Catherine Bracy
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Voy a hablar de los hackers. Y la imagen que les viene a la cabeza

cuando escuchan esta palabra, probablemente no sea la de Benjamin Franklin, pero voy a explicarles por qué debería ser así. La imagen que les viene a la cabeza es más probable que sea la de un muchacho pálido sentado en un sótano haciendo travesuras, o la de un delincuente turbio que trata de robarte la identidad, o la de un granuja internacional con un plan político secreto. Y la cultura predominante no ha hecho más que alimentar esta idea de que los hackers son personas a las que deberíamos tenerles miedo. Pero como pasa casi siempre con la tecnología y con el mundo de la tecnología, los hackers tienen tanto poder para hacer el bien como para hacer el mal. Por cada hacker que trata de robarte la identidad hay otro que está construyendo una herramienta que te va a ayudar a encontrar a tus seres queridos tras una catástrofe o a medir la calidad del medio ambiente tras un derrame de petróleo. «Hackear» es en verdad cualquier innovación amateur en un sistema ya existente y es una actividad profundamente democrática. Es el pensamiento crítico. Es cuestionar los modos establecidos de hacer las cosas. Es la idea de que si ves un problema, trabajas para arreglarlo en vez de solo quejarte. Y en cierto modo, «hackear» fue lo que forjó los EE. UU. Betsy Ross era una hacker. El ferrocarril subterráneo fue un «hackeo», una creación brillante. Y desde los hermanos Wright a Steve Jobs, el «hackear» siempre ha formado la base de la democracia estadounidense. Si hay algo que quiero que les quede hoy, es que la próxima vez que piensen quién es un hacker en vez de pensar en este tipo, piensen en este, Benjamin Franklin, que fue uno de los hackers más grandes de todos los tiempos. Fue uno de los inventores más prolíficos de EE. UU., aunque es famoso por no haber patentar nada, porque pensaba que el saber humano debía estar disponible para todos. Nos dio los lentes bifocales y el pararrayos y, claro, ayudó a crear la democracia norteamericana. Y en «Code for America», nos proponemos encarnar ese espíritu de Ben Franklin. Era un experimentador y un estadista cuya concepción de ciudadanía se basaba siempre en la acción. Creía que los gobiernos podían ser construidos por la gente y llamamos a esa gente «hackers cívicos». Por eso no nos asombra que los valores que subyacen en una democracia saludable, como la colaboración, la atribución de poder, la participación, la iniciativa, sean los mismos valores que subyacen en Internet. Por eso no nos sorprende que muchos hackers estén interesados en el problema de gobernar. Pero antes de darles algunos ejemplos de lo que es el «hackeo cívico», quiero dejar en claro que no hace falta que seas programador para ser un «hacker cívico». Solo tienes que creer que puedes usar un set de herramientas del siglo XXI para actuar sobre los problemas del gobierno. Y nuestra comunidad de «hackers cívicos» de «Code for America» nos dice todo el tiempo que no entendían cuánto trabajo no técnico implicaban los proyectos de «hackeo cívico». Ténganlo en cuenta. Todos Uds. son potencialmente «hackers cívicos». ¿Y cómo es el «hackeo cívico»? El año pasado en Honolulu, nuestro equipo, que constaba de 3 personas a tiempo completo que estaban haciendo un año de trabajo comunitario, recibió un pedido de la ciudad para que rehicieran la página web. Es una tarea gigantesca de decenas de miles de páginas que era imposible de hacer en los pocos meses que tenían. Por eso, decidieron construir una página paralela que se adaptara mejor al modo en que la ciudadanía quería relacionarse con la información en la página web de la ciudad. Esperan respuestas a preguntas y querían poder hacer algo cuando terminaron, lo que parece muy difícil de hacer en una página como esta. Nuestro equipo diseñó «Honolulu Contesta», que es una interfaz de búsqueda súper sencilla en la que ingresas el término a buscar o una pregunta y obtienes respuestas en un lenguaje simple que llevan al usuario a la acción. La página fue bastante fácil de hacer, pero el equipo enfrentaba el desafío de ingresar los datos de todo el contenido. Incluso a los tres, les hubiera llevado muchísimo tiempo, sobre todo porque ninguno de ellos era de Honolulu. Y entonces hicieron algo realmente radical, sobre todo si lo comparamos con el modo en que suelen funcionar los gobiernos. Le pidieron a la gente que escriba el contenido. Seguro saben qué es una maratón de hackers. Hicieron un maratón de escritura, en la que un sábado en la tarde... [«¿Qué hago con los molestos jabalíes?»] (Risas) Parece que los jabalíes son un enorme problema en Honolulu. En una tarde de sábado pudieron ingresar casi todos los datos para las preguntas más frecuentes, pero más importante que eso fue que crearon un nuevo modo de participación de los ciudadanos en el gobierno. Y bien, hasta acá me parece que es una historia sensacional, pero se pone todavía más increíble. En el «Día Nacional del "hackeo cívico"», en junio pasado en Oakland, donde vivo, el equipo de «Code For America» de Oakland tomó como base el código de fuente abierta de «Honolulu Contesta» y lo transformó en «Oakland Contesta». De nuevo, hicimos un maratón de escritura en el que recogimos las preguntas más frecuentes, hicimos que los ciudadanos las contestaran y yo también participé. Escribí esta respuesta y algunas otras. Y todavía sigo tratando de expresar esa sensación de poder y responsabilidad que siento por el lugar en el que vivo basado simplemente en este pequeño acto de participación. Y al unir mi pequeño acto con los miles de otros actos de participación que posibilitamos con el «hackeo cívico», creemos que podemos imprimir nueva energía a la ciudadanía y recuperar la confianza en el gobierno. Se estarán preguntando qué piensan de esto los funcionarios municipales. Les encanta. Como casi todos sabrán, se les pide constantemente a las ciudades que hagan más con menos, y siempre están buscando soluciones innovadoras a problemas muy arraigados. Entonces, cuando se ofrece a la ciudadanía un modo de participar que va más allá de ir a una reunión en la municipalidad, las ciudades consiguen captar la capacidad de sus comunidades para resolver asuntos de gobierno. No quiero dejar la impresión de que el «hackeo cívico» solo ocurre en los EE. UU. Se está dando en todo el mundo y uno de mis ejemplos preferidos es de la ciudad de México donde a principios de año, la Cámara de Diputados de México hizo un contrato con una empresa de desarrollo de software para que diseñaran una aplicación que los legisladores usarían para seguir el progreso de los proyectos de ley. Era solo para el puñado de legisladoresde la Cámara. El contrato era por dos años y costaba USD 9300 millones. Mucha gente se puso furiosa por esto, sobre todos los programadores, que sabían que USD 9300 millones era una suma absolutamente exorbitante para una aplicación tan sencilla. Pero en lugar de salir a la calle, lanzaron un desafío. Pidieron a los programadores de México que diseñasen algo mejor y más barato, ofrecieron un premio de USD 9300 —10 000 veces más barato que el contrato del gobierno— y le dieron a los participantes 10 días. En esos 10 días, enviaron 173 aplicaciones, de las cuales cinco se presentaron en el Congreso y están aún en la tienda de aplicaciones. Gracias a esta acción se anuló el contrato y también se generó un movimiento en la ciudad de México que es uno de nuestros socios: «Código D.F.». Lo que pueden ver en estos tres lugares, Honolulu, Oakland y la ciudad de México, son los elementos que conforman el núcleo del «hackeo cícico». Son ciudadanos que vieron cosas que podrían funcionar mejor y decidieron arreglarlas. Y gracias a ese trabajo, están creando el ecosistema de participación del siglo XXI. Están creando toda una serie de nuevos modos de que los ciudadanos se involucran, aparte de votar, firmar un petitorio o manifestar. Realmente pueden hacer el gobierno. Y volviendo a nuestro amigo Ben Franklin, uno de sus logros menos conocidos, es que en 1736 fundó el primer cuartel de bomberos voluntarios de Filadefia, llamado brigada. Y lo hizo porque con unos amigos notaron que a la ciudad le estaba costando lidiar con todos los incendios que ocurrían. Y con verdadero espíritu de «hacker cívico» generaron una solución. Tenemos nuestras propias brigadas en «Code for America» que trabajan en los proyectos que les describí recién y queremos pedirles que sigan los pasos de Ben Franklin y se nos sumen. Tenemos 31 brigadas en EE. UU. Nos complace anunciar hoy que abriremos las brigadas a ciudades de todo el mundo por primera vez, empezando por ciudades de Polonia, Japón e Irlanda. Se pueden fijar si hay una brigada donde viven en brigade.codeforamerica.org y si no hay una, los vamos a ayudar. Creamos una conjunto de herramientas que está también en brigade.codeforamerica.org y vamos a apoyarlos durante todo el trayecto. Nuestra meta es crear una red mundial de «hackers cívicos» que hagan innovaciones sobre el sistema existente para generar las herramientas que resolverán problemas muy arraigados, que ayuden a los gobiernos locales, y que confieran poderes a los ciudadanos. Así que, por favor, vengan a «hackear» con nosotros. Gracias. (Aplausos)