Stephanie Sardelis
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Comunicarse bajo el agua es un desafío. La luz y los olores no viajan bien, por eso es difícil ver u oler para los animales. Pero el sonido se mueve cuatro veces más rápido en el agua que en el aire, así que en ese ambiente oscuro, los mamíferos marinos suelen confiar en la vocalización para comunicarse.

Es por eso que el océano está repleto de un coro de sonidos. Clics, pulsos, silbidos, gemidos, boings, gritos y vibraciones, por nombrar algunos. Pero lo más famoso de esta sinfonía subacuática son las melodías evocadoras, o canciones, de los mamíferos más grandes del mundo, las ballenas.

Las canciones de ballenas son uno de los sistemas de comunicación más sofisticados del reino animal. Solo algunas especies saben cantar. La azul, la de aleta, la cabeza de proa, la minke, y, por supuesto, la ballena jorobada. Son todas ballenas que tienen placas peludas en lugar de dientes para atrapar a sus presas. En cambio, las ballenas dentadas usan ecolocalización, y junto a otras especies de ballenas emiten sonidos sociales, como gritos y silbidos, para comunicarse. Pero esas vocalizaciones carecen de la complejidad de las canciones.

Entonces ¿cómo lo hacen? Los mamíferos terrestres generamos sonido pasando aire por las cuerdas vocales cuando exhalamos, hacemos que vibren. Estas ballenas tienen un pliegue en forma de U entre sus pulmones y grandes órganos inflables llamados sacos laríngeos. No lo sabemos con seguridad porque es esencialmente imposible observar los órganos internos de una ballena viva mientras canta, pero creemos que cuando una ballena canta, contracciones musculares en la garganta y el pecho mueven el aire de los pulmones a través del pliegue en U y los sacos laríngeos, haciendo que vibre el pliegue en U. El sonido resultante resuena en los sacos como un coro que canta en una catedral produciendo canciones tan sonoras que se propagan miles de km. Las ballenas no tienen que exhalar para cantar. En cambio, el aire es reciclado de nuevo en los pulmones, creando sonido una vez más.

Una razón por la que las canciones de ballenas son tan fascinantes es su patrón. Unidades como gemidos, gritos y chirridos están dispuestos en frases. Las frases repetidas se agrupan en temas. Múltiples temas repetidos de forma predecible crean una canción. Esta estructura jerárquica es una especie de gramática. Las canciones de las ballenas son extremadamente variables en duración, y las ballenas pueden repetirlas una y otra vez. En una sesión registrada, una ballena jorobada cantó durante 22 horas.

¿Y por qué lo hacen? Todavía no sabemos el propósito exacto, pero podemos especular. Como los cantantes son machos y cantan durante la temporada de apareamiento, quizá usen las canciones para atraer hembras. O tal vez son territoriales, y las usan para disuadir a otros machos.

Las ballenas vuelven a los mismos campos de alimentación y cría cada año, y cada población tiene una canción diferente. Las canciones evolucionan con el tiempo, poniendo o quitando unidades y frases. Y cuando machos de diferentes poblaciones están alimentando a distancia audible, a menudo intercambian frases, quizá porque nuevas canciones los hacen más atractivos para las hembras. Este es uno de los ejemplos más rápidos de transmisión cultural, de transmisión de comportamiento aprendido entre individuos no relacionados de la misma especie.

Podemos escuchar a escondidas estas canciones con micrófonos subacuáticos llamados hidrófonos. Nos ayudan a rastrear si son raros el avistaje o las muestras genéticas. Por ejemplo, los científicos han podido diferenciar las esquivas poblaciones de ballena azul con base en sus canciones. Pero los océanos son cada vez más ruidosos como resultado de la actividad humana. Paseos en barco, sonares militares, construcción submarina, y sondeos sísmicos en busca de petróleo ocurren con frecuencia y eso puede interferir en la comunicación entre ballenas. Algunas ballenas evitarán lugares clave de alimentación y cría si el ruido humano es demasiado alto. Y se ha observado que las ballenas jorobadas reducen su canto en respuesta al ruido generado a 200 km. Limitar la actividad humana a lo largo de rutas migratorias y en otros hábitats críticos, y reducir la contaminación acústica en el océano ayudaría a asegurar la supervivencia de las ballenas. Si las ballenas pueden seguir cantando y podemos seguir escuchando, quizá algún día entendamos realmente lo que están diciendo.