Elizabeth Wayne
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Tras décadas de investigación y miles de millones de dólares en ensayos clínicos, aún existe un problema con el suministro de medicamentos contra el cáncer. Todavía damos quimioterapia a los pacientes, que es tan poco específica que si bien mata a las células cancerosas, también mata al resto del cuerpo. Y sí, hemos desarrollado fármacos más selectivos, pero sigue siendo un desafío hacer que lleguen al tumor, y acaban acumulándose en otros órganos también o diluyéndose en la orina, lo cual es un desperdicio total. Por eso han surgido campos como el mío para tratar de encapsular estos fármacos, para protegerlos conforme viajan a través del cuerpo. Pero estas modificaciones causan problemas y hacemos modificaciones para solucionarlos.

Con esto trato de decir que debemos mejorar el suministro de medicamentos. Y para ello propongo en vez de usar únicamente el diseño humano, ¿por qué no usar el diseño de la naturaleza?

Las células inmunológicas son vehículos versátiles que viajan por el cuerpo, patrullan en busca de signos de enfermedad y llegan a una herida minutos después de la lesión. Así que les pregunto: Si las células inmunológicas ya están viajando a la lesión o enfermedad en nuestros cuerpos, ¿por qué no sumar un pasajero adicional? ¿Por qué no usar células inmunológicas para suministrar medicamentos y así curar algunos de nuestros mayores problemas con la enfermedad?

Soy ingeniera biomédica, y quiero contarles una historia de cómo uso las células inmunológicas para abordar uno de los problemas más grandes en el cáncer. ¿Sabían que más del 90 % de las muertes por cáncer pueden atribuirse a su propagación? Así que si podemos evitar que estas células cancerosas viajen del tumor primario a un sitio lejano, podemos detener el cáncer justo en su trayectoria y devolver a las personas gran parte de sus vidas.

Para lograr esta misión especial, decidimos proporcionar una nanopartícula compuesta de lípidos, que son los mismos materiales que componen la membrana celular. Y hemos añadido dos moléculas especiales. Una se llama E-selectina, que actúa como un pegamento que liga a la nanopartícula con la célula inmune. Y la segunda se llama TRAIL. TRAIL es una droga terapéutica que mata a las células cancerosas pero no a las células normales. Ahora, si juntamos ambas cosas, tenemos una máquina de matar, sobre ruedas.

Para probarlo, hicimos un experimento con un ratón. Le inyectamos las nanopartículas, que se unieron casi de inmediato a las células inmunológicas del torrente sanguíneo. Y luego inyectamos las células cancerosas para imitar un proceso por el cual las células cancerosas se esparcen por el cuerpo. Y encontramos algo apasionante. Encontramos que en nuestro grupo tratado, más del 75 % de las células cancerosas que inicialmente inyectamos estaban muertas o muriendo, en comparación con solo un 25 %. Así que imaginen: estas pocas células disponibles en realidad pudieron esparcirse a diferentes partes del cuerpo. Y esto tras solo dos horas de tratamiento.

Nuestros resultados fueron asombrosos, y tuvimos una prensa bastante interesante. Mi título favorito era en realidad: "Quizá unas bolas pegajosas puedan detener la propagación del cáncer".

(Risas)

No se imaginan lo orgullosos que estaban mis colegas masculinos, al saber que sus bolas pegajosas algún día podrían curar el cáncer.

(Risas)

Pero puedo decirles que hicieron camisetas muy bonitas e interesantes, bastante atrevidas.

Esta fue también mi primera experiencia hablando con los pacientes que me preguntaban cuándo estaría disponible nuestra terapia. Y atesoro estas historias para recordar la importancia de la ciencia, los científicos y los pacientes.

Nuestros rápidos resultados fueron bastante interesantes, pero todavía teníamos una pregunta pendiente: ¿Pueden nuestras bolas pegajosas, nuestras partículas adheridas a las células inmunológicas, detener la propagación del cáncer? Por eso fuimos a nuestro modelo animal, y hallamos tres elementos importantes. Los tumores primarios eran más pequeños en los animales tratados, había menos células en circulación, y había poca o ninguna carga tumoral en los órganos distantes.

Pero esto no fue solo una victoria para nosotros y nuestras pelotas pegajosas. Para mí, esto también fue una victoria en el suministro de fármacos, y representa un cambio de paradigma, una revolución. Es pasar de solo consumir fármacos, por inyección, y esperar que lleguen al lugar correcto del cuerpo, a usar células inmunológicas como repartidores especiales en el cuerpo. Para este ejemplo, usamos dos moléculas, E-selectina y TRAIL pero, en realidad, las posibilidades de fármacos a usar son interminables.

Y hablé de cáncer, pero adonde va la enfermedad, van las células inmunológicas. Así que esto podría usarse para cualquier enfermedad. Imaginen usar células inmunológicas para entregar agentes cicatrizantes vitales tras una lesión en la médula espinal, o usar células inmunológicas para suministrar medicamentos más allá de la barrera hematoencefálica para tratar el Parkinson o el Alzheimer.

Estas son las ideas que me apasionan de la ciencia. Y desde mi punto de vista, veo muchas promesas y oportunidades.

Gracias.

(Aplausos)