Tania Douglas
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Este es un cementerio de aparatos. Un sitio típico donde acaban los aparatos médicos de los hospitales en África. ¿Por qué pasa esto? La mayoría de los aparatos médicos que se usan en África son importados y, con bastante frecuencia, no son adecuados para las condiciones locales. Suelen necesitar personal entrenado que no está disponible para usarlos, mantenerlos y repararlos; es probable que no puedan soportar altas temperaturas y humedad; y normalmente requieren un suministro de energía constante y fiable.

Un ejemplo de aparato médico que puede haber acabado en un cementerio de aparatos es un ecógrafo para comprobar el latido de los bebés en el vientre. Este es un cuidado básico en los países ricos. En ambientes con pocos recursos, el cuidado básico consiste a menudo en una matrona escuchando el latido del bebé con una trompa. Este método ha existido por más de un siglo. Depende mucho de las habilidades y la experiencia de la matrona.

Dos jóvenes inventores de Uganda visitaron hace un par de años una clínica prenatal en un hospital, cuando eran estudiantes de informática. Se dieron cuenta de que a menudo la matrona no podía oír ningún latido cuando intentaba escuchar con la trompa. Así que inventaron su propio ecógrafo para los latidos fetales. Adaptaron la trompa y la conectaron a un celular. Una aplicación en el teléfono registra el latido, lo analiza y da a la matrona una gran cantidad de información sobre el estado del bebé. Estos inventores...

(Aplausos)

se llaman Aaron Tushabe y Joshua Okello.

Otro inventor, Tendekayi Katsiga, estaba trabajando para una ONG que fabricaba audífonos en Botsuana. Se dio cuenta de que estos audífonos funcionaban con unas pilas que debían cambiarse muy seguido a un costo prohibitivo para la mayoría de los usuarios que él conocía. Como solución, ya que era ingeniero, Tendekayi inventó un cargador de baterías de energía solar, con baterías recargables para usar en los audífonos. Cofundó una empresa llamada Deaftronics que ahora fabrica la Oreja Solar, un audífono que funciona con su invento.

Mi compañero Sudesh Sivarasu inventó un guante inteligente para la gente que ha tenido lepra. Aunque se hayan curado de la enfermedad, el consecuente daño nervioso deja a muchos de ellos sin sentido del tacto en sus manos. Esto los pone en riesgo de lesiones. El guante tiene sensores de temperatura y de presión que advierten al usuario. Funciona efectivamente como un sentido del tacto artificial y evita lesiones. Sudesh inventó este guante tras observar antiguos pacientes de lepra mientras realizaban sus actividades diarias, y se dio cuenta de los riesgos y los peligros de sus entornos.

Los inventores que he mencionado integraron la ingeniería con el cuidado de la salud. Esto es lo que hacen los ingenieros biomédicos. En la Universidad de Ciudad del Cabo, impartimos un curso llamado "Diseño e innovación sanitaria". Lo siguen muchos de nuestros estudiantes de posgrado de ingeniería biomédica. El objetivo del curso es iniciar a estos alumnos en la filosofía del mundo del diseño. Se anima a los estudiantes a involucrarse con las comunidades mientras buscan soluciones a problemas sanitarios.

Una de las comunidades con las que trabajamos es un grupo de ancianos en Ciudad del Cabo. Recientemente, un proyecto de clase abordó la pérdida de audición entre estos ancianos. Los estudiantes, muchos de ellos ingenieros, se pusieron en marcha pensando que diseñarían un audífono mejor. Pasaron tiempo con los ancianos, hablaron con sus proveedores sanitarios y también con sus cuidadores. Pronto comprendieron que, en realidad, ya existían audífonos adecuados. Pero muchos de los ancianos que los necesitaban y podían tenerlos, no los tenían. Y muchos de los que sí los tenían, no se los ponían. Los estudiantes se dieron cuenta de que muchos de estos ancianos no aceptaban la pérdida de audición. Hay un estigma asociado a los audífonos. También descubrieron que el entorno en el que vivían estos ancianos no se ajustaba a sus audífonos. Por ejemplo: sus casas y sus centros comunitarios estaban llenos de ecos que interferían con su audición. Así que, en vez de desarrollar y diseñar un audífono nuevo y mejor, los estudiantes hicieron un estudio del entorno con el objetivo de mejorar la acústica. También idearon una campaña para concienciar sobre la pérdida de audición y para eliminar el estigma asociado a los audífonos. Esto suele pasar cuando uno presta atención al usuario, en este caso los ancianos, y a sus necesidades y su contexto. A menudo debemos dejar de centrarnos en la tecnología y reformular el problema.

Esta estrategia de escuchar e involucrarse para llegar a entender un problema no es nueva, pero no suelen seguirla los ingenieros que están interesados en desarrollar tecnologías. Uno de nuestros estudiantes tiene experiencia en ingeniería de software. En varias oportunidades había creado varios productos que finalmente al cliente no le habían gustado. Cuando un cliente rechazaba un producto, en su empresa lo normal era afirmar que el cliente no sabía lo que quería. Cuanto terminó el curso, el estudiante nos comentó que ahora se daba cuenta de que era él quien no había entendido lo que quería el cliente. Otra estudiante nos comentó que había aprendido a diseñar con empatía en vez de diseñar para la funcionalidad, que es lo que su educación en ingeniería le había enseñado.

Todo esto ilustra que a menudo nos cegamos ante las necesidades reales en nuestra búsqueda de la tecnología. Pero necesitamos la tecnología. Necesitamos audífonos. Necesitamos ecógrafos.

Entonces, ¿cómo generamos más éxitos con aparatos médicos diseñados en África? ¿Cómo creamos más inventores en vez de depender solo de un par de individuos excepcionales capaces de percibir las necesidades reales y dar con soluciones que funcionen? Bueno, fijándonos en las necesidades, en la gente y en el contexto. Podrían decirme: "Pero eso es obvio; claro que el contexto es importante".

Pero África es un continente diverso, con amplias desigualdades en salud, riqueza, ingresos y educación. Si damos por sentado que nuestros ingenieros e inventores ya tienen suficiente conocimiento sobre los distintos contextos africanos como para resolver los problemas de nuestras distintas comunidades, incluso las más marginales, entonces puede que nos equivoquemos. Pero luego si nosotros, que estamos en África, no la conocemos necesariamente tan bien, entonces alguien con el nivel adecuado de habilidad y compromiso podría venir, pasar un tiempo escuchando y entendiendo, y luego irse, sabiendo lo suficiente como para inventar para África.

Pero entender el contexto no es una interacción superficial. Es un compromiso profundo y una inmersión en las realidades y las complejidades de nuestro contexto. Y nosotros en África ya estamos inmersos. Ya tenemos una base de conocimiento fuerte y rica para empezar a encontrar soluciones a nuestros problemas. Así que no dependamos tanto de otros cuando vivimos en un continente lleno de talento sin utilizar.

Gracias.

(Aplausos)