James Hansen
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¿Qué conozco yo, un científico reticente del medio oeste, que pueda hacer que me arresten en una protesta frente a la Casa Blanca? Y, ¿qué harían Uds. si supieran lo que yo sé? Empecemos con la forma como llegué a este punto. Tuve la suerte de crecer en un momento en que no era difícil para el hijo de un colono hacer su carrera en la universidad estatal.

Y fui muy afortunado de ir a la Universidad de Iowa donde pude estudiar con el profesor James Van Allen que construyó instrumentos para los primeros satélites de EE.UU. El profesor Van Allen me contó de las observaciones de Venus; que había intensa radiación de microondas. ¿Significa esto que Venus tenía una ionosfera? ¿O era Venus muy caliente? La respuesta correcta, confirmada por la nave soviética Venera, fue que Venus era muy caliente... 900°F (480°C). Y se mantiene caliente gracias a una espesa atmósfera de dióxido de carbono.

Tuve la suerte de entrar a la NASA y proponer con éxito un experimento para viajar a Venus. Nuestro instrumento tomó esta imagen del velo de Venus, que resultó ser una niebla de ácido sulfúrico. Pero mientras se construía el instrumento me involucré en los cálculos del efecto invernadero aquí en la Tierra, porque nos dimos cuenta que la composición de la atmósfera está cambiando. Finalmente renuncié al cargo de investigador principal en nuestro experimento de Venus porque un planeta que cambia ante nuestros ojos es más interesante e importante. Sus cambios afectarán a toda la humanidad.

Se ha estudiado al detalle el efecto invernadero durante más de un siglo. El físico británico John Tyndall, en la década de 1850, hizo mediciones de laboratorio de la radiación infrarroja, que es el calor. Y demostró que los gases como el CO2 absorben el calor, actuando así como una manta que calienta la superficie terrestre.

Trabajé con otros científicos para analizar las observaciones del cambio climático. En 1981, publicamos un artículo en la revista Science que concluía que el calentamiento observado en el siglo anterior de 0,4 grados Celsius era consistente con el efecto invernadero del incremento de CO2. Que posiblemente la Tierra se calentaría en los años 1980 y que ese calentamiento excedería el nivel de ruido aleatorio del clima para finales del siglo. También dijimos que el siglo XXI vería desplazamientos de zonas climáticas, regiones propensas a la sequía en América del Norte y Asia, erosión de las capas de hielo, aumento del nivel del mar y la apertura del legendario Paso del Noroeste. Todos estos impactos ya han ocurrido o están en marcha.

Ese documento salió en la primera página del New York Times y me llevó a dar testimonio ante el Congreso en la década de 1980. Testimonio en el que resalté que el calentamiento global aumenta ambos extremos del ciclo del agua de la Tierra. Las olas de calor y las sequías, por un lado, se deben al calentamiento pero también, una atmósfera más caliente contiene más vapor y con su energía latente produce precipitaciones que se vuelven más extremas. Habría tormentas más fuertes y más inundaciones. La conmoción por el calentamiento global me consumió el tiempo y me distrajo de mis investigaciones; en parte porque me he quejado de que la Casa Blanca alteró mi testimonio. Así que decidí volver a hacer solamente ciencia y dejar las comunicaciones a otros.

15 años más tarde la evidencia del calentamiento global era mucho más fuerte. Muchas de las cosas mencionadas en el artículo de 1981 ya eran hechos. Tuve el privilegio de hablar dos veces en la comisión presidencial del clima. Pero las políticas energéticas siguieron centrándose en la búsqueda de más combustibles fósiles. A la sazón ya teníamos dos nietos, Sophie y Connor. Decidí evitar que en el futuro ellos digan: "El abu entendía lo que pasaba pero no lo dijo claramente". Así que decidí dar una charla pública criticando la falta de una política energética adecuada.

Fue en la Universidad de Iowa en el 2004 y en el coloquio de 2005 de la Unión Geofísica de EE.UU. Esto ocasionó llamadas de la Casa Blanca a la sede de la NASA y me dijeron que no podía dar charlas o hablar con los medios sin aprobación explícita de la NASA. Después de informar al New York Times de estas restricciones la NASA se vio obligada a poner fin a la censura. Pero hubo consecuencias. Yo había estado usando la primera línea de la declaración de misión de la NASA, "Entender y proteger nuestro planeta", para justificar mis charlas. Pronto se eliminó la primera línea de la declaración de misión y nunca volvió a aparecer.

En los años siguientes sentí cada vez más la necesidad de comunicar la urgencia de un cambio en las políticas energéticas mientras seguía investigando la física del cambio climático. Describiré la conclusión más importante de la física, primero respecto del balance energético de la Tierra y luego sobre la historia del clima terrestre.

Agregar CO2 al aire es como poner otra manta sobre la cama. Reduce la radiación de calor terrestre al espacio lo que produce un desequilibrio temporal de energía. Entra más energía de la que sale hasta que la Tierra se calienta lo suficiente como para irradiar al espacio otra vez tanta energía como la que absorbe del sol. Por lo tanto, la cantidad clave es el desequilibrio energético terrestre. ¿Entra más energía de la que sale? Si es así, habrá más calentamiento. Ocurrirá sin agregar más gases de efecto invernadero.

Ahora, finalmente, podemos determinar el desequilibrio energético con precisión midiendo el contenido de calor de los reservorios de calor de la Tierra. El mayor reservorio, el océano, era el peor medido hasta que se distribuyeron más de 3000 flotadores Argo en los océanos del mundo. Estos flotadores revelan que la mitad superior del océano se está calentando a una velocidad considerable. El océano profundo también se calienta, pero a menor velocidad, y la energía se va al derretimiento neto del hielo del planeta. Y el suelo, a profundidades de decenas de metros, también se calienta.

Hoy el desequilibrio energético total es de unas seis décimas de vatio por metro cuadrado. Puede no parecer mucho pero sumado a nivel planetario, es enorme. Es unas 20 veces mayor a la tasa de uso de energía mundial. Equivale a la explosión de 400 000 bombas atómicas de Hiroshima por día los 365 días del año. Esa es la cantidad de energía extra que recibe la Tierra cada día. Este desequilibrio, si quisiéramos estabilizar el clima, implica que debemos reducir el CO2 de 391 ppm, partes por millón, a 350 ppm. Ese es el cambio necesario para restaurar el balance energético y prevenir más calentamiento.

Los escépticos del cambio climático dicen que el sol es la causa principal. Pero el desequilibrio energético más bajo de la historia ocurrió durante el mínimo solar, cuando la energía proveniente del sol era menor. Sin embargo, entró más energía de la que salió. Esto demuestra que el efecto de las variaciones del sol sobre el clima es desbordado por el aumento de gases de efecto invernadero debido principalmente a la quema de combustibles fósiles.

Ahora hablemos de la historia del clima en la Tierra. Estas curvas de la temperatura mundial del CO2 atmosférico y del nivel del mar se obtuvieron de núcleos del océano y de núcleos de hielo antártico, de sedimentos oceánicos y copos de nieve acumulados año tras año durante más de 800 000 años formando una capa de hielo de 3 km. Como ven, hay una correlación alta entre la temperatura, el CO2 y el nivel del mar. Un examen cuidadoso muestra que los cambios de temperatura anteceden levemente a los cambios de CO2 en algunos siglos. Los escépticos del cambio climático usan este hecho para confundir y engañar al público diciendo: "Miren, la temperatura provoca el cambio de CO2, no a la inversa". Pero ese desfase es exactamente lo esperado.

Los pequeños cambios en la órbita terrestre que ocurren cada decenas o cientos de miles de años alteran la distribución de la luz solar en la Tierra. Cuando hay más luz solar en latitudes altas, en verano, el hielo se derrite. La disminución de las capas de hielo oscurecen al planeta, y éste absorbe más luz solar tornándose más caliente. Un océano más caliente, libera CO2 al igual que una Coca-Cola caliente. Y más CO2 provoca más calentamiento. Así que el CO2, el metano y las capas de hielo fueron reacciones que amplificaron el cambio de la temperatura global provocando estas enormes oscilaciones climáticas ancestrales a pesar de que el cambio climático se inició con una fuerza muy débil.

El punto importante es que estas mismas reacciones amplificadoras ocurren actualmente. La física no cambia. Conforme la Tierra se calienta, ahora debido al CO2 extra que ponemos en la atmósfera, se derrite el hielo y se libera CO2 y metano por el calentamiento oceánico y el deshielo del permafrost. Si bien no podemos decir exactamente qué tan rápido ocurrirá esta reacción amplificadora lo cierto es que se producirá, a menos que detengamos el calentamiento. Hay evidencia de que las reacciones ya empezaron. Mediciones precisas de GRACE, satélite gravitatorio, revelan que tanto Groenlandia como la Antártida están perdiendo masa, varios cientos de kilómetros cúbicos por año. Y la tasa se ha acelerado desde que empezaron las mediciones hace nueve años. El metano también empieza a escapar del permafrost.

¿Qué aumento del nivel del mar podemos esperar? La última vez que el CO2 fue de 390 ppm, el valor actual, el nivel del mar era superior en al menos 15 metros, 50 pies. Donde están sentados ahora estaría bajo el agua. La mayoría de las estimaciones para este siglo indican un aumento de al menos un metro. Creo que será más que eso si seguimos quemando combustibles fósiles; quizá lleguemos a 5 metros, 18 pies, en este siglo o poco después.

El punto importante es que habremos iniciado un proceso que escapará al control de la humanidad. Las capas de hielo seguirían desintegrándose durante siglos. No habría un litoral estable. Las consecuencias económicas son casi impensables. Habría cientos de devastaciones como las de Nueva Orleáns en todo el mundo. Lo más condenable, de seguir con este escepticismo climático, sería el exterminio de las especies. La mariposa monarca podría ser una del 20% al 50% de las especies que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático estima que estarán en vías de extinción a finales del siglo si seguimos con el uso actual del combustible fósil.

El calentamiento global ya está afectando a las personas. En Texas, Oklahoma, México, olas de calor y sequías el año pasado, Moscú el año anterior y Europa en 2003 fueron eventos fuera de lo común, más de tres desviaciones estándar por fuera de la media. Hace 50 años, tales anomalías cubrían sólo 2 a 3 décimos del 1% del suelo terrestre. En años recientes, debido al calentamiento global, ahora cubren un 10%; un factor de aumento de 25 a 50 veces. Así que podemos decir con un alto grado de confianza que las severas olas de calor de Texas y Moscú no fueron naturales; fueron provocadas por el calentamiento global. Un impacto importante, si sigue el calentamiento global, estará en el granero de la nación y del mundo, el Medio Oeste y las Grandes Llanuras, que se prevé que sufrirán muchas sequías, peor que el Dust Bowl (desastre ecológico) en unas pocas décadas, si dejamos que siga el calentamiento global.

¿Cómo fue que me metí cada vez más en este intento por comunicar, dando charlas en 10 países, siendo arrestado, consumiendo las vacaciones acumuladas durante más de 30 años? Más nietos me ayudaron. Jake es un chico súper positivo y entusiasta. Aquí, con dos años y medio, piensa que puede proteger a su hermanita de dos días y medio. Sería inmoral dejarle a estos niños un sistema de clima en una espiral fuera de control.

Pero lo trágico del cambio climático es que podemos resolverlo con un enfoque simple y honesto con una tasa creciente sobre el carbono cobrada a las compañías de combustibles fósiles y distribuida 100% electrónicamente cada mes a todos los residentes legales en una base per cápita, sin que el gobierno se quede con un centavo. La mayoría de la gente ganaría más con el dividendo mensual que lo que pagaría en aumento de precios. Esta tasa y los dividendos estimularían la economía y las innovaciones creando millones de empleos. Este es el requisito principal para pasar rápidamente a un futuro de energía limpia.

Hay varios economistas que son coautores de esta propuesta. Jim DiPeso de los Republicanos para la Protección del Medio Ambiente lo describe así: "Transparente. Basado en el mercado. No engrosa el gobierno. Deja las decisiones sobre la energía en manos de las personas. Parece un plan climático conservador".

Pero en lugar de aplicar una tasa creciente a las emisiones de carbono para hacer que los combustibles fósiles paguen su verdadero costo a la sociedad, nuestros gobiernos fuerzan al público a subsidiar los combustibles fósiles en 400 a 500 mil millones de dólares mundialmente cada año fomentando así la extracción de combustible fósil, minería a cielo abierto, tajo minero, fractura hidráulica, arenas bituminosas, alquitrán de esquisto, perforaciones profundas en el Ártico. Este camino, de continuar, garantiza que sobrepasaremos los puntos de inflexión que llevan a la desintegración de las capas de hielo que estarán fuera de control para las futuras generaciones. Una gran porción de las especies estarán condenadas a la extinción. Y el aumento de intensidad de las sequías y las inundaciones afectará severamente a los graneros del mundo, provocando hambrunas en masa y declive económico. Imaginen un asteroide gigante en curso de colisión directa contra la Tierra.

Ese es el equivalente de lo que hoy enfrentamos. Aún así, dudamos y no tomamos medidas para desviar el asteroide a pesar de que cuanto más esperemos, más difícil y costoso se volverá. De haber empezado en el 2005 se habría requerido una reducción de emisiones del 3% anual para restaurar el equilibrio energético planetario y estabilizar el clima en este siglo. Si empezamos el año que viene será del 6% anual. Si esperamos 10 años, será del 15% anual; algo sumamente difícil y costoso, quizá imposible. Pero ni siquiera empezamos.

Así que ahora ya saben lo mismo que yo. Esto es lo que me mueve a disparar esta alarma. Evidentemente, no he conseguido transmitir el mensaje. La ciencia es clara. Necesito la ayuda de Uds. para comunicar la gravedad y la urgencia de esta situación y de sus soluciones de manera más eficaz. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos.

Gracias.

(Aplausos)