Arleen Sugano
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En el tercer acto de "El lago de los cisnes", el cisne negro lleva a cabo una serie de vueltas interminables, subiendo y bajando en un pie en punta, girando y girando y girando incesantemente 32 veces. Es una de las secuencias más difíciles en ballet y durante estos 30 segundos o más, la bailarina es una peonza humana en continuo movimiento.

Esos giros espectaculares se llaman "fouettés" lo que en francés significa "azotes" y describen la increíble capacidad de la bailarina de girar sin cesar. Pero, ¿mientras el fouetté nos maravilla, podemos desentrañar su física?

La bailarina empieza el fouetté y empuja con el pie para generar torque. Pero la parte más difícil es mantener el giro. Con cada vuelta, la fricción entre la punta de la zapatilla y el suelo, y la de su cuerpo con el aire reduce su impulso. ¿Por lo tanto, cómo sigue girando?

Con cada giro, la bailarina para una fracción de segundo y mira al público. Su pie de apoyo se aplana, luego da medida vuelta, se eleva de nuevo en punta sobre sus zapatillas, dando un empujón para generar un poco de torque. Al mismo tiempo, tiene los brazos abiertos para ayudarse a mantener el equilibrio. Los giros son más eficaces si su centro de gravedad se mantiene constante, y una bailarina con experiencia podrá mantener su eje de giro vertical.

Los brazos extendidos y el torque de los pies le ayudan a aumentar su fouetté. Pero el secreto y la razón de que todo esto apenas se note es que la otra pierna nunca deje de moverse. Durante su pausa momentánea, el pie de la bailarina se endereza y se mueve hacia delante antes de que doble su rodilla. Al mantener el movimiento, la pierna almacena parte del impulso de giro. Cuando la pierna se acerca de nuevo al cuerpo, el impulso almacenado se transfiere de nuevo al cuerpo de la bailarina, propulsándola mientras se eleva de nuevo en punta. A medida que la bailarina extiende y flexiona la pierna con cada giro, el impulso viaja entre su pierna y su cuerpo manteniéndola en movimiento.

Una gran bailarina puede girar más de una vez con cada extensión de su pierna de una de estas dos maneras. En primer lugar, extiende la pierna hacia delante. Cuanto más extiende la pierna, mayor impulso almacena y cuanto más impulso, más fuerza se genera para que el cuerpo gire. Cuanta más energía, más vueltas puede dar antes de tener que reponer lo que perdió debido a la fricción.

La otra opción sería que la bailarina mantuviese los brazos o las piernas más cerca del cuerpo a la vez que vuelve a elevarse. ¿Por qué funciona? Al igual que todas los demás movimientos en el ballet, el fouetté se rige por un momento angular, que es igual a la velocidad angular de la bailarina multiplicada por su inercia. Y excepto por lo que se pierde por la fricción, el momento angular debe ser constante mientras que la bailarina está de punta. Esto se llama conservación del momento angular. La inercia de rotación puede considerarse como la resistencia de un cuerpo al movimiento de rotación. Aumenta cuando se distribuye más peso más lejos del eje de rotación, y disminuye cuando la masa se distribuye más cerca al eje de rotación. Por lo tanto, al mantener los brazos más cerca del cuerpo, su inercia de rotación se reduce. Para conservar el momento angular, su velocidad angular, la velocidad de su giro, debe aumentar, permitiendo que la misma cantidad de impulso la mantenga girando durante muchas vueltas. Quizás habrás visto patinadores sobre hielo que hacen lo mismo, girando cada vez más rápido recogiendo sus brazos y piernas.

En el ballet de Tchaikovsky, el cisne negro es una bruja y sus 32 fouettés cautivantes parecen algo casi sobrenatural. Pero no es la magia lo que los hace posibles. Es la física.