la pandemia de gripe de 1918 condujo a la tecnología moderna de vacunas. La pandemia de COVID-19 no es la excepción. Basta con mirar las vacunas que tenemos, normalmente tardan años en desarrollarse, y las vacunas de RNAm se implementaron en tan solo 11 meses.

¿Cómo es posible? Fue posible porque los científicos han estado trabajando durante años para poder llevarnos al punto en el que pudimos usar ARNm rápidamente en una situación de emergencia. Particularmente, hemos estado trabajando para ayudar al ARN a superar el problema más grande, que es que normalmente no se dirige a los lugares precisos dentro del cuerpo. Por suerte, pudimos resolver el problema justo a tiempo, y me gustaría contarles sobre la tecnología que usamos para hacerlo.

Cuando se administra ARNm se inyecta en los músculos o en el torrente sanguíneo, pero en verdad necesitamos que se dirija dentro de las células. Desafortunadamente, el ARNm es frágil y el cuerpo lo destruye al poco tiempo de haber ingresado. Podemos imaginar al ARNm como un jarrón de vidrio que queremos mandar por correo sin caja y sin envoltorio. Se rompería mucho antes de que sea entregado a destino. Y sin una dirección en la caja, el correo no tendría ni idea de dónde llevarlo. Es por eso, que si vamos a usar ARNm con fines terapéuticos, tenemos que ayudarlo. Necesita protección, y que le digan dónde tiene que ir. Ahí es donde entro yo.

Por más de cinco décadas, científicos e ingenieros como yo han estado creando los materiales de envío para fármacos con ácido nucleico, como el ADN y el ARN. A través del ensayo y error, hemos creado paquetes que entregan el jarrón intacto en la dirección equivocada; que lo entregan en la dirección correcta pero el jarrón llega roto; paquetes que terminan hecho pedazos porque son atacados por perros; y paquetes que lesionan la espalda del cartero. Llevó muchos años lograr dar con la ciencia correcta. Les muestro el resultado, estas pequeñas bolitas de grasa que llamamos nanopartículas lipídicas. Déjenme contarles qué son y cómo funcionan.

Antes que nada, "nano" significa muy, muy pequeño. Piensen en lo pequeña que es una persona comparada con el diámetro de la tierra. Así de pequeña es una nanopartícula comparada con una persona. Estas nanopartículas están hechas de moléculas de grasa llamadas lípidos. La grasa es un material de empaque genial, bueno, firme y elástico. Curiosamente, nuestras células también están recubiertas de grasa lo que las mantiene flexibles y protegidas. Hace unos años, a los científicos se les ocurrió crear nanopartículas lipídicas que actuaran como un caballo de Troya. Ya que los lípidos en las nanopartículas tienen un aspecto similar al de las membranas que recubren las células, las células dejan entrar las nanopartículas voluntariamente, y ahí es cuando el ARNm se libera dentro de la célula. Pero, ¿cuáles son exactamente los lípidos en estas nanopartículas? Hay cuatro ingredientes, además del ARNm y les voy a contar sobre cada uno.

En primer lugar, hay un lípido llamado fosfolípido. Este es el ingrediente principal de las membranas de las células, que son las paredes de grasa que separan el interior de la célula de todo lo que la rodea. La cabeza de los fosfolípidos busca el agua y la cola busca otros elementos grasos. Por eso cuando se pone un puñado de fosfolípidos en agua forman esta estructura hermosa llamada bicapa lipídica. En ella, las cabezas apuntan hacia el interior y el exterior de la célula, que es agua, y las partes que buscan un medio graso quedan juntas en el medio. En las nanopartículas lipídicas, los fosfolípidos cumplen una función similar, mantener organizados el resto de los ingredientes.

En segundo lugar, hay un lípido llamado colesterol. ¿Por qué querríamos usar colesterol, con la mala reputación que tiene, en la terapia con nanopartículas? Resulta que mientras el colesterol puede ser malo en el torrente sanguíneo, es algo muy bueno para las membranas celulares. Y eso es porque los fosfolípidos que acabo de nombrar, son completamente libres y tienen tendencia a dispersarse. El colesterol es una molécula rígida que puede hacerse encajar entre otros lípidos para rellenar los espacios vacíos y darle estabilidad a la estructura. Cumple una función similar en las nanopartículas lipídicas. Brinda soporte a la estructura así las nanopartículas no se dispersan en el trayecto desde la inyección hasta que llegan al interior de la célula.

En tercer lugar, hay un lípido llamado lípido ionizable. "Ionizable" significa que cuando estas partículas están en el torrente sanguíneo tienen una carga eléctrica neutra, que las mantiene protegidas. Cuando entran a las células adquieren una carga positiva, lo que las ayuda a liberar el ARNm. Los lípidos ionizables son especiales porque se deben hacer en el laboratorio, y científicos alrededor del mundo han testeado decenas de miles de estos materiales para dar con aquellos que sirven para entregar el ARNm de forma segura. Y, por estar hechos en laboratorios, tienden a ser propiedad de la empresa que los inventó. Por ejemplo, Moderna y BioNTech, la empresa que se asoció con Pfizer, descubrieron distintos tipos de lípidos ionizables, y es el único elemento importante en esa vacuna del COVID-19 que difiere de otras. Incluso así, esos lípidos ionizables no son tan diferentes, lo que nos deja tranquilos, porque cuando grupos independientes de científicos llegan a soluciones similares, es más fácil confiar en el resultado.

Por último, hay un ingrediente más. Este es un polímero llamado polietilenglicol. Lo llamemos PEG, que es mucho más fácil. El PEG es una molécula hidrofílica. Por ello, rodea a las nanopartículas y las mantiene unidas. Si los otros tres lípidos funcionan como la caja y el envoltorio del ARNm el PEG es la cinta de embalaje. Quizás escucharon en las noticias que una pequeña fracción de la gente tiene respuestas alérgicas a la vacuna. Algunas evidencias sugieren que el PEG podría contribuir a estas respuestas. Eso es porque la gente está constantemente expuesta al PEG en productos de cosmética y del hogar, y algunas personas ya han desarrollado anticuerpos contra el PEG. Pero, ¿por qué les sucede a algunas personas y no otras? Resulta que el sistema inmunitario de cada persona es diferente, y así como algunas personas son alérgicas al látex, otras son alérgicas al PEG. Sin embrago, es importante recordar que el PEG viene siendo usado de forma segura en fórmulas de fármacos aprobados por la FDA, y la alergia a las vacunas puede ser causada por otros factores. Hace falta investigar más para dar con la raíz de estos efectos secundarios.

Bien, retrocedamos un poco y miremos a la nanopartícula completa. Es hermosa, ¿no? Cuando estos ingredientes encastran bien juntos, el resultado es soñado. En el caso de las vacunas, una vez que estas nanopartículas se inyectan en el músculo, llevan el ARNm al interior de las células. Allí, el ARNm actúa como un manual de instrucciones que ordena a las células producir una proteína extraña, en este caso, la proteína S del coronavirus. Cuando las células inmunitarias reconocen la proteína S, se aprontan para protegernos de ella, y se enseñan a sí mismas a recordarla, para poder matarlas en caso de que regresen. En este mismo momento, las vacunas de ARNm ya están salvando vidas contra el coronavirus. Fueron nuestra primer y mejor herramienta para combatir esta pesadilla, y son nuestra mayor esperanza de poder responder con rapidez a las variantes porque podemos mantener el mismo paquete de nanopartículas lipídicas, y lo único que tenemos que hacer es cambiar el ARNm que transportan.

Pero lo mejor de todo es: en las terapias con ARNm, estas vacunas son solo el comienzo. el ARNm se puede usar para tratar o curar muchas enfermedades. Así, probablemente en el futuro tengamos tratamientos para enfermedades terribles como la fibrosis quística, la distrofia muscular, y la anemia falciforme. Estas enfermedades son causadas por la mutación de proteínas, y podemos usar ARNm para ordenar a las células que produzcan la versión correcta de estas proteínas. Tendremos tratamientos para el cáncer -de mamas, sangre, pulmones- el que sea. En este caso, usaremos ARNm para enseñarle a las células inmunitarias a encontrar y matar células cancerosas. Y ahí, si tenemos suerte, tendremos vacunas contra algunos de los patógenos más letales y temidos del planeta, como la malaria, el ébola y el VIH. Algunos de estos productos ya se encuentran en pruebas clínicas, y el éxito de la vacuna de la COVID-19 va a allanar el camino para las generaciones futuras de este tipo de terapias.

Así es cómo la pandemia va a salvar la vida de millones de personas. Catalizó el desarrollo más rápido de una vacuna en la historia, y despertó una forma de tecnología nicho, que no se había probado antes. Y en la desesperación por conseguirla, le dimos una oportunidad a esa tecnología. Ahora estamos recolectado datos sobre la eficacia y la seguridad a largo plazo de cientos de millones de personas. Y con estos datos, más el interés en la tecnología, los fondos para la tecnología, y la confianza en la tecnología vamos a seguir creciendo.

De cara al futuro, el empaque y el envío de ARNm a los órganos y los tejidos indicados seguirá siendo uno de los desafíos más importantes para implementar esta tecnología. Por eso mis colegas y yo vamos a estar ocupados por mucho tiempo. En última instancia, estoy aquí con un mensaje de esperanza. Estamos al borde de una revolución. El ARNm está por cambiar al mundo para siempre, y se lo debemos todo a estas pequeñas bolitas de grasa que transportan el milagro de la medicina exactamente a donde se necesita.

Gracias.

(Aplausos)