Tomás Saraceno
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Este es mi lugar favorito en la Tierra, el Salar de Uyuni en Bolivia. Y cuando queda cubierto de una fina capa de agua, las nubes se reflejan. Y hay días que uno siente como si se flotara entre las nubes. Pero hay días que el horizonte desaparece; ya no existe ni el arriba ni el abajo. Uno se siente inmerso en algo más grande.

Y fue allí que una noche en medio de un sueño me desperté y vi que también las estrellas se reflejaban sobre el agua. Y esto no era un sueño; era como si uno pudiera caminar sobre las estrellas. A cada paso que daba las estrellas reverberaban bajo mis pies. Era como sentirse flotando en el universo en medio de nubes de galaxias.

Pero lo que flota hoy en día no son solo nubes de galaxias, sino también nubes de plástico. Y estas son las huellas que estamos dejando en el planeta. Son las marcas de una época en la que el comportamiento de algunos hombres está dejando un impacto global sobre los ecosistemas terrestres. Y esta época se llama "el Antropoceno." Hay también otros tipos de nubes tóxicas, contaminantes, que flotan en el aire, como las que resultan de las emisiones de dióxido de carbono; las quema de combustibles fósiles el petróleo, el carbón y el gas; nubes que, cuando las vemos, contaminan nuestros sueños. No sé si ustedes, pero ... yo siempre soñé con flotar entre las nubes. Y hoy tal vez juntos podemos imaginarnos otros tipos de nubes, unas nubes con las que podamos vivir.

Ahora, si ustedes se preguntan de la imagen y debo aclarar: parece un collage, un fotomontaje, una cosa rara. No, esto es realidad. Pero hay veces que me pregunto: ¿Qué es la realidad? Como dice Alexander Kluge: "Los seres humanos no están interesados en la realidad; no pueden estarlo. Es parte de su esencia humana. Ellos tienen deseos. Y estos deseos son totalmente opuestos a cualquier forma de realidad; ellos prefieren engañarse antes de divorciarse de sus deseos." Pero, ¿cómo aprender entonces a flotar entre las nubes? Yo como un artista, entonces, pensé que podríamos empezar a construir un museo volador. Entonces se preguntan, ¿con bolsitas de plástico?

En el 2007, con una comunidad de gente alrededor del mundo, empezamos a recolectar bolsas de plástico usadas — no eran nuevas. Y ahí fue que las lavamos las cortamos, las pegamos y empezamos a dibujar sobre ellas, creando un lienzo gigante. Creamos una colección de dibujos, de historias personales y de amistades. Y cuando se unen, se doblan y se pliegan un espacio lleno de aire se forma. Y cuando el Sol sale del horizonte, el museo se eleva en el cielo. Por eso lo llamamos "Museo Aero Solar," y a partir de esta idea sencilla aprendimos a flotar en el aire de una forma radicalmente nueva, sin utilizar ningún tipo de combustible. Y la diferencia de temperatura entre el interior y el exterior es lo que nos hace elevar. Entonces, de esta forma no utilizamos ni combustibles fósiles ni helio ni hidrógeno; no utilizamos paneles solares, ni baterías, ni motores. Encontramos una manera sencilla y limpia y accesible a todo el mundo de poder elevarnos.

Me acuerdo cuando estaba en la NASA en el 2009 con 120 ingenieros. Ustedes también saben cuando se suben en los aviones: los paneles de controles son gigantes y la complejidad que estamos teniendo es muy, muy grande. Y cuando yo llegaba con las bolsitas de plástico, "Pero podemos llegar de otra forma ...," la gente todavía es difícil de poder entenderlo. Y viendo esta fuerza de esta idea, empezamos a imaginar a una nueva época: que dejase atrás la violencia del Antropoceno para entrar en una nueva época, a la que llamamos "el Aeroceno", una época de conciencia ecológica en la que aprendemos a flotar juntos convivir en el aire, llegar a un compromiso ético con la atmósfera y con el planeta Tierra. Para eso les traje esta mochila hoy. A ver.

Bueno, esto es un globo que nosotros también lo llamamos una escultura. Y si mañana está soleado, podemos salir a volar lo que ... sí en Vancouver el tiempo no está —

(Risas)

no está muy ... muy favorable.

Bueno, ¿qué más tiene? Tiene unos cuantos sensores que cuando se mueve hacen como unos dibujos en el aire. Y también tiene otros sensores y siempre pienso: primero hay que sentir y después lo podemos medir. Para sentir los sonidos de la atmósfera del clima, del aire caliente, para después poder medir el ozono el dióxido de carbono; sensores que estamos desarrollando junto con diferentes comunidades alrededor del mundo para reconectarnos con el clima, la temperatura y el medio ambiente, porque hay otros especies en el aire, porque en estas excursiones hacia la atmósfera no estamos solos; el aire está lleno de nubes de vida. Vivimos en el fondo de un océano de aire.

Y esta misma escultura — esta, no otra — que está en mis manos, voló 600 kilómetros, 12 horas desde Alemania hasta Polonia en un viaje libre de combustibles, pero no libre de traspasar fronteras; un viaje mucho más complicado del que nos podemos imaginar. El espacio aéreo está tan regulado y militarizado como el terrenal. Navegar con los vientos con el calor del Sol y la radiación de la Tierra es complejo y hermoso. Pero más complejo aún será pedir los permisos para cruzar los espacios aéreos de cada uno de los países que navegamos con los vientos.

Durante la Cumbre del Cambio Climático, COP21 en París, presentamos estas esculturas esféricas que podrían transportarnos alrededor del mundo. Pero, ¿cómo podemos movernos con el viento para llegar a nuestro destino? Junto con el MIT, hemos desarrollado un programa que predice cómo podemos navegar las autopistas de los vientos. Por ejemplo, si yo tuviera que volver desde Vancouver a Berlín, lo primero que tengo que hacer es elegir una altura. A diferentes alturas, hay diferentes direcciones y velocidades. La línea roja es mañana; la naranja, el pasado, y ahí va. Como vemos, el mejor día para regresar a Berlín y ahí estamos viajando solo con los vientos, es en seis días. Y llegamos a 170 kilómetros del centro de Berlín sin quemar una gota de combustible, solo transportados por las corrientes de los vientos.

Y es así que pensamos que estas trayectorias que dibujamos con el viento pueden transformarse en firmas para declarar un Día de la Independencia de los Combustibles Fósiles. Cada vez somos más los que estamos sintiendo el aire de una forma diferente. Y así como ustedes conocen el Día de la Tierra pensamos que podemos celebrar el Día del Aire: un pacto que hacemos con la Tierra, un compromiso ético con la atmósfera. Pero sigamos pensando y soñando.

Hemos aprendido que cuánto más grandes son las esculturas, más peso pueden elevar. Recuerden que se elevan solo con el aire caliente que se calienta con el Sol. Y de esta forma, podemos aprender a construir jardines en el aire. ¿Podremos algún día vivir en un jardín del tamaño de la Tierra? ¿Podremos vivir en un ecosistema flotando entre las nubes? Responder a estas preguntas no es solo un desafío tecnológico, es una manera de reexaminar la libertad de los movimientos entre los países y de superar las restricciones políticas, sociales, culturales y militares de las sociedades contemporáneas, porque, en el último lugar, el aire es de todos, y no depende de ninguna soberanía.

(Aplausos)

Y como dijimos antes, es la imaginación, la fuerza que nos puede llevar a crear estos lugares.

Esta es una instalación que realicé en el Museo Metropolitan de Nueva York, en la cual especulamos cómo podrían ser estos espacios transnacionales. Y una vez que habitamos estos lugares, debemos aprender a movernos en ellos; a caminar entre las nubes, en donde cada movimiento afecta la forma de moverse de los demás; el peso del cuerpo y la cercanía entre las personas provoca que el espacio se expanda o se contraiga. Y ahí estamos, suspendidos a 22 metros de altura. Y cuando dos o más personas se acercaban demasiado, hasta las personas más lejanas terminaban afectadas, cayendo todos en el mismo lugar. Estos son ecosistemas frágiles. Y es entremedio de estas esferas donde construimos redes que nos conectan. Hay momentos en que nos enfrentamos al vacío y el miedo nos puede paralizar. Una de las cosas más lindas de esta instalación es la solidaridad que se genera cuando nos enfrentamos estas nuevas "aero-grafías".

Para terminar, déjenme contarles una última historia. El 16 de julio de 1945, en las Dunas Blancas de Nuevo México se realizó la primera detonación de una bomba atómica. El producto de esta explosión, una nube de partículas radioactivas, se diseminó por toda la Tierra, marcando el comienzo del Antropoceno. Setenta años después, el 8 de noviembre de 2015, en el mismo lugar, ocurrió otro hecho. Por la primera vez en la historia, pudimos elevar una persona en el aire solo con la acción del Sol, sin la quema de ningún combustible fósil. A medida que el Sol se elevaba del horizonte, nosotros también nos elevábamos de forma silenciosa, lenta, sin explosiones. Sentimos como si la gravedad estuviera invertida; ya no nos lleva hacia el centro de la Tierra, sino hacia el universo. Y si Neil Armstrong, cuando pisó la luna, dijo: "Un pequeño paso para el hombre, un gran salto para la humanidad," tal vez lo que tenemos que preguntarnos: ¿cuáles son los pasos que tenemos que dar hoy en día?

En la época del Aeroceno, nuestros pasos son mucho más pequeños, pero radicalmente distintos; pasos que empezaron con una bolsa llena de aire y de deseos, pero que nos pueden llevar hacia la independencia de los combustibles fósiles para poder celebrar el Día del Aire; pasos que no dejan huellas en otros planetas hasta que no hayamos aprendido a caminar la atmósfera de este. Son unos paisajes mínimos y unos pasos mínimos, pero espero que los podamos caminar estos juntos. Y estoy seguro que estos pasos nos van a llevar mucho más allá que la Luna, y así podemos aprender a flotar con los pies sobre la Tierra.

Gracias.

(Aplausos)