Mark Rober
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Hace como un año, les pedí a mis seguidores de YouTube que probaran un sencillo ejercicio de programación que hice con un amigo. El objetivo del ejercicio era llevar un auto por un laberinto acomodando estos bloques de códigos que representan operaciones típicas de programación, como oraciones condicionales o los "bucles while". Una vez obtenido un buen código, presionaban "Ejecutar" y el auto se movía conforme a los comandos del programa. Les pedí a mis seguidores que lo probaran porque quería demostrar que cualquier persona puede aprender a codificar. Cincuenta mil personas aceptaron el reto y probaron el ejercicio. Pero, honestamente, no me interesaba demostrar que cualquiera puede aprender a codificar. Lo que no sabían es que, en realidad, subimos aleatoriamente dos versiones ligeramente distintas. En una de ellas, si presionaban "Ejecutar" y no lo lograban, el jugador no perdía ninguno de los 200 puntos iniciales y aparecía este mensaje. [Inténtalo de nuevo] Pero en la otra versión, si presionaban "Ejecutar" y no lo lograban, aparecía un mensaje diferente, según el cual perdían 5 puntos de los 200 iniciales. Esa era la única diferencia. En una versión, si fallaban solamente les quitábamos 5 puntos sin valor en el mundo real, que nadie vería nunca, completamente insignificantes y falsos. (Risas) Es crucial que recordemos esa pequeña diferencia conforme a los resultados que recibimos de los 50 000 datos. Entre los que fueron penalizados por intentos fallidos, el 52 % tuvo éxito. Entre los que no fueron penalizados, el 68 % tuvo éxito. Esta diferencia estadística del 16 % nos sorprendió e incluso nos parecía difícil de creer hasta que nos fijamos en otro aspecto de la información recopilada: el número de intentos, que aparece en color naranja. Aquellos que no vieron el fracaso como algo negativo lo intentaron un poco más del doble de veces para resolverlo. Evidentemente, como resultado, tuvieron más éxito y aprendieron más. Si pensamos en eso y extrapolamos estos resultados, para aprender más y tener un mayor éxito hay que moldear correctamente el proceso de aprendizaje. Esta observación me pareció muy interesante. Me pregunté entonces: ¿y si moldeamos el proceso de aprendizaje de tal forma que no nos preocupe fallar? ¿Qué tan exitosos podríamos ser? ¿Cuánto más podríamos aprender? Después pensé que, si es algo real, debería haber evidencia en la vida real. Y esto me recordó a los niños. Él es mi hijo; yo ayudé a hacerlo. (Risas) Los niños siempre están probando cosas nuevas y no les preocupa fallar. Cuando mi hijo aprendió a caminar, no le preocupaba verse torpe al caer, y como padres, tampoco lo regañábamos si no lo lograba. Siempre nos enfocábamos en la meta final, y celebrábamos con él los avances. Después de constantes fracasos, de muchos intentos y de descubrir nuevas cosas en esa etapa de nuestra vida, descubrimos nuevas aptitudes en nosotros aun faltándonos mucho por recorrer. Pero compararlo con un niño quizá no sea justo, porque su cerebro es diferente al nuestro. Pero para demostrar que tal vez no son tan distintos a nosotros, quisera hablarles de un fontanero al que conocí cuando yo tenía ocho años. Era italiano. (Sonido de videojuego) (Risas) Cuando se estrenó "Super Mario Bros", mis amigos y yo nos obsesionamos: queríamos llegar al castillo y rescatar a la bella princesa Peach del malvado Bowser. En la escuela nos preguntábamos: "¿A qué nivel llegaste? ¿Lo pasaste?". Nunca preguntamos sobre todas las maneras diferentes en las que podíamos morir. Con juegos como este, nadie juega por primera vez, ni tras caer en un agujero piensa: "Estoy tan avergonzado, fue un rotundo fracaso", ni renuncia a intentarlo de nuevo. En realidad, piensan: "Debo recordar que hay un hoyo ahí. La próxima vez saldré con mayor velocidad y saltaré un poco después". El enfoque y la obsesión están en ganar el juego, no en lo torpes que nos veremos si nos golpea un caparazón verde. Y como resultado directo de esa actitud de aprender de los errores sin enfocarnos en los fracasos, nos volvimos muy buenos y aprendimos muchísimo en poco tiempo. Estábamos al lado derecho de la gráfica. A esto le llamo "el efecto Super Mario". Enfocarse en la princesa, no en los hoyos, atenerse a una tarea y aprender más. Esto me hizo reflexionar y darme cuenta de que hay muchos otros ejemplos en mi propia experiencia en los que tomar la vida como un videojuego, este efecto Super Mario, nos lleva al camino del éxito y nos permite aprender mejor. Tengo un canal de ciencia en YouTube en el que a veces uso lo que sé de ingeniería para construir cosas como... la pistola de agua más grande del mundo o un arma de juguete ganadora del Récord Guinnes. (Vídeo) (Gritos) (Público) (Risas) O esta pistola de bolas de nieve, creada a partir de un soplador de hojas. (Risas) Ella es mi sobrina. Ellos son mis sobrinos. (Risas) Aún no entiendo por qué, pero cuando están conmigo, su tío, parecen tener problemas de confianza. (Risas) Normalmente me lleva dos o tres meses construir esas cosas, pero hubo una que me llevó tres años. Básicamente, quería hacer una diana a la que siempre se le diera en el blanco. La idea era que al lanzar un dardo, pudiéramos rastrearlo en el aire para que la diana se moviera y le hiciera dar en el blanco. (Risas) Una vez hechos los cálculos, vimos que si queríamos rastrear el dardo como en un típico juego de dardos, a una velocidad normal, tendríamos que rastrear el dardo y mover la diana en un abrir y cerrar de ojos. No es gran cosa, ¿cierto? No los voy a aburrir con los detalles, fracasos y contratiempos al tener que superar caparazones verdes metafóricos y esos molestos "Hammerhead Bros". Pero, finalmente, nos dimos cuenta de que necesitaríamos algo así. Son seis motores de pasos y controladores de movimiento, un sistema de captura de movimiento con seis cámaras y mucho trabajo modificando y reescribiendo códigos. Pero, al final, logramos esto. (Aplausos) Lo interesante es que cuando pienso en el proceso, sinceramente, puedo decir que mi actitud con respecto a esto era la misma actitud que tenía para rescatar a la princesa de Bowser. Claro que cada fracaso y contratiempo dolió. Pero era lo mismo que caer en el agujero del nivel 8-1, donde dices: "¡Ayyyy!", pero vuelves y lo intentas de nuevo. Era como decir: "Bueno, no estuvo bien, pero ¿qué aprendimos?, ¿qué más podemos hacer? Intentémoslo de nuevo". El hacer de la vida un videojuego es algo más que solo tener una actitud positiva o no rendirse nunca. Porque eso implica tener que resistirse al verdadero deseo de renunciar. Creo que cuando se moldea un reto o un proceso de aprendizaje como el que describo, dan ganas de superarlo. E ignorar los fracasos e intentarlo de nuevo se vuelve natural, de la misma forma en que un niño quiere levantarse e intentar caminar, de la misma forma en que quieren seguir jugando a Super Mario Bros o al igual que el grupo de la derecha quiso seguir con el ejercicio más del doble de veces. No les pagaron por hacerlo. Nadie los obligó ni los observó. Solo eran ellos con sus computadoras, solos en casa. Su actitud hizo que quisieran seguir intentando y aprendiendo. La guinda del pastel con el juego de la diana fue llevársela a Jimmy Kimmel y desafiarlo a los dardos. Les diré dos cosas antes de mostrarles el vídeo. Primero, la diana tenía una modalidad en la que, cuando era el turno del compañero, la diana se movía al lado contrario. (Risas) Y lo segundo es que no lográbamos que la diana funcionara durante el ensayo, y no se movía según lo previsto. Tuve que subirme al elevador, la puerta que va hacia arriba antes de bajar al escenario, y al mirar a la derecha vi que las 6 cámaras habían fallado. Así que mi compañero John reinició, desesperado, las cámaras mientras yo salía al escenario donde había estos cuatro objetos para presentar la gran final de la diana. Recuerden eso cuando empiece el vídeo. Ese era mi estado emocional. Tres malditos años y todo se reducía a ese momento. (Vídeo) M.R: Lo que vas a hacer es darle este dardo a tu compañero, y vas a retarlo a dar en el blanco. Jimmy Kimmel: Solo hay que intentar dar en el blanco, muy bien. (Risas) M.R: ¡Qué fuerza! ¿Doble o nada? J.K: De acuerdo, sí, ¿listo? (Risas) Bien. M.R: Muy bien. Ahora yo me pondré aquí. J.K: ¿Esto es automático? M.R: Así es. J.K: ¿Y lo construiste tú? M.R: Correcto. Me preparo. Aquí vamos. (Aclamaciones) (Aplausos) M.R: Fíngelo hasta que lo logres. (Risas) Cabe decir que en todas nuestras pruebas nunca dimos justo en el blanco tal y como pasó en el vídeo. Así que, después de eso no he vuelto a tocar la diana. Ya había tenido suficiente. (Risas) En verdad creo que remoldear los desafíos puede marcar la diferencia. Tengo un experimento sencillo para demostrarlo. Imaginen que les doy una prueba con instrucciones que deben cumplir, y para ellos tienen unos botones como estos. Las instrucciones dicen, por ejemplo: "Presiona el botón 3 por 5 segundos"; "Presiona el botón 6 por 1 segundo"; "Presiona el botón 3 y el 5 por 6 segundos", etc. A menos que siguieran las instrucciones de la primera página no podrían ver las otras 32 páginas de la prueba. ¿Cuánto tendría que pagarles para que la hicieran durante una hora? Ahora supongamos que cambio la palabra "prueba" por "juego", que giro esta imagen, que achico los botones, los dispongo de esta manera, les pongo colores bonitos y quizás un estilo diferente. Y en lugar de usar palabras, represento las tareas a cumplir de manera visual, así. Noten que la tarea es exactamente la misma: hay que presionar los botones de manera específica para avanzar a la siguiente página o nivel, en todo caso. Imaginen que es 1986. ¿Cuánto me pagarían por hacer esta prueba durante una hora? Si no tienen buena imaginación, aquí les va una pista. (Vídeo) Niño: ¡Nintendo! (Llora) Ay papá, gracias. ¡Gracias! Padre: No vengas a abrazarme, ve a jugar con él. (Niño llora) (Audiencia) (Risas) Ese debe de ser el mejor vídeo de todos los tiempos. (Risas) Como científico de YouTube, a veces siento que la gente ha categorizado de manera negativa el aprender sobre la ciencia. Nunca les enseñaron bien, así que les da miedo. Lo sienten más como una prueba. Y mi objetivo es tomar las mismas clases de física que odiaban e intentar que aprendan algo de manera divertida. Básicamente, ir de la prueba al juego. Por ejemplo, en este vídeo hice una bañera con arena líquida. Y este es otro de mis sobrinos con inexplicables problemas de confianza. (Risas) En el vídeo explico que es una cama fluidificada, y hablamos sobre el principio de flotabilidad y cómo funciona. Y uso varios ejemplos, como la secadora con la pelota de ping pong. Me gusta abordar los temas de ciencia como un velociraptor al ataque. He logrado atraer a la gente con cosas sorprendentes como la bañera y entonces, cuando menos lo esperan... (Vídeo) (Gruñido) Robert Muldoon: Chica lista. M.R: Debo admitir que la analogía se arruina un poco con ese final. Pero cuado remoldeamos el proceso de aprendizaje, centrándonos en la meta, solemos deshacernos del miedo a fallar y comenzamos a aprender de manera natural. Voy a acabar con un pensamiento. A alguien se le ocurrió esta caricatura, y me encantó. Esto es muy cierto, pero, a menudo, en la vida nos decimos que queremos la primera versión, que es la que esperamos. Pero algo sucede: quizá una mala calificación en un examen o una reunión con un cliente que salió muy mal. Tal vez es una ruptura dura. Tal vez fallamos un tiro libre. Algún caparazón verde nos golpea. Y entonces, al primer contratiempo o señal de fracaso, empezamos a dudar. Pensamos que no somos suficientemente buenos o inteligentes. Pero si el rectángulo de abajo es un juego en el que estrellas la bici pero tienes que llegar en bici a la bandera, no dices: "Oh, choqué con las rocas. Dejaré la bici aquí. No soy tan bueno", renuncias y te vas. Ves esa bandera a la derecha, y dices: "¿Qué acabo de aprender? Bueno, la próxima vez, saldré con mayor velocidad y alzaré la parte delantera de la bici". Quieres intentarlo de nuevo y te emociona volver a intentarlo. Solemos decir que en la vida queremos desafíos como el primero, pero eso es aburrido. Si fuera un verdadero videojuego, un libro o una película que estuviera en el mercado, sería un fracaso total. Nadie lo compraría. ¿Dónde están los riesgos, las recompensas y los desafíos? No hay ningún sentimiento de satisfacción. La imagen de abajo es la vida real, y no es un error sino una característica. Piensen en algo que sea importante para Uds., ya sea un título, una relación de amistad, un familiar o un logro profesional. Estoy seguro de que se parecía más a la imagen de abajo que a la imagen superior. Fracaso tras fracaso hasta lograr el objetivo, a tal punto que ahora es algo de valor. Como esos valiosos momentos de mi adolescencia cuando decía: "Ey, anoche por fin vencí a Bowser". Siento que muchos éxitos de mi vida se relacionan con el efecto Super Mario. Estructurar los desafíos de esta forma me ha funcionado, pero los resultados pueden variar. Todos somos diferentes, y no sé qué les parece a Uds. tomar este principio y aplicarlo en sus vidas. Pero si tenemos estos resultados reales de una gran variedad de gente única, significa que no soy el único. Hay un principio universal en juego aquí. Si se enfocan en la princesa y aceptan los desafíos de la vida como un videojuego, pueden engañar al cerebro, aprender más y tener más éxito. Gracias. (Aplausos)