Daniel Tammet
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Soy un savant, o más exactamente, un autista savant de alto rendimiento. Es una enfermedad rara. Y más raro aún si viene acompañada, como en mi caso, por auto-conciencia y dominio del lenguaje. Muy a menudo, cuando conozco a alguien y conocen esta faceta de mí se produce cierta incomodidad. Puedo verlo en sus ojos. Quieren preguntarme algo. Y al final, muy a menudo, es más fuerte que ellos y de repente dicen: "Si te doy mi fecha de nacimiento, ¿puedes decirme en qué día de la semana nací?" (Risas) O hablan de raíces cúbicas o me piden que recite números y textos largos. Espero que me disculpen si no hago hoy un unipersonal de ese tipo. En vez de eso voy a hablar de algo mucho más interesante que las fechas de nacimiento y las raíces cúbicas... un poco más profundo y mucho más cercano a mi mente, que el trabajo.

Quiero hablarles brevemente de la percepción. Cuando estaba escribiendo las obras y los cuentos que lo harían célebre Antón Chéjov en un cuaderno escribía sus notas, sus observaciones, del mundo que lo rodeaba; pequeños detalles que otras personas parecían pasar por alto. Cada vez que leo a Chéjov y su visión única de lo humano, me recuerda por qué yo también me hice escritor. En mis libros exploro la naturaleza de la percepción y cómo distintas maneras de percibir crean distintas maneras de conocer y comprender.

Estas son tres preguntas extraídas de mi trabajo. En lugar de tratar de entender, voy a pedirles que consideren por un momento las intuiciones y los instintos que están pasando por sus cabezas y corazones al mirarlas. Por ejemplo, el cálculo. ¿Pueden sentir en qué parte de la recta numérica va a caer la solución? O miren la palabra extranjera y los sonidos. ¿Pueden hacerse una idea del rango de significados al que apunta la respuesta? Y en cuanto al verso de la poesía: ¿por qué el poeta usa 'hare' [liebre, NT] en vez de 'rabbit'? [conejo, NT] Les pido que hagan esto porque creo que nuestras percepciones personales, ya ven, son el quid de cómo adquirimos conocimiento. Los juicios estéticos, y no el razonamiento abstracto, guían y dan forma al proceso por el cual todos conocemos lo que sabemos. Yo soy un ejemplo extremo de esto.

Mis mundos de palabras y números se mezclan con el color, la emoción y la personalidad. Como dijo Juan es la enfermedad que los científicos llaman sinestesia, una interferencia inusual entre los sentidos. Aquí están los números del 1 al 12 como yo los veo: cada número con su propia forma y carácter. El uno es un destello de luz blanca. El seis es un agujero negro y muy triste. Estos dibujos están en blanco y negro pero en mi mente tienen colores. El tres es verde. El cuatro es azul. El cinco es amarillo.

También pinto. Esta es una de mis pinturas. Es una multiplicación de dos números primos. Formas tridimensionales y, en el medio, el espacio que crean genera una forma nueva: la respuesta de la suma. ¿Qué pasa con números más grandes? Bueno, no hay algo más grande que Pi la constante matemática. Es un número infinito... literalmente sigue indefinidamente. En esta pintura que hice de los primeros 20 decimales de Pi tomé todos los colores las emociones y las texturas y los junté en una especie de paisaje numérico rodante.

Pero no son sólo números lo que veo en colores. Las palabras también, para mí, tienen colores, emociones y texturas. Y ésta es una frase de apertura de la novela "Lolita". El mismo Nabokov era sinestésico. Y aquí pueden ver cómo mi percepción del sonido L ayuda a que la aliteración surja espontáneamente. Otro ejemplo, un poco más matemático. Y me pregunto si alguno habrá notado la construcción de la frase de "El Gran Gatsby". Hay una procesión de sílabas: 'trigo', uno; 'praderas', dos; 'pueblo sueco perdido', tres; uno, dos, tres. Y este efecto es muy agradable en la mente, y ayuda a que la oración dé una sensación buena.

Volvamos a las preguntas que les planteaba hace un momento. 64 multiplicado por 75. Si alguno de Uds juega al ajedrez sabrá que 64 es un número cuadrado y es por eso que los tableros de ajedrez, de 8 por 8, tienen 64 cuadrados. Eso nos da una forma que podemos graficar, que podemos percibir. ¿Y 75? Bueno, si 100... si pensamos 100 como un cuadrado 75 sería algo así. Por eso ahora tenemos que poner estas dos imágenes juntas en la mente; algo así. 64 se vuelve 6.400. Y en la esquina de la derecha no hay que calcular nada. 4 de ancho, 4 de arriba a abajo, es 16. La suma que les pedí que hagan es 16, 16, 16. Es mucho más fácil que la matemática de la escuela, estoy seguro. Es 16, 16, 16, 48, 4.800... 4.000, la respuesta de la suma. Fácil cuando se sabe cómo hacerlo.

(Risas)

La segunda pregunta era una palabra islandesa. Estoy suponiendo que no hay muchas personas aquí que hablen islandés. Permítanme reducir las opciones a dos. Hnugginn: ¿es una palabra feliz o triste? ¿Qué dicen? Bueno. Algunas personas dicen feliz. La mayoría de las personas dice triste. Y de hecho significa triste. (Risas) ¿Por qué, estadísticamente, la mayoría de la gente dice que una palabra es triste, en este caso, y pesada en otros casos? En mi teoría, el lenguaje se desarrolla de tal manera que los sonidos concuerdan, se corresponden, con la experiencia subjetiva personal e intuitiva del oyente.

Veamos la tercera pregunta. Es un verso del poema de John Keats. Las palabras, como los números, expresan relaciones fundamentales entre objetos eventos y fuerzas que constituyen nuestro mundo. Es lógico que, viviendo en este mundo, deberíamos en el transcurso de nuestras vidas absorber intuitivamente estas relaciones. Y los poetas, como otros artistas, juegan con estos entendimientos intuitivos. En el caso de 'hare' [liebre, NT] es un sonido ambiguo en inglés. También puede significar las fibras que crecen en la cabeza. [hair, NT] Si pensamos en eso -permítanme graficarlo- las fibras representan vulnerabilidad. Ceden ante el movimiento más leve —movimiento o emoción. Se tiene una atmósfera de vulnerabilidad y tensión. La propia liebre, el animal -ni un gato, ni un perro, una liebre- ¿por qué una liebre? Porque piensen en la imagen, no en la palabra, en la imagen. Las orejas tan largas los pies alargados nos ayudan a imaginar, a sentir de manera intuitiva, qué significa 'cojear' [limp, NT] y 'temblar'. [tremble, NT]

Así que en estos pocos minutos, espero haber podido compartir un poco de mi visión de las cosas y mostrarles que las palabras pueden tener colores y emociones, números, formas y personalidades. El mundo es más rico, más vasto, de lo que muy a menudo parece ser. Espero haberles transmitido el deseo de aprender a ver el mundo con nuevos ojos.

Gracias.

(Aplausos)