Grace Kim
2,363,472 views • 10:15

La soledad. Todos en esta sala experimentaremos la soledad en algún punto de nuestras vidas. La soledad no es la función de estar solo, sino la función de cuán conectados socialmente estamos con las personas que nos rodean. Ahora mismo, alguien en esta sala puede estar rodeado de mil personas experimentando soledad. Mientras que la soledad se puede atribuir a muchas cosas, como arquitecta, les contaré hoy cómo la soledad puede ser el resultado de los ambientes que construimos: las mismas casas en que escogemos vivir.

Miremos esta casa. Es una casa bonita. Tiene un patio grande, una cerca de madera, cochera para dos autos. La casa podría estar ubicada en un vecindario así. Y para mucha gente alrededor del mundo, esta casa y este vecindario son un sueño. Pero lo peligroso de alcanzar este sueño es que da un falso sentido de conexión y un mayor aislamiento social.

Sé lo que estarán pensando, alguien en esta sala que me grita dentro de su cabeza, «¡Esa se parece a mi casa y a mi vecindario, y conozco a todos en mi cuadra!». A lo cual responderé «¡Fantástico! Desearía que hubiera más gente como tú» porque apuesto a que hay más gente en esta sala que vive en una situación similar pero que quizá no conoce a sus vecinos. Quizá se reconocen y se saluden, pero discretamente le preguntan a su pareja, «¿Cómo se llaman?» para preguntarles algo por su nombre y fingir que los conocen.

Los medios sociales también contribuyen a este falso sentido de conexión. Esta imagen quizá les sea muy familiar. Están en el elevador, o sentados en una cafetería, y miran a su alrededor y todos están en su teléfono. Uds. no están mensajeando ni mirando el Facebook, pero todos los demás sí, y quizá como yo, han estado en una situación donde hacen contacto visual, sonríen y saludan, y esa persona se saca los audífonos y dice «Lo siento, ¿qué dijo?». Esto me parece increíblemente excluyente.

El concepto que quisiera compartir con Uds. hoy es un antídoto contra el aislamiento.

No es un concepto nuevo. De hecho, es una forma de vida milenaria, y aún perdura en muchas culturas no europeas en el mundo. Hace 50 años, los daneses decidieron inventar un nuevo nombre, y desde entonces, decenas de miles de daneses viven conectados de esta forma. Promoviéndose ampliamente alrededor del mundo porque la gente busca comunidades. Este concepto se llama covivienda.

La covivienda es un vecindario intencional donde la gente se conoce y se cuida mutuamente. En la covivienda se tiene casa propia, pero también se comparten espacios significativos dentro y fuera. Antes de que les muestre fotos de coviviendas, quisiera presentarles a mis amigos Sheila y Spencer. Cuando conocí a Sheila y a Spencer, apenas habían cumplido los 60, y Spencer pensaba en el futuro, luego de una larga carrera en educación primaria. A él no le gustaba nada la idea de que ya no habría niños en su vida después de retirarse. Ahora son mis vecinos. Vivimos en una comunidad de covivienda que no solo diseñé, sino que construí, y donde hice mi práctica de arquitectura. Esta comunidad es muy intencional respecto a nuestra interacción social.

Permítanme darles un recorrido. Desde afuera se ve como cualquier otro pequeño condominio. De hecho, luce idéntico al de junto, excepto que el nuestro es amarillo intenso. Por dentro, las casas son muy convencionales. Todos tenemos salas y cocinas, dormitorios y bañeras, y hay nueve de estas casas alrededor del patio central. Esta es la mía, y esta es la de Spencer y Sheila. Lo que hace a este condominio una covivienda única no son las casas, sino lo que ocurre aquí: la interacción social que ocurre en el patio central y a los alrededores. Cuando miro al otro lado del patio central busco a Spenser y Sheila. De hecho, esto es lo que veo cada mañana, a Spencer saludándome efusivamente mientras hacemos el desayuno.

Desde nuestras casas, miramos al patio desde arriba, y dependiendo de la época del año, vemos esto: niños y adultos en varias combinaciones jugando y pasando el rato juntos. Hay mucha risa y charla, mucho hula hula. Y de vez en cuando, un «¡Oye, deja de pegarme!» o llanto de alguno de los niños. Estos son los sonidos de nuestro día a día y los sonidos de una conexión social. Al fondo del patio, hay unas puertas de dos hojas que llevan a la casa comunal.

Considero que la casa comunal es el ingrediente secreto de la covivienda. Es el ingrediente secreto porque es el lugar donde la interacción social y la vida de la comunidad comienzan, y desde ahí, irradia hacia el resto de la comunidad. En nuestra casa comunal, tenemos un comedor enorme para 28 de nosotros y nuestros invitados, y cenamos juntos tres veces a la semana. Para preparar esos alimentos, tenemos una cocina grande y tomamos turnos para cocinar para los demás en equipos de tres. Eso significa, con 17 adultos, que estoy a la cabeza de la cocina cada seis semanas. En otras dos ocasiones, me toca ayudar a mi equipo con la preparación y la limpieza. Todas las demás noches, solo llego. Ceno, converso con mis vecinos, me voy a casa después de una cena deliciosa preparada por alguien que respeta mis preferencias vegetarianas.

Nuestras nueve familias eligieron voluntariamente una forma de vida alternativa. En vez de perseguir el sueño americano, donde uno quizá vive aislado en casas para una sola familia, nosotros elegimos la covivienda, para incrementar nuestras conexiones sociales. Así es como la covivienda comienza: con una intención compartida de vivir de manera colaborativa. Y la intención es la única y más importante característica que diferencia la covivienda de cualquier otro modelo de vivienda. Mientras que la intención es algo difícil de ver, o incluso mostrar, soy arquitecta, y no puedo evitar mostrarles más fotos.

Así que aquí hay más ejemplos para ilustrar cómo han expresado la intención en algunas comunidades que visité. A través de la cuidadosa selección de muebles, la iluminación y materiales acústicos que respaldan la idea de comer juntos; en la cuidadosamente pensada ubicación y el acceso visual de las áreas de juego para niños alrededor y dentro de la casa comunal; en la consideración de la escala y distribución de los puntos de reunión social dentro y alrededor de la comunidad para apoyar nuestra vida diaria, todos estos espacios ayudan a contribuir y elevar el sentido de «communitas» en cada comunidad.

¿Qué palabra es esa? «Communitas». «Communitas» es una forma elegante de decir «espíritu de comunidad». Después de visitar más de 80 comunidades diferentes, medía el nivel de «communitas», preguntando: ¿Cuán frecuentemente comen juntos? Aunque depende por completo de cada grupo la frecuencia con que lo hacen, sé de algunos que comen juntos cada noche desde hace 40 años. Sé de otros que tienen una cena compartida una o dos veces al mes. Por lo que he visto, les puedo decir que los que comen juntos con más frecuencia muestran niveles más altos de «communitas». Resulta que, cuando se come juntos, uno empieza a planear más actividades juntos. Además, se comparten más cosas. Se comienza a cuidar mutuamente de los hijos. Uno presta sus herramientas eléctricas, o pide prestado el auto.

Y pese a todo esto, como le gusta decir a mi hija, no todo es color de rosa en la covivienda, y no soy la mejor amiga de todas las personas en mi comunidad. También tenemos diferencias y conflictos. Pero vivir en la covivienda significa que nuestra relación es voluntaria. Estamos motivados a resolver nuestras diferencias. Nos visitamos, nos llamamos, expresamos nuestra verdad personal, y cuando es apropiado, nos disculpamos.

Los escépticos dirán que la covivienda solo es interesante o atractiva para un grupo reducido de gente. Y estoy de acuerdo con eso. Si miran las culturas occidentales en el mundo, los que viven en la covivienda son solo un pequeño porcentaje. Pero eso debe cambiar, porque nuestras vidas dependen de ello.

En 2015, la universidad Brigham Young terminó un estudio que muestra un significativo aumento de riesgo de muerte prematura en aquellos que viven aislados. La Dir. Gral. de Sanidad de EE. UU. declaró al aislamiento como una epidemia para la salud pública. Y esta epidemia no es exclusiva de EE. UU.

Cuando dije antes que la covivienda es un antídoto para el aislamiento, lo que debí decir es que la covivienda puede salvar tu vida. Si fuera doctora, les diría que tomaran dos aspirinas y que me llamaran en la mañana. Pero como arquitecta, les voy a sugerir que hagan una caminata con su vecino, que compartan una comida juntos, y que me llamen en 20 años.

Gracias.

(Aplausos)