Drew Dudley
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Quiero empezar preguntando a todos: ¿Cuántos de ustedes se sienten cómodos cuando los llaman líderes? ¿Ven? Hice esa misma pregunta por todo el país, y en cada lugar que pregunto, no importa donde sea, siempre encuentro una gran parte de la audiencia que no levanta la mano, y me he dado cuenta de que consideramos el liderazgo como algo más grande que nosotros. Algo que está más allá de nosotros. Algo relacionado con cambiar el mundo. Y tomamos ese título de líder y lo consideramos como algo de lo que algún día seremos merecedores, pero adjudicárnoslo en este preciso momento implicaría llegar a un nivel de arrogancia o vanidad con la que no nos sentimos cómodos. Y a veces me preocupa que pasemos tanto tiempo festejando hechos asombrosos que muy pocos pueden lograr, que estemos convencidos de que esos hechos son los únicos que valen la pena celebrar, y comenzamos a menospreciar los hechos cotidianos, y comenzamos a subestimar momentos en los que realmente somos líderes, y no nos permitimos recibir mérito por ello, y no nos permitimos sentirnos bien por ello. He sido lo suficientemente afortunado en los últimos 10 años de trabajar con gente maravillosa quienes me ayudaron a redefinir el liderazgo de un modo que, creo, me ha hecho más feliz. Y a pesar del poco tiempo que tengo, me gustaría compartir con ustedes la historia que probablemente sea la causa de esa redefinición.

Asistí a una pequeña facultad llamada Mount Allison University en Sackville, New Brunswick, y en mi último día de clases, una joven se me acercó y dijo: "Recuerdo la vez en que nos conocimos". Y luego me contó una historia que había ocurrido 4 años atrás. Me dijo: "El día anterior a que comenzara la universidad estaba en un cuarto de hotel con mis padres, y estaba tan temerosa y convencida de que no podría hacerlo, de que no estaba lista para la universidad, que rompí en llanto. Y mis padres reaccionaron sorprendentemente; me dijeron: 'Sabemos que estás asustada, pero veamos qué pasa mañana. Dejemos que pase el primer día y, si en algún momento sientes que no puedes hacerlo, está bien. Solo dínoslo y te llevaremos de vuelta a casa. Pase lo que pase, te seguiremos amando' ".

Y continuó: "Así que fui al día siguiente y estaba allí, parada en la fila esperando para registrarme, y miré a mi alrededor y lo supe: no podía hacerlo. Sabía que no estaba lista. Sabía que debía abandonarlo todo". Y luego dijo: "Tomé esa decisión, y al instante, sentí que me llenaba de una increíble sensación de paz. Y me di vuelta para decirle a mis padres que debíamos volver a casa, y justo en ese momento, tú saliste del edificio del centro de estudiantes luciendo el sombrero más ridículo que he visto en toda mi vida". (Risas) "Fue genial. Y llevabas un gran letrero promocionando Shinerama, una asociación de estudiantes en lucha contra la fibrosis quística, —una fundación con la que había trabajado muchos años— y tenias un balde lleno de golosinas. Y caminabas por ahí, entregando golosinas a la gente en la fila y les hablabas de Shinerama. Hasta que de repente llegaste hasta mí y te detuviste, y me miraste fijamente. Fue escalofriante". (Risas) Esta joven aquí sabe exactamente de lo que estoy hablando. (Risas) "Y luego miraste al muchacho parado a mi lado, y sonreíste, sacaste una golosina del balde, se lo diste y le dijiste: "Debes entregarle una golosina a la bella joven que está parada al lado tuyo". Y ella dijo: "Nunca vi a alguien avergonzarse tan rápidamente. Se puso rojo como un tomate y ni siquiera se atrevió a mirarme. Solo me entrego la golosina, así". (Risas) "Y me sentí tan mal por él, que agarré la golosina y tan pronto como lo hice, te pusiste serio y miraste a mis padres y les dijiste: "Vean eso. Vean eso. Primer día fuera de casa, ¿y ya acepta caramelos de un extraño?" (Risas) Y ella dijo: "Todos estabamos pasmados y todos a mi alrededor comenzaron a carcajearse. Y sé que esto es cursi, y no sé por qué te lo estoy contando, pero en ese momento, cuando todos reían, supe que no debía abandonar. Supe que estaba donde debía estar, y supe que estaba en casa; y no te he hablado ni una vez en los cuatro años que pasaron desde ese día, pero escuché que te ibas, y tenía que venir a decirte que habías sido una persona muy importante en mi vida y que iba a extrañarte. Buena suerte".

Y luego se fue y me dejó helado. Caminó unos metros, se dio vuelta y dijo: "Probablemente también deberías saber que aún salgo con ese chico cuatro años después". (Risas)

Un año y medio después de que me mudé a Toronto recibí una invitación para su boda.

Pero lo curioso del caso es que no lo recuerdo. No tengo recuerdo de ese momento, y busqué en mis bancos de memoria, porque es un hecho gracioso y debería recordarlo, pero no, no lo recuerdo. Y ese momento me abrió los ojos y me transformó y me puso a pensar cómo el mayor impacto que tal vez había tenido en la vida de alguien, un momento que había hecho que una mujer se acercara a un extraño y cuatro años después le dijera: "Has sido una persona muy importante en mi vida", era un momento que yo ni siquiera recordaba.

¿Cuántos de ustedes tuvieron un momento como el de la golosina? Un momento donde alguien dijo o hizo algo que hizo su vida mejor. Bien, ¿cuántos de ustedes le dijeron a esa persona lo que había hecho? ¿Ven?, ¿por qué no? Celebramos cumpleaños, cuando todo lo que tienen que hacer es no morir por 365 días (risas) y aun así permitimos que la gente que mejoró nuestra vida camine por ahí, sin saberlo. Y cada uno de ustedes, cada uno de ustedes ha sido el catalizador de un momento goloso. Han mejorado la vida de alguien con algo que dijeron o hicieron, y si piensan que no lo han hecho, piensen en todas esas manos que no se levantaron cuando realicé esa pregunta. Son uno de esos que no han sido notificados.

Pero es tan escalofriante pensar que somos tan poderosos. Puede ser atemorizador pensar que importamos tanto para otra persona, porque mientras hagamos que el liderazgo sea algo más grande que nosotros, mientras mantengamos el liderazgo como algo más allá de nosotros, mientras pensemos que es algo que cambia al mundo, nos damos una excusa para no esperarlo de nosotros y de los otros cada día.

Marianne Williamson dijo: "Nuestro mayor temor no es que seamos inadecuados. Nuestro mayor temor es que somos poderosos más allá de lo mensurable. Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad, lo que nos atemoriza". Y lo que quiero decirles hoy es que necesitamos superarlo. Debemos superar nuestro miedo a cuan extraordinariamente poderosos podemos ser en nuestras vidas, el uno con el otro. Debemos superarlo así podremos avanzar, y nuestros hermanos menores, y algún día nuestros niños, o tal vez ahora, puedan observarnos y empezar a valorar el impacto que podemos generar en la vida de cada uno, más que el dinero y el poder, los títulos y la influencia. Debemos redefinir el liderazgo como esos momentos de la golosina, cuántos de ellos creamos, cuántos de ellos reconocemos, cuántos de ellos devolvemos y cuántos agradecemos. Porque hemos hecho que el liderazgo sea algo que cambia al mundo, pero no hay un mundo. Tan solo hay 6 mil millones de concepciones, y si cambias la concepción de una persona, una persona que comprenda de lo que es capaz, una persona que entienda cuánto se preocupan por ella, una persona que capte cuán poderosa puede ser y cuánto puede cambiar este mundo, entonces podremos cambiar todo. Y si podemos entender el liderazgo de esa manera, pienso que podremos redefinirlo de ese modo, pienso que podemos cambiar todo. Es una idea sencilla, pero no creo que sea pequeña, y quiero agradecerles a todos por permitirme compartirla con ustedes hoy.