Roman Krznaric
1,576,384 views • 7:01

Es hora de que la humanidad admita una verdad perturbadora: Hemos colonizado el futuro. Sobre todo en los países ricos, lo tratamos como un puesto de avanzada colonial al que podemos hacerle todo el daño ecológico y tecnológico que queramos, como si allí no hubiese nadie.

La tragedia es que no están allí las generaciones futuras para defenderse de este saqueo a su herencia. No pueden ponerse delante al caballo del rey como una sufragista, o sentarse a manifestar como las militantes de los años 60, o, como Mahatma Gandhi, ir a la marcha de la sal a desafiar al opresor colonial. No tienen derechos ni representación política; no tienen influencia en el mercado. La gran mayoría silenciosa de las generaciones futuras no tiene poder alguno.

Puede que sea difícil de comprender la magnitud de esta injusticia, así que veámoslo de este modo: Somos 7700 millones las personas vivas hoy. Es solo una diminuta fracción de los estimados 100 000 millones que han vivido a lo largo de los últimos 50 000 años. Ambas cifras son ampliamente superadas por los casi 7 billones de personas que nacerán en los próximos 50 000 años, suponiendo que se estabilicen los índices de natalidad. Solo en los dos próximos siglos nacerán decenas de miles de millones, entre ellos, sus nietos, y los nietos de sus nietos, y los amigos y comunidades de las que dependan. ¿Qué pensarán de nosotros esas futuras generaciones, del legado que les estamos dejando?

De nuestros antepasados comunes heredamos cosa extraordinarias: La revolución de la agricultura, los avances médicos y las ciudades en que vivimos. Y también heredamos legados destructivos: La esclavitud, el colonialismo, el racismo que crean desigualdades profundas que ahora debemos reparar. Heredamos economías que dependen en forma estructural de combustibles fósiles y de un crecimiento sin fin que ahora hay que transformar. ¿Cómo podemos ser los ancestros que merecen las futuras generaciones?

En la última década, empezó a surgir un movimiento mundial de personas que quieren descolonizar el futuro y extender nuestros horizontes temporales hacia un presente sostenible. Este movimiento aún está fragmentado y por el momento no tiene nombre. Denomino a estos pioneros "rebeldes del tiempo". Los encontramos en acción en el movimiento japonés de "diseño futuro", que intenta superar el cortoplacismo que domina la política inspirado en el principio de toma de decisiones de la séptima generación que practican muchas comunidades aborígenes de EE.UU.

Diseño Futuro congrega a los habitantes para que elaboren y discutan planes para las ciudades donde viven. A la mitad del grupo se les dice que son habitantes del presente. A la otra mitad les dan atuendos ceremoniales y se les pide que se imaginen como habitantes del año 2060. Pues resulta que los habitantes del 2060 abogan sistemáticamente a favor de planes mucho más transformadores, de inversiones en salud a acciones contra el cambio climático. Esta forma innovadora de asamblea de ciudadanos del futuro se está extendiendo por Japón de pequeñas ciudades como Yahaba a grandes ciudades como Kioto. ¿Y si los pueblos y las ciudades del mundo adoptaran el diseño futuro para revitalizar la toma de decisiones democráticas y ampliar así su visión mucho más allá del presente?

Los rebeldes del tiempo también han llegado a los tribunales para defender los derechos de los habitantes del futuro. La organización "Our Children's Trust" ha demandado al gobierno de EE.UU. en representación de 21 jóvenes en defensa del derecho legal a un clima seguro y una atmósfera sana para nuestra generación y las del futuro. Su combate de David contra Goliat ya ha inspirado demandas legales innovadoras en todo el mundo de Colombia a Pakistán pasando por Uganda y Países Bajos. Y esta ola de activismos se desarrolla en paralelo al movimiento para otorgarle carácter legal a la naturaleza, desde el río Whanganui en Aotearoa, Nueva Zelanda, al Ganges y el Yamuna, en India.

Los rebeldes del tiempo también participan en las votaciones. En 2019, adolescentes de toda Europa empezaron a forzar a padres y abuelos para que les diesen su voto en las elecciones al Parlamento Europeo. El hashtag #givethekidsyourvote se hizo viral en las redes sociales y la campaña llegó hasta Australia. Junto a mi pareja nos enteramos y decidimos darle nuestro voto en las últimas elecciones en RU a nuestros gemelos de 11 años. Nos reunimos en la cocina, debatimos los programas de los partidos, y los gemelos nos dijeron qué casilla seleccionar en la boleta electoral. Y, en caso de duda, no, no emularon las decisiones políticas de sus padres.

Ha comenzado la rebelión del tiempo. Los rebeldes quieren descolonizar el futuro, mediante un movimiento mundial para pensar a largo plazo y defender la justicia intergeneracional, que pueda transformarse en uno de los movimientos políticos más potentes de este siglo. Ellos nos ayudan a escapar del cortoplacismo en el que nos atrapa la distracción digital y la cultura de consumo, con el botón "Comprar ahora" y noticias en continuo las 24 horas. Nos inspiran a ampliar nuestros horizontes temporales de segundos y minutos a décadas y mucho más allá.

El proyecto "biblioteca del futuro" de la artista Katie Paterson durará un siglo en curso. Cada año se dona un libro de alguien que destaque y no se leerá por completo hasta 2114, cuando la colección completa se imprima en papel producto de árboles plantados para este fin. La Cámara Mundial de Semillas de Svalbard va aún más lejos al almacenar millones de semillas en un búnker de roca indestructible en el Círculo Polar Ártico diseñado para durar mil años. ¿Pero cómo podemos planear cosas de aquí a un milenio?

Quizás la respuesta es el secreto mejor guardado de ser un rebelde del tiempo. Y viene de la diseñadora de biomímesis Janine Benyus que sugiere aprender de los 3800 millones de años de evolución de la naturaleza. ¿Cómo aprendieron otras especies a sobrevivir y prosperar durante 10 000 generaciones o más? Bueno, cuidando el lugar que cuidará a su descendencia, viviendo en el ecosistema en el que han nacido, sabiendo que no hay que ensuciar el nido, algo que los humanos hemos estamos haciendo con efectos devastadores a un ritmo cada vez más acelerado durante el siglo pasado.

Así que un punto de partida profundo para los rebeldes del tiempo del mundo es centrarse no solo en alargar el tiempo sino también en regenerar el lugar. Debemos regenerar, reparar y cuidar nuestro hogar, el planeta, que cuidará a nuestra descendencia. Por nuestros hijos, y por los hijos de nuestros hijos, y todos los que vendrán después, debemos enamorarnos de ríos y montañas, de casquetes polares y sabanas, y volver a conectarnos con largos y vitales ciclos de la naturaleza.

Seamos todos rebeldes del tiempo y hallemos inspiración en la hermosa bendición mohicana que se dice en los nacimientos: "Gracias, Tierra. Tú conoces el camino".