Jason B. Rosenthal
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Hay tres palabras que explican por qué estoy aquí: "Amy Krouse Rosenthal". Cuando Amy llegaba al final de su vida, a base de morfina y de cuidados paliativos en casa, el "New York Times" publicó un artículo que ella escribió para la columna "Modern Love" el 3 de marzo de 2017. Fue leído en todo el mundo por más de cinco millones de personas. El artículo era insoportablemente triste, irónicamente gracioso y despiadadamente honesto. Si bien se refería a nuestra vida juntos, el tema central del artículo era yo. Lo tituló: "Te recomiendo casarte con mi esposo". Era una creativa descripción publicitaria sobre mi persona. Literalmente, Amy me dejó un espacio vacío para llenar con otra historia de amor. Amy fue mi esposa durante la mitad de mi vida. Fue mi compañera en la crianza de tres hijos maravillosos, ahora adultos, y, realmente, era mi chica. Teníamos mucho en común. Nos encantaba el mismo arte, los mismos documentales, la misma música. La música era una parte esencial de nuestra vida juntos. Y compartíamos los mismos valores. Estábamos enamorados, y nuestro amor se hizo más fuerte hasta su último día. Amy fue una escritora prolífica. Además de dos originales autobiografías, publicó más de 30 libros para niños. Después de su muerte, el libro que escribió con nuestra hija Paris, llamado "Querida niña", alcanzó el puesto número uno entre los libros más vendidos según el "New York Times". Se autodescribía como una pequeña cineasta. Medía 1,55 m y sus películas no eran tan largas. (Risas) Sus películas reflejaban su capacidad natural para reunir a las personas. Era también una excelente oradora; hablaba con niños y adultos de todas las edades en todo el mundo. Ahora bien, mi historia de dolor es única en el sentido de que es bastante pública. Sin embargo, el proceso de duelo en sí no era solo mi historia. Amy me dio permiso para seguir adelante, y estoy muy agradecido por eso. Ahora, a poco más de un año de mi nueva vida, aprendí algunas cosas. Estoy aquí para compartir con Uds. parte del proceso de avanzar a través del dolor y con el dolor. Pero antes, creo que vale la pena hablar un poco sobre el fin de la vida, porque eso es lo que explica mi estado emocional desde entonces. La muerte es un tema tan tabú, ¿verdad? Amy comió por última vez el 9 de enero de 2017. De alguna manera vivió dos meses más sin comida sólida. Los médicos dijeron que podíamos atenderla en casa o en un hospital. No nos dijeron que Amy se reduciría a la mitad de su peso corporal, que nunca volvería a dormir con su marido y que subir las escaleras hacia nuestra habitación pronto sería para ella como correr un maratón. La internación domiciliaria tiene el aura ser un bello lugar donde morir. Qué bueno no tener que oír el sonido de máquinas pitando encendiéndose y apagándose todo el tiempo, sin interrupciones para la administración obligatoria de medicamentos, viviendo con la familia hasta morir. Hicimos todo lo posible para que esas semanas fueran lo más significativas posible. Hablábamos a menudo sobre la muerte. Todos saben que la muerte les llegará con seguridad, pero poder hablar abiertamente sobre ella fue liberador. Hablamos sobre temas como la educación de los hijos. Le pregunté a Amy cómo ser el mejor padre para nuestros hijos en su ausencia. En esas conversaciones, ella me dio confianza al enfatizar la gran relación que tenía con cada uno de ellos, y que podía hacerlo. Sé que habrá muchas situaciones donde desearía que ambos pudiéramos tomar decisiones juntos. Siempre estuvimos muy sincronizados. Me tomo el atrevimiento de sugerirles a Uds. que hablen de ese tema ahora, cuando están sanos. Les pido que no esperen. Como parte de la internación en casa, organizamos recibir visitas en grupo. Qué valiente fue Amy en recibirlos, aun cuando comenzaba su deterioro físico. Una noche, los Krouse nos visitaron, sus padres y tres hermanos, y luego los amigos y la familia. Cada uno contaba hermosas historias de Amy y de nosotros. Amy produjo un gran impacto en sus leales amigos. Pero la internación en la casa no es tan agradable para el resto de la familia. Les contaré algo íntimo, y es que hasta el día de hoy me asaltan los recuerdos de esas últimas semanas. Recuerdo cuando caminaba hacia atrás en dirección al baño, ayudando a Amy con cada paso. Me sentía muy fuerte. No soy un tipo tan grande, pero mis brazos se veían y sentían muy fuertes en comparación con el frágil cuerpo de Amy. Y ese cuerpo se quebró en nuestra casa. El 13 de marzo del año pasado, mi esposa murió de cáncer de ovario en nuestra cama. Llevé su cuerpo sin vida por las escaleras, crucé el comedor hasta la sala de estar y la puse en una camilla que la trasladaría para ser cremada. Nunca me quitaré esa imagen de la cabeza. Si conocen a alguien que ha pasado por la experiencia de la internación en casa, sabrán de qué hablo. Solo díganles que escucharon a un tal Jason hablar sobre lo difícil de sobrellevar esos recuerdos y que estarán allí para escucharlos si desean hablar. Es posible que no quieran hablar, pero es bueno conectarse con alguien que vive cada día con esas imágenes imborrables. Sé que suena increíble, pero nunca me hicieron esa pregunta. El escrito de Amy me hizo experimentar el dolor de una manera pública. Muchos lectores me contactaron y escribieron bellas reflexiones. El impacto causado por Amy tuvo un alcance más profundo y rico de lo que incluso nosotros y su familia sabíamos. Algunas de las respuestas que recibí me ayudaron con el intenso proceso de duelo por su humor, como el correo electrónico de una mujer que leyó el artículo, donde decía: "Me casaré contigo cuando estés preparado, (Risas) siempre y cuando dejes de beber para siempre. No pongo otras condiciones. Prometo vivir más años que tú. Muchas gracias". Ahora bien, me gusta un buen tequila, pero no es mi problema. Sin embargo, ¿cómo podría decir que no a esa propuesta? (Risas) Lloré y reí al mismo tiempo al leer esta nota de un amigo de la familia: "Recuerdo las cenas de Shabat en tu casa y a Amy enseñándome a hacer crutones de pan de maíz. Solo Amy podía ser creativa con los crutones". (Risas) El 27 de julio, a pocos meses de la muerte de Amy, mi padre murió por las complicaciones surgidas luego de décadas de lucha contra el Parkinson. Y me pregunté: ¿cuánto puede soportar la condición humana? ¿Qué nos hace capaces de lidiar con esta pérdida intensa y aun así continuar? ¿Era una prueba? ¿Por qué mi familia y mis increíbles hijos? Buscar respuestas, lamento decir, es una misión de por vida, pero la clave para poder perseverar es el expreso mandato público de Amy que debo continuar. A lo largo de este año, he hecho exactamente eso. Intenté salir y buscar la alegría y la belleza que sé que esta vida es capaz de proporcionar. Pero la realidad es esta: esas reuniones familiares, las bodas y eventos en honor a Amy son grandes manifestaciones de cariño, pero muy difíciles de sobrellevar. La gente dice que soy increíble. "¿Cómo te manejas así en estos duros momentos?" Dicen: "Lo haces con tanta entereza". Pero, ¿saben qué? En realidad, estoy triste la mayor parte del tiempo. A menudo me siento confundido, y sé que estos sentimientos aplican a otros cónyuges, hijos, padres y demás familiares que pasan por un duelo. En el zen japonés, hay un término, "shoji", que se traduce como "nacimiento-muerte". No hay separación tal entre la vida y la muerte sino una línea delgada que las conecta. El nacimiento, o la parte alegre, maravillosa y vital de la vida, y la muerte, la parte que no queremos, deben ser enfrentadas por igual. En esta nueva vida que tengo, hago lo posible para aplicar este concepto mientras avanzo en mi dolor. Sin embargo, en los primeros meses tras la muerte de Amy, estaba seguro de que la sensación de desesperación estaría siempre presente, que me consumiría. Pronto tuve la suerte de recibir algunos consejos alentadores. Muchas personas que han perdido a su pareja me contactaron. Una amiga que también había perdido a su compañero de vida me repetía: "Jason, encontrarás alegría". Ni siquiera sabía de qué estaba hablando. ¿Cómo era posible algo así? Pero porque Amy me dio un permiso muy público para encontrar la felicidad, ahora siento alegría de vez en cuando. Allí estaba, bailando toda la noche en un concierto de LCD Soundsystem, viajando con mi hermano y mi mejor amigo o con un compañero de la universidad, todos varones, para conocer a un grupo de tipos maravillosos que nunca había escuchado. Al observar el sol que daba sobre mi cubierta en un día frío, allí tendido, con el calor que abrasaba mi cuerpo, la alegría viene de mis tres maravillosos hijos. Estaba mi hijo Justin, enviándome una foto con un caballero mayor con un antebrazo macizo y fuerte y la leyenda, "Acabo de conocer a Popeye" con una gran sonrisa en el rostro. (Risas) Estaba su hermano Miles, caminando hacia el tren en su primer día de trabajo tras graduarse en la universidad, quien se detuvo, me miró y preguntó: "¿Qué estoy olvidando?" Le aseguré de inmediato, "Estás 100 % listo. Lo tienes". Y con mi hija Paris, caminando juntos por Battersea Park en Londres, las hojas amontonadas, el sol brillando en la madrugada de nuestro camino hacia yoga. Agregaría que la belleza también está allí por descubrirse, y me refiero a la belleza de la variedad wabi-sabi, pero belleza al fin. Por un lado, cuando veo algo de este tipo, quiero decir: "Amy, ¿viste eso? ¿Oíste eso? Es demasiado hermoso para que no lo compartas conmigo". Por otra parte, ahora vivo estos momentos de una manera completamente nueva. Está la belleza que encontré en la música, como en el último álbum de la Orquesta de Manchester, cuando la canción "The Alien" hace una suave transición hacia "The Sunshine", o la inquietante belleza del "Killing Me" de Luke Sital-Singh cuyo estribillo dice, "Y me está matando que no estés aquí conmigo. Estoy viviendo feliz, pero me siento culpable". Hay belleza en los momentos simples que la vida tiene para ofrecer, una forma de ver ese mundo que era parte indisoluble del ADN de Amy, como en mi viaje diario por la mañana, mirando el sol que se refleja en el lago Michigan, o deteniéndome a ver cómo brilla la luz en diferentes momentos del día en la casa que construimos juntos; incluso tras una tormenta en Chicago, contemplando la nieve recién caída en todo el vecindario; o asomándome a la habitación de mi hija mientras ella practica el bajo. Quiero dejar en claro que soy una persona muy afortunada. Tengo la familia más increíble, que me ama y me apoya. Tengo recursos para el crecimiento personal durante mi proceso de duelo. Pero ya sea un divorcio, la pérdida de un trabajo por el que se esforzaron tanto o la muerte de un familiar, sea repentina, o lenta y dolorosa, me gustaría ofrecerles lo que yo recibí: un espacio en blanco en una hoja de papel. ¿Qué harían con ese espacio vacío intencional, con ese nuevo comienzo? Gracias. (Aplausos)