Melissa Walker
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Eres un miembro de alto mando del servicio militar desplegado en Afganistán. Eres responsable de las vidas de cientos de hombres y mujeres, y tu base está siendo atacada. Proyectiles de mortero explotan a tu alrededor. Luchando para lograr ver a través del polvo y del humo, haces tu mejor esfuerzo para ayudar a los heridos y después arrastrarte a algún búnker cercano.

Consciente, pero aturdido por las explosiones, te recuestas y tratas de procesar lo que acaba de suceder. Al recuperar tu vista, observas una cara sangrienta que te mira fijamente. La imagen es aterradora, pero pronto comprendes que no es real.

Esta imagen te persigue durante el día y mientras duermes. Decides no contarle a nadie por temor a perder tu trabajo o ser visto como débil. Le das un nombre a la imagen La Cara Sangrienta del Búnker, y lo abrevias como CSB. Mantienes a la CSB guardada en tu mente, atemorizándote en secreto, por los siguientes siete años.

Ahora cierren los ojos. ¿Pueden ver la CSB? Si pueden, están comenzando a ver la cara de las heridas invisibles de la guerra, comúnmente llamadas trastorno por estrés postraumático y lesión cerebral traumática.

Aunque yo no tenga trastorno por estrés postraumático, nunca me ha sido ajeno.

De niña, visitaba a mis abuelos cada verano. Fue mi abuelo quien me hizo conocer los efectos de la guerra en la psique. Cuando mi abuelo fue Infante de la Marina en la Guerra de Corea, una bala le perforó el cuello, dejándolo sin poder gritar. Vio cómo un médico del ejército siguió de largo, dándolo por desahuciado, y dejándolo ahí para morir.

Años después, cuando sus heridas físicas habían sanado y había regresado a casa, rara vez hablaba durante el día de sus experiencias. Pero, durante la noche, lo oía gritar obscenidades al otro lado del pasillo. Al entrar a su cuarto de día, siempre anunciaba mi llegada para no sobresaltarlo o agitarlo. Vivió el resto de sus días aislado y reservado, nunca encontrando la manera de poderse expresar, y yo, en ese entonces, no tenía las herramientas para ayudarlo.

No supe el nombre de la condición de mi abuelo hasta alcanzar mis veinte años. Al querer graduarme en Arteterapia, naturalmente me incliné por el estudio del trauma. Y, al aprender en clase sobre el trastorno por estrés postraumático, o TEPT, mi misión de ayudar a militares que han sufrido como mi abuelo comenzó a tomar forma.

Le hemos dado diversos nombres al estrés postraumático desde el inicio de las guerras: añoranza, corazón de soldado, aturdimiento, mirada de los mil metros, entre otros. Y mientras estudiaba, una nueva guerra se intensificaba, y, gracias a los modernos chalecos antibalas y vehículos militares, los soldados ahora sobrevivían a explosiones. Pero, las heridas invisibles alcanzaban nuevos niveles, y esto llevó a que médicos e investigadores militares trataran de entender realmente los efectos de una lesión cerebral traumática o TBI, y del trastorno por estrés postraumático en el cerebro.

Gracias a los avances en tecnología y a las neuroimágenes, ahora sabemos que ocurre un bloqueo en el área de Broca; esto es, el área del lenguaje del cerebro, cuando un individuo sufre un trauma. Este cambio fisiológico, o "terror sin habla", como también se le conoce, unido al estigma de cordura, el temor a ser juzgados o incomprendidos, tal vez hasta apartados de sus tareas actuales, conduce a las batallas invisibles de nuestros militares, hombres y mujeres. Generaciones de veteranos han preferido no hablar de sus experiencias, y sufren en solitario.

Tuve un gran reto al tener mi primer trabajo como arteterapeuta en el mayor centro médico militar del país, Walter Reed. Tras trabajar un par de años en la unidad de pacientes internados, me transfirieron al Centro Intrépido Nacional de Excelencia, NICoE, que lidera el cuidado de TBI para militares en activo. Yo creía en la arteterapia, pero tenía que convencer a los militares, grandes, rudos, fuertes, masculinos, y a algunas mujeres también, de que ofrecieran hacer arte como tratamiento psicoterapéutico.

Los resultados han sido espectaculares. Nuestros militares, hombres y mujeres están creando obras de arte vívidas y simbólicas, y cada obra cuenta una historia. Hemos observado que el proceso del arteterapia esquiva el problema habla-lenguaje en el cerebro. Hacer arte accede a las áreas sensoriales del cerebro que codifican el trauma. Los militares pueden aprovechar el arte para trabajar sus experiencias de una manera no amenazante. Pueden posteriormente nombrar o describir sus obras, reintegrando los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro.

Hemos observado que esto funciona con cualquier tipo de arte — dibujo, pintura, collage — pero lo que parece tener el mayor impacto es hacer máscaras. Al fin y al cabo, estas heridas invisibles no sólo tienen un nombre, tienen también una cara.

Y cuando los militares crean estas máscaras, literalmente tocan y lidian con el trauma. Y es impresionante cómo eso les permite fracturar el trauma y comenzar a sanar.

Recuerdan la CSB? Eso fue una experiencia real para uno de mis pacientes, y cuando creó su máscara, pudo superar esa imagen que lo atormentaba. Al principio, fue un proceso abrumador para el paciente, pero, poco a poco, comenzó a identificar la CSB como máscara y no como su herida interna, y cada vez que terminábamos una sesión, me entregaba la máscara y me decía, "Melissa, cuídalo". Después de un tiempo, metimos a la CSB en una caja, para contenerla y dominarla, y cuando el paciente dejó el NICoE, decidió dejar la CSB. Un año después, había visto a la CSB sólo dos veces, y, en ambas ocasiones la CSB sonreía y el paciente no sintió angustia. Ahora, cada vez que es atormentado por algún recuerdo traumático, sigue pintando. Y cada vez que pinta estas imágenes perturbadoras, las ve con menos frecuencia o deja de verlas por completo.

Los filósofos nos han dicho desde hace miles de años que el poder de crear está íntimamente relacionado con el poder de destrucción. Ahora la ciencia nos muestra que el área del cerebro que registra una lesión traumática puede ser la misma parte del cerebro donde ocurre la sanación. Y, el arteterapia nos enseña cómo hacer esa conexión.

Le pedimos a uno de nuestros pacientes que describiera cómo el hacer máscaras ha impactado en su tratamiento, y esto fue lo que dijo.

(Video) Paciente: Simplemente te pierdes en la máscara. Te pierdes en el dibujo, y me desbloqueó, y por eso pude hacerlo. Y, cuando la vi después de dos días, dije "Dios mío, ésta es la pintura, ésta es la llave, éste es el acertijo," y, a partir de ahí, mi tratamiento se disparó es decir, se desahogó, porque me decían, Kurt, explica esto, explica esto. Y, por primera vez en 23 años, pude realmente hablar abiertamente con cualquiera. Podría hablarles de ello ahora si quisiera, porque lo liberé. Es impresionante. Y me permitió colocar 23 años de TEPT y de TBI en un solo lugar. Eso nunca me había pasado. Lo siento.

Melissa Walker: En los últimos 5 años se han hecho más de mil máscaras. Es increíble, no?

Gracias.

(Aplausos) Me hubiera encantado compartir este proceso con mi abuelo, pero sé que estaría emocionado de que estamos encontrando maneras para ayudar a sanar a los militares de hoy y mañana, y dándoles herramientas internas que pueden utilizar para sanarse a sí mismos.

Gracias.

(Aplausos)