Guy Standing
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Es muy difícil hablar justo después de escuchar a un gran músico y de una oradora hermosa con un robot bebé. Muy difícil, especialmente cuando todos quieren irse a almorzar. (Risas) Ahora bien, quiero desarrollar el tema de este maravilloso TEDxLakeComo hablando de puentes. El primer puente que quiero mencionar es que 800 años atrás un rey de 10 años de edad, sin saber lo que hacía, aprobó un documento que garantizaba a cada hombre y cada mujer de la sociedad el derecho a la subsistencia, el derecho, en efecto, a una renta básica, el derecho a una vivienda, a un trabajo y a los bienes comunes. En los 50 años siguientes de su reinado, intentó reformar esa ley. Pero le aconsejaron, atinadamente, que si lo hacía, habría una revolución, porque el pueblo quería mantener ese derecho a una renta básica. Quiero tomar esa historia como un puente que empezó hace 800 años y se extendió hasta mi época de estudiante, cuando me convencí de que la única política progresista posible en respuesta a la economía neoliberal que se gestaba en ese momento era la renta básica. Primero definiré el concepto y luego hablaré del segundo puente. Una renta básica es la idea de que todos los aquí presentes incluidos los niños, tendrían derecho a un ingreso permanente y decente por parte del Estado, sería incondicional a nivel conductual, pagado en efectivo, cuyo beneficiario podría gastarlo como quiera, y sería individual. Eso es lo que se entiende por renta básica. El discurso del "Movimento 5 Stelle" ha empezado a cambiar las cosas, pero no expresa exactamente lo que pienso yo, pero eso lo dejaré de lado. Porque el segundo puente es el siguiente: hoy estamos al principio del puente, pero nos enfrentamos a ocho gigantes que bloquean nuestro camino hacia una sociedad mejor. Otra metáfora que se podría usar es que nos enfrentamos a una "tempesta perfetta", una tormenta perfecta de factores que repentinamente defienden a la renta básica casi como una realidad establecida. Durante muchos años, gente como yo fue considerada loca, mala y peligrosa, comunista, idealista, utópica, y demás epítetos. Nos descalificaron sin miramientos. Pero en los últimos cinco años, esta tormenta perfecta ha cambiado el diálogo, ha cambiado el escenario. De pronto, nos consideran casi respetables. Es una posición peligrosa. Y nos invitan a dar una charla TEDx, cuando antes nos habrían considerado demasiado locos para ser invitados. Ahora bien, ¿quiénes son esos gigantes que tenemos delante? El primer gigante está encarnado por una desigualdad increíble. La globalización, los cambios tecnológicos y políticos, han conducido a un modelo de capitalismo salvaje en el que una pequeña plutocracia se beneficia con miles de millones y el resto quedamos peleando por ingresos cada vez más bajos. Como resultado, la gente debe migrar, y también produce otras consecuencias de las que hablaré más adelante. Así que los plutócratas allí arriba hacen miles de millones. Uno de mis favoritos es Jeff Bezos. Jeff Bezos, cada semana de este año, cada semana, ha aumentado sus ingresos 400 millones de dólares. En mi caso, no hice 400 millones de dólares ni en los últimos seis meses. Y me atrevo a decir que tampoco ustedes. ¡Cada semana! Estos plutócratas, por supuesto, dominan el mundo. Uno de ellos está en la Casa Blanca, y muchos otros en puestos de poder. La realidad es que el sistema de distribución de la renta del siglo XX se ha derrumbado. Antes, en las economías capitalistas, la proporción de ingresos destinada a ganancias del capital y las rentas, y la proporción destinada al trabajo eran relativamente constantes. Pero en los últimos 30 años, en todo el mundo, la proporción destinada al capital ha subido, y la destinada al trabajo se ha reducido. No hace falta decir que nuestros salarios se han estancado en términos reales, y que son cada vez más volátiles. Esta desigualdad es insostenible porque no hay nada que esté cambiando esta tendencia. El segundo gigante va de la mano con esto, y es la inseguridad crónica. Millones de personas en otras partes, y me atrevo a decir que aquí también, padecen la inseguridad crónica. Tienen la vida marcada por una sensación de incertidumbre, de desconocer lo que no conocen. Y no hay manera de protegerse de esta inseguridad. Los imponderables y los riesgos existen, y provocan cuatro sensaciones. Sensación de ansiedad. Sensación de anomia o desesperanza, en la que nada se puede hacer. Sensación de alienación, que nos hace sentir ajenos a lo que hacemos. Y sensación de ira. La ira en la calle es justificable. Y esto nos lleva al tercer gigante. Existe una pandemia de estrés. La gente está estresada. Siente que no tiene control sobre su vida, siente que no sabe qué hacer con su tiempo. Son parte del precariado o podrían llegar a serlo en el mañana. Y este estrés ha llevado a la angustia, a tendencias suicidas, a un fenómeno increíble: la expectativa de vida en muchos países ha dejado de subir, y ha empezado a bajar. Incluso las personas de mediana edad, como muchos de ustedes en esta sala, se encuentran, de repente, con que sufren de angustia. Y esto se asocia al próximo gigante: la sensación de precariedad. Mis libros sobre el precariado, en cierto modo, me han cambiado la vida, pues a partir de él empecé a recibir miles y miles de correos electrónicos de personas que se consideran parte del precariado, y lo entienden, pero nadie las escucha. Ahora bien, ¿qué significa realmente ser parte del precariado? Significa, como la palabra "precario" en latín antiguo, que todo debe conseguirse mediante el rezo, que hay que suplicar, que no tenemos intervención en las cosas, que tenemos que pedir favores, ser amable con demás, no porque queramos ser amables, sino porque ese es el modo en el que se obtienen favores. Es un tipo de existencia indigna que muchos de nuestros conciudadanos están viviendo en este preciso momento. Esta situación nos hace sentir que corremos sobre arenas movedizas. Sobre arenas movedizas. Y así llegamos al próximo gigante, que va de la mano del resto, pero quien está en el precariado lo enfrenta todos los días. Estar endeudado. Significa vivir en un estado de endeudamiento, en el que un accidente, una enfermedad o un error podría dejarnos en la calle. A veces uso la frase "el síndrome de la mendiga". La gente se despierta en mitad de la noche por una pesadilla, pensando que el menor error puede dejarlos en la calle, con todas sus pertenencias en un par de bolsas de papel. Si nunca han visto a alguien así, están ciegos. Se ven por todas partes. Y esa sensación de endeudamiento va con los dos últimos gigantes. El primero es el que debería preocuparnos a todos, todos los días. Es la amenaza de la extinción. Las amenaza de la extinción de las especies, la amenaza del calentamiento global cada vez más acelerado, la amenaza de la contaminación que envenena el aire, el cual nuestros hijos respiran y les acorta la expectativa de vida. Y esto va de la mano de muchas otras cosas porque tenemos un programa de crecimiento económico, en un momento de recursos agotados en el que no deberíamos intentar acelerar el crecimiento. Pero tenemos que procurar un crecimiento rápido si la mayoría de las ganancias van a los plutócratas y la elite, y la gente de abajo no se beneficia. Por eso, se necesita un crecimiento mayor para elevar el nivel de vida de los de abajo. Y por eso los políticos utilizan la retórica del crecimiento: "Hay que acelerar el crecimiento". Son tiempos en que deberíamos escuchar y pensar ecológicamente, reorientar y recalibrar lo que entendemos por crecimiento. Ahora bien, a estos primeros gigantes se les puede hacer frente si ofrecemos a la gente una seguridad básica. Si hay una seguridad básica, una modesta renta básica, la vida es menos insegura. Se pueden reducir las desigualdades. Se puede alentar a la gente a invertir más tiempo en actividades solidarias, en trabajos voluntarios, como hacer las cosas que queremos hacer, en lugar de ir detrás tan solo del dinero y seguir la doctrina del trabajo, trabajo, trabajo. Muchas formas de trabajar no se consideran trabajo. Los economistas nos han engañado. Si cuido a mi madre anciana, eso no es trabajo Si cuido a tu madre anciana y me pagas un salario, es trabajo. Es un concepto sexista y absurdo. Pero tenemos que afrontar la realidad de que necesitamos una renta básica para lograr una sociedad mejor. No es la panacea, pero es una medida esencial. Ahora vamos quién es el octavo gigante. El octavo gigante está llegando del otro lado del puente, y debería asustarnos: es el gigante del neofascismo, del autoritarismo. Es una alianza entre los plutócratas y la parte atávica del precariado, que escuchan las alertas del neofascismo que dicen: "El enemigo es el otro. El enemigo no eres tú, no soy yo, sino el otro". Estamos presenciando algo que nunca creí que vería en mi vida: el resurgimiento de una retórica, el resurgimiento de escenas que se remontan a los años 30. Estamos siendo testigos de reacciones autoritarias y panópticas. Y, en mi opinión, este es el gigante que está empujando a muchos empresarios, a mucha gente de centro en términos políticos, a decir, de pronto: "Debemos hacer algo". No saben qué, pero están más abiertos a este diálogo. Necesitamos una sociedad amable, una sociedad cordial. Necesitamos frenar, recuperar el control de nuestra vida, reconstruir la solidaridad. Y creo que el ala progresista del precariado, en Italia y en otras partes, entiende las amenazas existenciales de este modelo de capitalismo globalizado, y se desviven, esperan y hacen lo posible por crear una nueva política del Paraíso, con las disculpas de Dante, por escapar de las políticas del Infierno que se precipita sobre nosotros. Creo que hay una nueva generación de políticas, de políticos, de movimientos políticos que quizá, para muchos de los presentes, no son tan buenas personas, ni tan buenos sus mensajes, bla, bla, bla. Pero están creando el espacio, están creando una nueva energía, están haciendo las preguntas correctas. Por eso doy la bienvenida a estas nuevas formas de política. Y creo que todos tenemos un trabajo. Los políticos, por naturaleza, tienen espina dorsal de espagueti, no muy fuerte, de espagueti. Nuestro trabajo es enderezarles la columna vertebral y alentarlos, hacerles sentir que son los líderes, que están creando y estableciendo una nueva sociedad para la convivencia. Y por eso espero que algunos de ustedes nos acompañen en la lucha por una renta básica como parte de un nuevo sistema distributivo. Muchas gracias. (Aplausos)