Inés Castro Almeyra
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En el momento exacto en que nacemos empezamos a envejecer. El envejecimiento es el fluir de la vida, el proceso más natural del ser humano. Sin embargo, es el más resistido. Invertimos tantos recursos en vivir más y más años y, aun así, pareciera que es una etapa a la que no queremos llegar. Nadie quiere ser viejo. ¿Por qué? Hace unos años, cuando empecé a trabajar en los temas de longevidad, mucha gente me preguntaba "¿qué hacés vos, tan joven, ocupándote de viejos?" "Es mi futuro", les respondía. "Pienso vivir muchos años y hacia ahí voy". Lo que no decía en ese momento, y es una de las razones más poderosas para involucrarme con este tema, es el miedo. "¿Miedo a ser vieja?" No, miedo a vivir en una sociedad donde lo más importante es ser o parecer joven. Miedo a que mis conocimientos y mi experiencia vayan perdiendo valor; a que mi palabra no sea tenida en cuenta. Miedo a quedar al margen. Todo esto está pasando hoy a millones de personas. La discriminación por edad es la más extendida en el mundo. Y las mujeres mayores, las que más lo sufren. Además, los estereotipos vinculados a la edad siguen estando socialmente aceptados. Los podemos ver en las publicidades, en las búsquedas laborales, en los chistes que hacemos. Y lo peor de todo es que muchas veces ni los percibimos, o los dejamos pasar. Estos estereotipos encasillan a las personas mayores. Veamos algunas generalizaciones que meten a todos en la misma bolsa. Por ejemplo, esta idea tan común de que los mayores están enfermos o dependen de otros. Cuando los datos del Barómetro de la Deuda Social nos dicen que el 70 % de las personas mayores hoy en Argentina son autoválidas. Es decir, que se pueden cuidar a sí mismas y cuidar a otros. O esta creencia compartida de que los mayores están tristes o deprimidos. Cuando el 80 % dice ser feliz. Y eso es mucho más que lo que manifiesta la gente de mi edad o incluso más jóvenes. O esta etiqueta de clase pasiva. ¡Clase pasiva! ¡Qué injusta me parece esa definición! Porque no representa a tantos mayores que hoy están trabajando, están creando, están haciendo deporte, participando en voluntariados, cuidando a otros. Los estereotipos son muy poderosos y tienen un impacto enorme en la vida de las personas. Porque determinan comportamientos sociales e institucionales. Si yo les pido ahora por un minuto que piensen en una persona llevando adelante un proyecto súper innovador, ¿se imaginan alguien así? ¿Saben lo difícil que es para una persona de 65 o más conseguir un crédito o un financiamiento para su proyecto? Aun cuando está demostrado que los proyectos donde se involucran personas mayores tienen más probabilidades de éxito. Sin embargo, nunca encontré ni una beca ni una convocatoria, ni una oportunidad de financiamiento que los incluya. Otro ejemplo, los vacíos que existen en el campo de la salud. En la mayoría de las universidades públicas de nuestro país no existe la materia de geriatría. Los estudiantes de medicina se forman para tratar adultos jóvenes, no mayores. Todo lo relacionado al envejecimiento es apenas un tema en Clínica General. ¿Es así como nos estamos preparando para la nueva longevidad que supimos conseguir? O lo que está pasando con los profesores universitarios en cualquier campo. Que a los 70 son invitados a retirarse por cuestiones de edad. ¿Quién define ese límite cronológico donde a los 69 podés dar clase y a los 71 no? Los medios de comunicación tampoco están ayudando porque reproducen y magnifican estos estereotipos. Hace un tiempo, en una reunión con un importante medio nacional, les pregunté por qué cada vez que trataban el tema personas mayores usaban la misma foto. Esa de la persona mayor en un banco de plaza dándole de comer a las palomas. (Risas) ¿La ubican? "Es la única que tenemos en archivo", fue la respuesta. Y tan mala prensa tiene la vejez que además de imágenes nos faltan palabras: adultos mayores, tercera edad, viejos, viejos son los trapos, gerontes, ancianos, todavía no encuentro una palabra que identifique o conforme a todos. La única que sugiero evitar es abuelo o abuelita. Salvo que sean sus nietos, claro. (Risas) "Es por cariño", se justifican algunos. Pero si es por cariño, a mí me podrías decir "mamita" porque soy mujer en edad reproductiva, y no corresponde. Las personas mayores tienen un nombre, como todos. Los estereotipos lastiman, excluyen y vuelven invisibles a muchos. Hoy en la Argentina hay 6 millones de personas mayores de 60 años. En el 2050, va a haber más mayores que niños y adolescentes. Es el grupo social que más crece. Y esto también está pasando en el mundo. Somos ya una sociedad envejecida. Y no queremos vernos ni asumirnos. Si nos asumiéramos, descubriríamos un mundo de oportunidades. Para innovar, para crear empleo, para diseñar nuevos productos y servicios. Esta nueva longevidad abre puertas inéditas para que repensemos los próximos años en lo económico, en lo social y en lo cultural. Y les voy a dar un ejemplo. En este país, una de cada tres personas mayores dice que sus necesidades de recreación y entretenimiento están poco o nada satisfechas. O que si tuvieran la oportunidad seguirían estudiando y formándose. Sin embargo, las propuestas de ocio y educación que existen están pensadas casi exclusivamente para niños y jóvenes. Todas estas oportunidades no las podemos detectar intuitivamente. Porque los mayores son un grupo muy diverso que ya no responde a los patrones tradicionales que todavía tenemos en nuestras cabezas. Además, muchos de nosotros todavía no pasamos por esa etapa. Por eso mi propuesta es que escuchemos y aprendamos de las personas mayores para realmente entender cuáles son sus nuevas necesidades, sus nuevas posibilidades, deseos y gustos. Hace un tiempo, entrevistando a una persona mayor, no me quedaba claro si quería hacer actividades con personas de su edad o con más jóvenes. Y le pregunté: "¿Qué es lo que querés?" "Quiero estar en la vida". Cada etapa en la vida tiene su potencial. Para descubrirlo tenemos que asumir nuestros estereotipos y contrastarlos con la nueva realidad. Porque viejos no son los otros. Viejos somos nosotros y los que vamos a ser. Muchas gracias. (Aplausos)