Yamila Miguel
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Hace muchos años la serie Star Trek empezaba cada capítulo con la frase “el espacio, la última frontera”. La nave protagonista, la Enterprise, tenía la misión de explorar extraños nuevos mundos hasta alcanzar lugares donde nadie ha llegado jamás. Si bien la serie original es un poco vieja, me encanta, porque en cada capítulo encuentran mundos nuevos. Y desafían lo que conocían hasta ese momento. Siempre me pareció increíble la posibilidad de esos descubrimientos. Y es que la pregunta “¿hay otros mundos fuera del sistema solar?”, es una pregunta que tenemos desde siempre. Es uno de los interrogantes más antiguos de la humanidad. Y es que la exploración de Star Trek era ciencia ficción. Pero hoy en día está dejando de serlo. Cuando me empezó a interesar la astronomía solo conocíamos a los planetas de nuestro sistema solar. Pero hoy vivimos en una época única. Porque por primera vez en la historia sabemos que existen otros planetas alrededor de estrellas que no son el sol. El primer planeta fuera de nuestro sistema solar se encontró hace un poco más de 20 años. Y fue el principio de una verdadera revolución en astronomía. Hoy ya podemos marcar en el mapa de nuestra galaxia más de 3000 planetas alrededor de otras estrellas. Planetas fuera de nuestro sistema solar o exoplanetas, como los llamamos. Y seguimos contando. Sabemos que la estrella que está más cerca del sistema solar a tan solo 4 años luz de distancia tiene un planeta a su alrededor. Y el planeta más lejano que conocemos está a 27 000 años luz de distancia. O sea que si le mandáramos un WhatsApp a un amigo imaginario que viva en ese planeta tendríamos que esperar 54 000 años para enterarnos que nos clavó el visto. (Risas) Y, sí, es cierto. Todavía no tenemos una nave Enterprise que los lleve hasta allá. Pero sí tenemos la tecnología que nos permite descubrirlos y explorarlos. Yo soy astrónoma y formo parte de esta nueva generación de exploradores del espacio. Estoy en el equipo científico de dos misiones espaciales. Estoy en la misión Juno de la NASA, que está ahora mismo alrededor de Júpiter cambiando nuestro conocimiento de ese planeta. Y también estoy en el equipo científico de la misión Ariel de la Agencia Espacial Europea, que es un telescopio espacial con el que esperamos dentro de 10 años poder estar observando las atmósferas de exoplanetas. Mi trabajo es como intentar armar un rompecabezas del que solo tenemos un par de piezas. Yo quiero saber cómo son estos planetas, cómo se formaron, cómo evolucionaron, y para eso estudio sus atmósferas y sus interiores. Tomo las pocas observaciones que tengamos disponibles y con esos pedacitos de información pienso cómo serían estos planetas desde un punto de vista físico y químico. Entonces hago modelos en la computadora para hacer simulaciones que me muestren cómo son estos planetas que estamos encontrando. Y la verdad es que tardamos un montón en encontrar a los primeros exoplanetas. Recién en los años ’90 los encontramos. Pero eso es porque encontrar exoplanetas es súper difícil. Las estrellas tienen una luz muchísimo más brillante que la de los planetas. Nos encandilan y no nos dejan ver qué tienen a su alrededor. Para que se den una idea, piensen en un faro a 10 km de distancia. Lo que queremos encontrar es a una luciérnaga justo al lado de ese faro. Encontrar exoplanetas es así de difícil. Pero los estamos encontrando. Los estamos estudiando. Y no es ciencia ficción, es realidad. Y así como pasaba en Star Trek, cada vez que encontraban un mundo nuevo, cada nuevo exoplaneta, amplía los límites de nuestro conocimiento. Hoy sabemos que hay planetas muy locos. Planetas que tranquilamente podrían haber salido de ciencia ficción. Hay tantos, que hasta los más extraños que se puedan imaginar posiblemente existan. Pudimos observar planetas recién nacidos, planetas bebés, o planetas muy jóvenes como esos que están viendo ahora. Cuando los planetas son jóvenes, todavía tienen calor que les quedó de la formación y por eso brillan más y es más fácil verlos directamente. En el otro extremo también encontramos planetas muy viejos. Planetas casi tan antiguos como el universo. Este que están viendo se llama Matusalén y creemos que tiene 12 500 millones de años. Eso es casi tres veces la edad de nuestro planeta. Por supuesto que ese planeta no brilla tanto como los planetas jóvenes, así que no tenemos una imagen real como la que les mostré antes pero sí les estoy mostrando una representación artística de cómo se vería ese exoplaneta. También encontramos exoplanetas alrededor de estrellas binarias, o múltiples. Es decir, un planeta que tiene dos o más soles. Encontramos planetas alrededor de estrellas muertas. Estrellas muy diferentes de nuestro sol. Lugares donde no pensamos que era posible que hubiera planetas. Y estos que vienen ahora son mis favoritos, porque yo estuve estudiando sus atmósferas. Son planetas rocosos como el nuestro, pero en realidad son muy diferentes de nuestro planeta porque estos están súper cerca de su estrella central. Tan cerca que tienen temperaturas de más de 2000 ºC en la superficie. Así que a esa temperatura la superficie es un océano de lava que se evapora y forma una atmósfera de rocas vaporizadas. Así que piensen que así como acá llueve agua, en esos planetas llueven rocas. Así de extremos son los planetas que estamos encontrando. Los exoplanetas nos desafían todo el tiempo. Ya los primeros que encontramos nos pusieron a prueba. Piensen en nuestro sistema solar en donde tenemos al sol que es una estrella bastante normal de mediana edad. Los planetas que están más cerca del sol son los planetas rocosos. Esos en los que nos podemos parar en la superficie. Y los que están mucho más lejos son los planetas gigantes. Es fácil y lógico: los planetas rocosos están más cerca de la estrella, y los gigantes, después. Durante siglos pensamos que esa era la estructura normal para un sistema planetario y construimos modelos para explicar y sostener esto. Y entonces aparecieron los primeros exoplanetas. En especial el primero que encontramos alrededor de una estrella parecida al sol. Ese planeta se llama Dimidium y es bastante parecido a Júpiter —nada raro ahí— pero se encuentra siete veces más cerca de su estrella central que Mercurio del Sol. La verdad es que no estábamos preparados para ese descubrimiento. Las mismas personas que hicieron el descubrimiento tuvieron que revisar todo varias veces antes de anunciarlo. Y eso no fue todo. También encontramos una nueva clase de planetas que no sabíamos que existían. Planetas que llamamos supertierras, o minineptunos, porque son mucho más grandes que nuestro planeta pero no tan grandes como para ser un planeta gigante. Es un intermedio que no tenemos en el sistema solar, y que no sabíamos que existía. Y estos planetas, además de ser una nueva clase, una nueva especie que no conocíamos, son la gran mayoría de los exoplanetas que estamos encontrando. La verdad es que aprendí un montón de cosas estos años que llevo estudiando los exoplanetas. Aprendí cómo enfrentarnos a lo desconocido. ¿Cómo hacés cuando la información que te llega te hace cuestionar tus propias creencias? Demedium y las supertierras hicieron eso. Nos obligaron a cambiar los paradigmas, a cambiar la forma de pensar que teníamos hasta ese momento. También aprendí que a veces, para aprender más acerca de nosotros mismos tenemos que mirar bien lejos. Estudiar a los exoplanetas nos ayuda a entender un poco más acerca de la formación de nuestro propio sistema solar. Nos ayuda a entender cuáles son las condiciones para el origen de la vida y a poner a nuestro planeta Tierra en contexto en el universo. Y también aprendí por qué estas investigaciones son importantes para todos nosotros. La inmensa tecnología que desarrollamos estos años para estudiar a estos exoplanetas nos llevó a los límites de lo que pensamos que éramos capaces de hacer. Y ese es el gran valor de los estudios en ciencias básicas. Nos ayudan a generar nueva tecnología que a largo plazo se aplica de maneras impensadas, ayudando a mejorar nuestra calidad de vida. Einstein no estaba pensando en el GPS cuando desarrolló la Teoría de la Relatividad hace cien años. Y sin embargo esa teoría es fundamental para tener mediciones precisas de las posiciones. O sea, para el mapa que todos tienen en el celular y que usamos todos los días. Y este es un ejemplo bien chiquito. La vida de todos nosotros está atravesada por la astronomía mucho más de lo que nos damos cuenta. Desde el Big Bang, la formación de nuestro planeta, la distancia perfecta entre la Tierra y el Sol para que haya agua líquida en la superficie y que todos nosotros podamos estar acá. Hasta cosas más cotidianas, como las estaciones del año, el día y la noche, la forma de medir el tiempo. Piensen en el meteorito que extinguió a los dinosaurios. Y aún más, todos nosotros estamos hechos de polvo de estrellas. El carbono de nuestro ADN se generó en el interior de una estrella. Y la astronomía también nos atraviesa en otros sentidos. Inspiró a generaciones de artistas y está presente en la mitología de todas las civilizaciones antiguas. Y somos nosotros, los astrónomos, los que estamos en búsqueda de la pregunta que puede cambiar el curso de nuestra historia. La nave Enterprise, esa de la que les hablé al principio, tenía otra misión además de explorar extraños nuevos mundos: también buscaba nuevas formas de vida en nuevas civilizaciones. Y es que ahora que ya sabemos que hay tantos exoplanetas allá afuera queremos saber: ¿Estamos solos en el universo? Encontrar signos de vida en alguno de estos exoplanetas sería increíble. Y quizá también un poquito aterrador. Pero también sería maravilloso, y definitivamente aterrador y solitario, pensar que somos los únicos en la inmensidad del universo. La próxima vez que miren a las estrellas, piensen en esa pregunta. Encontrar la respuesta es nuestro próximo paso. Muchas gracias. (Aplausos)