Paul Piff
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Quiero que, por un momento, pienses en jugar Monopolio, excepto que en este juego, esa combinación de habilidad, talento y suerte que ayuda a lograr el éxito en los juegos, así como en la vida, se ha vuelto irrelevante. Este juego ha sido amañado, y tu tienes la ventaja a favor. Tu tienes más dinero, más oportunidades para moverte por el tablero, y más acceso a los recursos. Y mientras piensas en esto, quiero que te preguntes, ¿cómo esa experiencia, de ser el jugador privilegiado en un juego arreglado, Podría cambiar tu autoimagen y la forma como ves al otro jugador?

Hicimos una invetigación en la U.C. Berkeley para estudiar exactamente esa cuestión. Hemos llevado a más de 100 parejas de extraños al laboratorio, y, lanzando una moneda, asignamos aleatoriamente a uno de los dos a ser el jugador rico en el juego amañado. Tienen el doble de dinero. Cuando pasan por "Go", reciben el doble del salario, y lanzan dos dados en vez de uno. Así que se mueven mucho más por el tablero. (Risas) Y en el transcurso de 15 minutos, vimos, a través de cámaras ocultas, lo que pasó. Lo que quiero hacer hoy, por primera vez, es mostrar algo de lo que vimos. Van a tener que perdonar la calidad del sonido en algunos casos porque, una vez más, estas eran cámaras ocultas. Por eso les colocamos subtítulos. Jugador rico: ¿Cuántos de 500 tenías? Jugador pobre: Solo uno.

Jugador rico: ¿Hablas en serio? Jugador pobre: Sí.

Jugador rico: Yo tengo tres. (Risas) No sé por qué me han dado tanto.

Paul Piff: Ya ven que fue evidente para los jugadores que algo pasaba. Es claro que uno de los dos tiene mucho más dinero que el otro y, sin embargo, conforme el juego se desarrollaba, vimos diferencias muy notables. Diferencias dramáticas comienzan a surgir entre los dos jugadores. El jugador rico comenzó a moverse por el tablero más sonoramente, literalmente golpeando el tablero con su ficha al avanzar. Pudimos ver señales de dominio y mensajes no verbales, muestras de poder y celebración por parte de los jugadores ricos.

Teníamos un tazón de pretzels localizado en un lado. Está allí en la esquina inferior derecha. Eso nos permitió observar el consumo. Estábamos registrando cuántos pretzels se comen los participantes

Jugador rico: ¿Estos pretzels, son un truco?

Jugador pobre: No sé.

PP: Bien, no hay sorpresas, hay personas alrededor. Se preguntan qué está haciendo ese tazón de pretzels allí, en primer lugar. Uno incluso pregunta, como han visto, ¿ese tazón de pretzels, es un truco? Y sin embargo, a pesar de ello, el poder en la situación parece dominar inevitablemente y los jugadores ricos comienzan a comer más pretzels.

Jugador rico: Me encantan los pretzels.

(Risas)

PP: Y conforme el juego progresa, uno de los patrones realmente interesantes y dramáticos que observamos, que comienzan a surgir, fue que los jugadores ricos en realidad empezaron a volverse rudos con la otra persona. Cada vez más insensibles a la difícil situación de los otros jugadores, los pobres. Y cada vez más ostentosos con su éxito material, más propensos a mostrar lo bien que lo hacían. Jugador rico: Tengo dinero para todo. Jugador pobre actor: ¿Cuánto es? Jugador rico: Me debes 24 dólares. Vas a perder todo tu dinero pronto. Lo compraré. Tengo tanto dinero... Tengo mucho dinero, tengo para siempre. Jugador rico 2: Voy a comprar este tablero entero. Jugador rico 3: Te vas a quedar sin dinero pronto. Soy casi intocable en este punto.

PP: Bien, pienso que lo más interesante, es que al final de los 15 minutos, les pedimos a los jugadores hablar sobre su experiencia durante el juego. Y cuando los jugadores ricos hablaron de por qué habían ganado inevitablemente en este juego arreglado de Monopolio... —(Risas)— hablaron de lo que habían hecho al comprar esas diferentes propiedades para lograr su éxito en el juego, y en nada mencionaron las diferencias en la situación, incluyendo el lanzamiento de la moneda que por azar los había asignado en el lugar privilegiado, desde el principio. Esta es realmente una visión increíble de cómo la mente justifica las ventajas.

Este juego de Monopolio se puede usar como una metáfora para entender la sociedad y su estructura jerárquica, en la que algunas personas tienen mucha riqueza y estatus, y muchos otros no. Tienen mucho menos bienes, estatus mucho menor y mucho menos acceso a recursos valiosos. Lo que hemos estado haciendo mis colegas y yo, en los últimos siete años, es estudiar los efectos de este tipo de jerarquías. Lo que nos hemos encontrado en decenas de estudios y con miles de participantes de todo el país es que, conforme aumentan los niveles de riqueza, bajan los sentimientos de compasión y empatía, y sus sentimientos de propiedad, de merecimiento, su ideología de autointerés, aumentan. En las encuestas hemos encontrado que son en realidad los individuos más ricos los más propensos a moralizar sobre lo buena que es la codicia y que la búsqueda del propio interés es aceptable y ética. Lo que quiero hacer hoy es hablar de algunas de las implicaciones de la ideología del propio interés. Hablaré de por qué debemos preocuparnos por las consecuencias, y finalmente, qué se puede hacer.

En algunos de los primeros estudios que hicimos en esta área observamos el comportamiento de ayuda, lo que algunos psicólogos sociales llaman comportamiento prosocial. Y estábamos realmente interesados en quién tieme más probabilidades de ayudar a otras personas. Si los ricos o los pobres. En uno de los estudios, traemos al laboratorio a personas de la comunidad, ricos y pobres, y les damos a cada uno de ellos, el equivalente a 10 dólares. Les dijimos a los participantes que podían conservar esos 10 dólares para ellos, o que podían compartir una parte, si querían, con un extraño totalmente anónimo. Ellos no conocerían al extraño y éste no los conocería a ellos. Registramos cuánta gente da. Los que ganaban 25 000, o inclusive menos de 15 000 dólares al año, dieron un 44 % más de su dinero al extraño, comparado con los que ganaban 150 000 o 200 000 dólares al año.

Hemos tenido gente en el juego para ver quién es más propenso a hacer trampa para aumentar sus posibilidades de ganar un premio. En uno de los juegos, arreglamos la computadora de tal forma que fuera imposible obtener cierto puntaje al lanzar los dados. En ese juego no se podía superar a 12, y, sin embargo, cuanto más rica era la persona, más probable era que engañara para ganar créditos por un premio en efectivo de $50, a veces tres a cuatro veces más probable.

Hicimos otro estudio donde miramos si las personas estarían dispuestas a tomar dulces de un frasco con dulces que habíamos identificado explícitamente como reservados para unos niños... —(Risas)— participantes... no estoy bromeando. Sé que parece que estoy haciendo una broma. Dijimos explícitamente a los participantes que ese frasco con dulces era para unos niños que participaban en un laboratorio de desarrollo cercano. Están en estudios. Esto es para ellos. Y registramos cuántos dulces tomaron los participantes. Los jugadores que se sentían ricos tomaron dos veces más dulces que los que se sentían pobres.

También hemos estudiado los coches, no solo los coches, sino si los dueños de diferentes tipos de coches están más o menos inclinados a quebrantar la ley. En uno de estos estudios, miramos si los conductores se detendrían ante un peatón que habíamos puesto esperando a cruzar por un paso de peatones. En California, como todos saben, porque estoy seguro de que todos lo hacemos, es obligación detenerse ante un peatón que está esperando para cruzar. Y aquí está un ejemplo de cómo lo hicimos. Nuestro asociado está a la izquierda haciéndose pasar por un peatón. Se acerca y la camioneta roja se detiene como debe ser. Como es típico en California, el autobús se adelanta y casi atropella a nuestro peatón. (Risas) Aquí hay un ejemplo con un coche más caro, un Prius, pasa de largo, y un BMW hace lo mismo. Lo hicimos con cientos de vehículos durante varios días, solo observando quién se detiene y quién no. Lo que encontramos fue cómo, al aumentar el costo del coche, la tendencia del conductor a violar la ley, aumentó también. Ninguno de los coches en la categoría de menos costosos, rompió la ley. Pero cerca del 50 % en la categoría de costosos, rompió la ley. Hemos hecho otros estudios en los que las personas más ricas son más propensas a mentir en situaciones, para justificar un comportamiento anti ético en el trabajo como robar dinero de la caja registradora, aceptar sobornos, mentir a los clientes.

No quiero sugerir que solo la gente adinerada es la que muestra estos patrones de comportamiento. Para nada. De hecho, creo que todos nosotros, en el día a día, minuto a minuto, luchamos con estas motivaciones conflictivas de si, o cuando, hemos de poner nuestros propios intereses por encima de los de las otras personas. Y eso es comprensible porque el sueño estadounidense es la idea de que todos tienen igualdad de oportunidades para tener éxito y prosperar, siempre que nos empeñemos en el trabajo duro. En parte esto significa que a veces, hay que poner la propia conveniencia por encima de los intereses y el bienestar de los que te rodean. Lo que estamos encontrando es que, cuanto más rico eres, más probable es que persigas una situación de éxito personal, de logro y realización, en detrimento de los demás a tu alrededor. He trazado aquí el ingreso familiar promedio recibido por quintiles para el 5 % superior de la población en los últimos 20 años. En 1993, las diferencias entre los distintos quintiles de la población, en términos de ingresos, eran bastante notorias. No era difícil ver que hay diferencias. Pero en los últimos 20 años, esa diferencia significativa se ha convertido en una gran brecha entre los de la parte superior y los demás. De hecho, el 20 % de la población posee cerca del 90 % de la riqueza total en este país. Estamos en niveles sin precedentes de desigualdad económica. Lo que significa que la riqueza, no solo se está concentrando más en manos de un pequeño grupo de individuos, sino que el sueño estadounidense se está haciendo cada vez más inalcanzable para una creciente mayoría de nosotros. Y si es el caso, como hemos encontrado, cuanto más rico se es, más se siente con derecho a esa fortuna. Lo más probable es darle prioridad a los intereses propios por encima de los de los demás, y estar dispuestos a hacer lo necesario en función de ese egoísmo. Y no hay ninguna razón para pensar que esos patrones van a cambiar. De hecho, hay muchas razones para pensar que se volverán peores. Así se vería si las cosas siguen igual, a la misma velocidad lineal, en los próximos 20 años.

La desigualdad económica, es algo que a todos debería preocuparnos, no solo por los de abajo en la jerarquía social, sino porque a las personas y a los grupos, si hay mayor desigualdad económica, les va peor. No solo a los de abajo, sino a todo el mundo. Hay mucha investigación realmente convincente, proveniente de los mejores laboratorios del mundo que muestran todas las cosas que se ven socavadas a medida que empeora la desigualdad económica. La movilidad social, las cosas que realmente nos importan, la salud física, la confianza social, todas caen cuando aumenta la desigualdad. Asimismo, lo negativo en los grupos y las sociedades, cosas como la obesidad y la violencia, los encarcelamientos y castigos, se agravan a medida que aumenta la desigualdad económica. Una vez más, estos son resultados percibidos no solo por unos cuantos, sino que resuenan en todos los estratos de la sociedad. Incluso los de la parte superior sufren estos resultados.

¿Qué podemos hacer? Esta cascada autoalimmentada, perniciosa, de efectos negativos podría parecer algo fuera de control, sobre lo que no hay nada qué hacer. Verdaderamente casi nada podemos hacer como individuos. Pero de hecho, hemos encontrado en nuestras investigaciones de laboratorio, que pequeñas intervenciones psicológicas, pequeños cambios en los valores de la gente, pequeños empujones en ciertas direcciones, pueden restaurar los niveles de igualdad y empatía. Por ejemplo, recordar a la gente los beneficios de la cooperación, o las ventajas de actuar en comunidad, produce, en individuos ricos, las mismas ideas igualitarias que los pobres. En un estudio, hemos hecho que la gente vea un breve video, de solo 46 segundos, sobre la pobreza infantil que sirvió como un recordatorio de las necesidades de los demás en el mundo que los rodea. Después de verlo, observamos qué tan dispuestos estaban para ofrecer su tiempo a un extraño que estaba en apuros, que se les presentó en el laboratorio. Después de ver este video, una hora más tarde, los ricos se mostraron tan generosos con su tiempo para ayudar al extraño al desconocido, lo mismo que los pobres. Esto sugiere que estas diferencias no son innatas o categóricas, sino que son maleables por pequeños cambios en los valores de la gente, y por pequeños impulsos de compasión y empatía.

Más allá de las paredes de nuestro laboratorio, estamos empezando a ver señales de cambio en la sociedad. Bill Gates, uno de los individuos más ricos del país, en su discurso en la graduación de Harvard, habló sobre el problema que enfrenta la sociedad por la desigualdad, como el reto más difícil, y habló de lo que debe hacerse para combatirlo, diciendo: "Los mayores avances de la humanidad no son sus descubrimientos, sino cómo esos descubrimientos se aplican para reducir la desigualdad";. Y existe "Promesa de Dar". con la que, más de 100 de los individuos más ricos del país, han prometido dar la mitad de su fortuna a obras de caridad. Y hoy aparecen decenas de movimientos de base, como "Somos el Uno por Ciento", "Generación de Recursos", o "Riquezas para el Bien Común";, en los que el 1 % más privilegiado de la población, y en otros niveles, personas verdaderamente ricas, están utilizando sus recursos económicos, adultos y jóvenes por igual, eso es lo más sorprendente para mí, apalancando en sus privilegios, en sus propios recursos económicos, para combatir la desigualdad abogando por políticas sociales, por cambios en los valores sociales, y por cambios en el comportamiento de la gente, para que actúen en contra de sus propios intereses económicos para que en última instancia, se llegue a restaurar el sueño estadounidense.

Gracias.

(Aplausos)