Susan Pinker
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Aquí hay un hecho intrigante. del mundo desarrollado. En todas partes las mujeres viven un promedio de 6 a 8 años más que los hombres. De 6 a 8 años más. Eso es una enorme brecha. En 2015 la revista "Lancet" publicó un artículo mostrando que los hombres en los países ricos tienen el doble de probabilidades de morir que las mujeres a cualquier edad. Pero hay un lugar en el mundo donde los hombres viven tanto como las mujeres. Es una zona remota, montañosa, una zona azul, donde la superlongevidad es común a ambos sexos. Esla zona azul en Cerdeña, una isla italiana en el Mediterráneo, entre Córcega y Túnez, donde hay seis veces más centenarios que en la parte continental italiana, a menos de 322 km de distancia. Hay 10 veces más centenarios que en América del Norte. Es el único lugar donde los hombres viven tanto como las mujeres. ¿Pero por qué? Me picaba la curiosidad. Decidí investigar la ciencia y los hábitos del lugar, y empecé con el perfil genético. Descubrí muy pronto que los genes representan solo el 25 % de su longevidad. El otro 75 % es estilo de vida. Entonces, ¿qué es necesario para vivir 100 o más? ¿Que hacen bien? Lo que ven es una vista aérea de Villagrande. Es un pueblo en el epicentro de la zona azul donde fui a investigar esto, y como pueden ver, la belleza arquitectónica no es su principal virtud, la densidad sí: casas bien espaciadas, callejones entrelazados. Significa que las vidas de los aldeanos se cruzan constantemente. Y mientras caminaba por el pueblo, podía sentir cientos de pares de ojos observándome tras las puertas y cortinas, desde detrás de las persianas. Porque como todos los pueblos antiguos, Villagrande no pudo haber sobrevivido sin esta estructura, sin sus paredes, sin su catedral, sin su plaza del pueblo, porque la defensa y la cohesión social definieron su diseño. Las prioridades urbanas cambiaron al avanzar hacia la revolución industrial porque las enfermedades infecciosas se convirtieron en el riesgo diario. Pero ¿qué pasa ahora? Ahora es el aislamiento social el riesgo para la salud pública de nuestro tiempo. Ahora, un tercio de la población dice tener dos o menos personas en las que apoyarse. Pero vayamos a Villagrande ahora como un contraste para conocer a algunos centenarios. Conozcan a Giuseppe Murinu. Él tiene 102 años, es un supercentenario y un residente de toda la vida de la aldea de Villagrande. Era un hombre gregario. Le encantaba contar historias sobre cómo vivió como un pájaro de lo que podía encontrar en el suelo del bosque durante no una sino dos guerras mundiales, cómo él y su esposa, que también vivió más de 100 años, criaron a seis hijos en una cocina pequeña y hogareña donde lo entrevisté. Aquí está con sus hijos Angelo y Domenico, ya en sus 70 y cuidan a su padre, y que eran francamente muy desconfiados conmigo y mi hija que vino conmigo en este viaje de investigación. Pues la otra cara de la cohesión social es la desconfianza ante extraños y forasteros. Pero Giuseppe, no era desconfiado en absoluto. Él era un cuento de la felicidad, muy extrovertido con una perspectiva positiva. Y me pregunté si es eso lo que se necesita para vivir 100 o más, pensar positivamente. En realidad no. (Risas) Conozcan a Giovanni Corrias. Tiene 101 años, la persona más gruñona que he conocido. (Risas) Y él plantó como falsedad la noción de que tienes que ser positivo para vivir una vida larga. Y hay evidencia para esto. Cuando le pregunté por qué era tan longevo, me miró con los párpados encapuchados y gruñó: "Nadie tiene que saber mis secretos". (Risas) Pero a pesar de ser un cascarrabias, la sobrina que vivía con él y cuidaba de él lo llamaba "Tesoro", "mi tesoro". Y ella lo respetaba y amaba, y cuando cuestioné esta obvia pérdida de su libertad, me dijo: "Simplemente no entiendes, ¿verdad? Cuidar de este hombre es un placer. Es un gran privilegio para mí. Esta es mi herencia". Y en efecto, dondequiera que fui a entrevistar a estos centenarios, encontré una fiesta en la cocina. Aquí está Giovanni con sus dos sobrinas, María por encima de él y a su lado su sobrina nieta Sara, que vino cuando yo estaba allí para traer fruta y verdura fresca. Y descubrí rápidamente estando allí que en la zona azul, conforme la gente se hace mayor, y durante toda su vida, siempre está rodeada de familiares, amigos, vecinos, el sacerdote, el dueño del bar, el tendero. La gente siempre está allí o pasando por ahí. Nunca se les dejan vivir vidas solitarias. Esto es diferente del resto del mundo desarrollado, donde como George Burns bromeó, "La felicidad es tener una gran familia cariñosa y cuidadora en otra ciudad". (Risas) Hasta ahora solo hemos visto a hombres, hombres de larga vida, pero también conocí a mujeres, y aquí ven a Zia Teresa. Ella, en sus 100, me enseñó cómo hacer la especialidad local, que se llama culurgiones, que son estas grandes empanadillas de pasta como ravioles de este tamaño, este tamaño, y están llenos de ricota y menta de alto contenido graso y están empapados en salsa de tomate. Y me mostró cómo hacer bien las ondas de cierre para que no se abrieran. Esto lo hace con sus hijas todos los domingos y lo reparte por docenas a vecinos y amigos. Y ahí es cuando descubrí que una dieta baja en grasas y sin gluten no es lo que se necesita para vivir 100 años en la zona azul. (Aplausos) Las historias de estos centenarios junto con la ciencia que los sostiene me incitó a plantearme algunas preguntas también, como, ¿cuándo voy a morir y cómo puedo tener ese día libre? Y como verán, la respuesta no es lo que esperamos. Julianne Holt-Lunstad es investigadora en la Universidad Brigham Young y se planteó esta misma pregunta en una serie de estudios a decenas de miles de personas de mediana edad como esta audiencia aquí. Y miró cada aspecto de su estilo de vida: su dieta, su ejercicio, su estado civil, cuántas veces fueron al médico, si fumaban o bebían, etc. Registró todo esto y entonces con sus colegas se sentaron a esperar siete años para ver quién todavía estaba vivo. Y de la gente viva, ¿qué es lo que redujo sus posibilidades de morir? Esa fue su pregunta. Así que vamos a ver ahora sus datos, pasando del predictor menos poderoso al más fuerte. ¿Bien? El aire limpio, que es genial, no predice cuánto tiempo vivirás. Si le tratan la hipertensión es bueno. Todavía no es un fuerte predictor. Si es delgado o con sobrepeso, puede dejar de sentirse culpable, porque eso solo aparece en un tercer lugar. Cuánto ejercicio hace es el siguiente, es solo un predictor moderado. Si ha tenido un achaque cardíaco y está en rehabilitación y hace ejercicio ahora. Si le han vacunado contra la gripe. ¿Alguien aquí sabe que una vacuna contra la gripe protege más que hacer ejercicio? Si bebía y lo dejó, si es un bebedor moderado, si no fuma o si fumaba y ahora lo deja. Y vamos a los principales predictores dos características de su vida social. Primero, sus relaciones cercanas. Estas son las personas a las que uno puede solicitar un préstamo si necesita dinero de repente, quien llamará al médico si no se siente bien o quién lo llevará al hospital, o quién se sentará con Ud., si está pasando por una crisis existencial, o si está desesperado. Esas personas, ese pequeño grupo de personas son un fuerte predictor, si los tienen, de cuánto tiempo vivirá Ud. Y luego algo que me sorprendió, algo que se llama integración social. Esto significa cuánto se interactúa con gente a través de su día. ¿Con cuánta gente habla? Y esto abarca tanto sus lazos débiles y los fuertes, eso significa que no solo las personas muy cercanas, que significan mucho para Ud., sino aquellas con las que Ud. habla cada día, quién le hace el café, ¿Habla Ud. con el cartero? ¿Habla Ud. con la mujer que camina cada día con su perro cerca de su casa? ¿Juega Ud. bridge o póker? ¿Tiene Ud. un club de lectura? Esas interacciones son uno de los predictores más fuertes de cuánto tiempo vivirá Ud. Ahora, esto me lleva a la siguiente pregunta: si ahora pasamos más tiempo en línea que en cualquier otra actividad, incluyendo dormir, ahora estamos hasta 11 horas al día, una hora más que el año pasado, por cierto, ¿Marca eso alguna diferencia? ¿Por qué distinguir entre interactuar en persona y la interacción a través de las redes sociales? ¿Es lo mismo que estar allí? si estás en contacto constantemente con tus hijos vía texto, por ejemplo? La respuesta corta a la pregunta es no, no es lo mismo. El contacto cara a cara libera toda una cascada de neurotransmisores, y como una vacuna, te protegen ahora en el presente y en el futuro. Así que simplemente hacer contacto visual con alguien, dándole la mano, chocando los cinco, es suficiente para liberar oxitocina, lo que aumenta su nivel de confianza y disminuye sus niveles de cortisol. Así que reduce su estrés. Y genera dopamina lo que nos anima y mata el dolor. Es como una morfina producida de forma natural. Ahora, todo esto pasa bajo nuestro radar consciente, por lo que combinamos la actividad en línea con la real. Pero tenemos pruebas ahora, nuevas pruebas, de que hay una diferencia. Así que veamos algo de la neurociencia. Elizabeth Redcay, neurocientífica en la Universidad de Maryland, intentó trazar la diferencia entre lo que pasa en nuestro cerebro cuando interactuamos en persona y cuando vemos algo estático. Y lo que hizo fue comparar la función cerebral de dos grupos de personas, aquellos que interactúan en la vida de ella o con uno de sus asociados de investigación en una conversación dinámica, y comparó eso con la actividad cerebral de las personas que la miraban hablar del mismo tema pero en un video enlatado, como en YouTube. Y por cierto, si quieren saber cómo se colocan dos personas en un escáner de MRI a la vez, pregúntenme después. Entonces, ¿cuál es la diferencia? Este es su cerebro en la interacción social real. Lo que ven es la diferencia en la actividad cerebral entre interactuar en persona y absorber contenido estático. En naranja, se ven las áreas del cerebro que se asocian con la atención, inteligencia social —que significa anticipar lo que alguien más está pensando sintiendo o planeando—, y la recompensa emocional. Y estas áreas se vuelven mucho más comprometidas cuando estamos interactuando con un socio en vivo. Ahora, estas marcas más ricas del cerebro podrían ser por qué los reclutadores de las empresas Fortune 500 al evaluar a los candidatos pensaron que los candidatos eran más inteligentes cuando escucharon sus voces comparado con cuando apenas leen sus notas en un texto, por ejemplo, o un correo electrónico o una carta. Nuestras voces y lenguaje corporal transmiten una señal rica. Muestra que somos seres pensantes, con sentimientos, mucho más que un algoritmo. La investigación de Nicholas Epley en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago es bastante asombrosa porque nos muestra una cosa simple. Si alguien escucha tu voz, piensan que eres más inteligente. Quiero decir, eso es bastante simple. Ahora, para volver al principio, ¿Por qué las mujeres viven más tiempo que los hombres? Y una razón importante es que las mujeres están más dispuestas a priorizar y organizar sus relaciones cara a cara durante su vida útil. La nueva evidencia demuestra que estas amistades en persona crean un campo de fuerza biológica contra la enfermedad y el declive. Y no es solo verdad para los humanos sino también en las relaciones de primates. El trabajo del antropólogo Joan Silk muestra que las babuinas con un grupo de amigas muestran niveles más bajos de estrés en base a sus niveles de cortisol, viven más tiempo y tienen más hijos sobrevivientes. Al menos tres relaciones estables. Ese era el número mágico. Piénsenlo. Espero que Uds. tengan tres. El poder de este contacto cara a cara es realmente el por qué hay tasas más bajas de demencia entre las personas que están comprometidas socialmente. Es por eso que las mujeres que tienen cáncer de mama tienen cuatro veces mayor probabilidad de sobrevivir la enfermedad que las solitarias. ¿Por qué los hombres que han tenido un accidente cerebrovascular que se reúnen regularmente para jugar al póquer o tomar café o para jugar el hockey antiguo, —soy canadiense, después de todo—, (Risas) están mejor protegidos por ese contacto social que por la medicación? ¿Por qué los hombres que han tenido un accidente cerebrovascular que se reúnen regularmente...? Esto es algo muy poderoso que pueden hacer. Este contacto cara a cara ofrece impresionantes beneficios, pero ahora casi un cuarto de la población dice que no tienen con quién hablar. Podemos hacer algo al respecto. Como los aldeanos sardos, es un imperativo biológico tener un sentido de pertenencia, y no solo las mujeres entre nosotros. Construyendo la interacción en persona en nuestras ciudades y lugares de trabajo, en nuestras agendas refuerza el sistema inmunológico, envía hormonas de bienestar por el torrente sanguíneo y el cerebro y nos ayuda a vivir más tiempo. Llamo a este edificio tu pueblo, y construirlo y sostenerlo es una cuestión de vida y muerte. Gracias. (Aplausos) Susan, vuelve. Tengo una pregunta para ti. Me pregunto si hay un camino intermedio. Hablas de neurotransmisores que se conectan en encuentros cara a cara, pero ¿qué pasa con la tecnología digital? Hemos visto enormes mejoras en la tecnología digital como FaceTime o cosas así. ¿Eso también funciona? Quiero decir, veo a mi sobrino. Juega a Minecraft y está gritando con sus amigos. Parece que se está conectando bastante bien. ¿Es útil? ¿Es útil? Susan Pinker: Algunos de los datos están recién surgiendo. Los datos son tan recientes desde que la revolución digital sucedió y los datos de salud se quedaron atrás. Así que estamos aprendiendo, pero yo diría que hay algunas mejoras que podríamos hacer en la tecnología. Por ejemplo, la cámara en la computadora portátil está en la tapa de la pantalla, por ejemplo, cuando uno mira en la pantalla, uno no hace realmente contacto visual. Así que algo tan simple como mirar a la cámara puede aumentar esos neurotransmisores, o tal vez cambiar la posición de la cámara. No es igual, pero creo que nos estamos acercando con la tecnología. HW: Genial. Muchas gracias. SP: Gracias. (Aplausos)