Chris Downey
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Al bajar del autobús, me dirigí a la esquina para tomar al oeste el camino a una sesión de entrenamiento de braille. Era el invierno de 2009, y yo llevaba ciego cerca de un año. Las cosas iban muy bien. Para llegar sin tropiezos al otro lado me volví hacia la izquierda, presioné el botón para la señal peatonal sonora, y esperé mi turno. Cuando sonó, arranqué y llegué seguro al otro lado. Caminando por la acera, oí el sonido de una silla de acero que se movía por el piso de concreto frente a mí. Sabía que había una cafetería en la esquina, y que tenían sillas afuera en el frente, así que simplemente me moví a la izquierda acercándome a la calle. Al hacerlo, la silla se deslizó. Pensé que había cometido un error, y volví a la derecha, y entonces la silla se deslizó en perfecta sincronía. Ahora me sentía un poco nervioso. Volví a la izquierda, y entonces se deslizó la silla, bloqueando el camino. Ahora, estaba ya bien asustado. Así que grité: "¿Quién diablos está ahí? ¿Qué está pasando?" En ese momento, sobre mi grito, oí algo más, un traqueteo familiar. Sonaba conocido, rápidamente consideré otra posibilidad, alargué la mano izquierda, mis dedos rozaron algo velloso, y me topé con una oreja, la oreja de un perro, tal vez un golden retriever. La correa había sido atada a la silla en tanto su amo iba al café, y el perro solo persistía en sus esfuerzos para saludarme, quizás quería una caricia en la oreja. Quién sabe, tal vez se estaba ofreciendo a ayudar. (Risas) Esta pequeña historia es sobre los temores y errores que se presentan al tratar de moverse por la ciudad sin poder ver, aparentemente ajeno al medio ambiente y la a gente que te rodea. Permítanme retroceder y cambiar un poco el escenario. En el día de San Patricio de 2008, ingresaba al hospital para una cirugía para eliminar un tumor cerebral. La cirugía fue exitosa. Dos días después, mi vista comenzó a fallar. Al tercer día, se había ido. Inmediatamente, me sobrevino una increíble sensación de miedo, confusión, vulnerabilidad, como a cualquiera. Pero cuando tuve tiempo para parar y pensar, empecé de verdad a darme cuenta de que tenía mucho por agradecer. En particular, pensé en mi padre, que había fallecido por complicaciones de una cirugía cerebral. Él tenía 36. Yo tenía 7 años en ese momento. Así que aunque tenía toda la razón para estar temeroso de lo que vendría y no tenía ni idea de todo lo que iba a pasar, estaba vivo. Mi hijo todavía tenía a su padre. Y, además, no era la primera persona que ha perdido la vista. Sabía que tenía que haber todo tipo de sistemas, técnicas y capacitaciones para tener una vida plena y significativa, una vida activa sin vista. Por el momento estaba dado de alta. Unos días más tarde, me fui con la misión de salir y conseguir la mejor formación tan pronto como fuera posible y llegar a reconstruir mi vida. En 6 meses había vuelto a trabajar. Mi formación había comenzado. Hasta empecé a andar en bicicleta tándem con mis viejos amigos de ciclismo. Tenía que viajar solo al trabajo, caminando por la ciudad y tomando el autobús. Era un montón de arduo trabajo. Pero lo que no anticipé en esa rápida transición fue la experiencia más increíble de la yuxtaposición de mi experiencia como vidente contra mi experiencia como ciego, de los mismos lugares y de la misma gente en un período tan corto de tiempo. De allí salieron muchas ideas, o iluminaciones, como las llamé; cosas que he aprendido desde que perdí la vista. Estas iluminaciones van de lo trivial a lo profundo, de lo mundano a humorístico. Como arquitecto, esa yuxtaposición de mi experiencia con visión y sin ella, de los mismos lugares y de las mismas ciudades, en un período tan corto de tiempo me ha dado todo tipo de maravillosas iluminaciones de la propia ciudad. Por encima de todo, me di cuenta de que, en realidad, las ciudades son lugares fantásticos para los ciegos. Y luego también me sorprendí de la propensión de la ciudad por la amabilidad y el cuidado opuestos a la indiferencia o cosas peores. Empecé a darme cuenta de que los ciegos parecen tener una influencia positiva en la ciudad misma. Eso me pareció curioso. Déjenme detenerme y mirar las razones por las que la ciudad es tan buena para los ciegos. Inherente a la formación para la recuperación ante la pérdida de la vista, es aprender a confiar en los sentidos no visuales, cosas que uno de otra forma tal vez ignora. Es como un nuevo mundo de información sensorial que se abre ante uno. Realmente me impresionó la sinfonía de sonidos sutiles a mi alrededor en la ciudad, que se pueden oír y con los que se puede llegar a entender dónde está uno, cómo necesita moverse y a dónde debe ir. Del mismo modo, simplemente con la empuñadura del bastón, uno puede sentir texturas contrastantes en el piso, y con el tiempo construir un patrón de dónde está y hacia dónde se dirige. Asimismo, el calor del sol solo a un lado de la cara, o el viento en el cuello, te dan pistas sobre tu orientación, tu avance por la cuadra, y tus movimientos en el tiempo y el espacio. Pero también, el sentido del olfato. Algunos distritos y ciudades tienen su olor propio, así como los lugares y cosas a tu alrededor. Y, si tienes suerte, incluso puedes seguir tu olfato a esa nueva pastelería que has estado buscando. Todo esto realmente me sorprendió, porque empecé a darme cuenta de que mi experiencia como invidente era mucho más multisensorial que lo que lo era mi experiencia como vidente. Lo que me impresionó también fue cuánto estaba cambiando la ciudad a mi alrededor. Los que pueden ver, están como encerrados en sí mismos, ocupándose de sus asuntos Si pierdes la vista, en cambio, es otra historia. No sé quién está mirando a quién, pero tengo la sospecha de que muchas personas están observándome. No soy paranoico, pero dondequiera que voy, recibo todo tipo de consejos: Ve allí, muévete allá, cuidado con esto. La mayoría es buena información. Una parte es útil. Mucha es todo lo contrario. Hay que averiguar qué fue lo que quisieron decirte. Algunas cosas son erradas o inútiles. Pero en general todo está bien en el esquema macro. Una vez estuve en Oakland caminando por Broadway y llegué a una esquina. Estaba esperando una señal peatonal sonora, y cuando sonó, estaba a punto de pasar la calle, cuando de repente, alguien me tomó por mi mano derecha, me tiró del brazo, me empujó hacia la calle, y me arrastró haciéndome cruzar la calle, hablando en mandarín. (Risas) Parecía que no había escapatoria del agarre fatal de este hombre, que me hizo pasar sano y salvo. ¿Qué podía yo hacer? Pero créanme, hay mejores maneras de ofrecer asistencia. No sabemos quién está ahí Siempre es bueno decir primero "Hola". "¿Le gustaría que lo ayude?" Cuando estaba en Oakland, realmente me sorprendió cuánto ha cambiado la ciudad desde que perdí la vista. Me gustó verlo. Estaba bien. Es una ciudad muy grande. Pero después de perder la vista al caminar por Broadway, me sentí bendecido por cada cuadra del trayecto. "Suerte, hombre". "Vamos, hermano". "Dios te bendiga". Nada de eso, cuando veía. (Risas) Y aún ciego, no me lo dicen en San Francisco. Sé que eso les molesta a algunos de mis amigos ciegos. No soy el único. A menudo se piensa que es una emoción que surge por lástima. Tiendo a pensar que se trata de humanidad compartida, por sentirnos cercanos. Me encanta. De hecho, si estoy deprimido, me basta con ir a Broadway, en el centro de Oakland, y caminar un poco. Me hace sentir mejor rápidamente. Eso también ilustra cómo la discapacidad y la ceguera sirven para romper las divisiones étnicas, sociales, raciales y económicas. La discapacidad es un proveedor de igualdad de oportunidades. Todos son bienvenidos. De hecho, he oído que se dice en la comunidad de discapacitados que realmente existen solo 2 tipos de personas: Hay personas con discapacidad, y hay quienes no han encontrado la suya aún. Es una forma diferente de pensarlo. Pero creo que es algo hermoso, porque es sin duda mucho más inclusivo que el "nosotros-contra-ellos" o "capacitados-contra-discapacitados", y es mucho más honesto y respetuoso con la fragilidad de la vida. Mi idea final para Uds. es que no solo es buena la ciudad para los ciegos, sino que nos necesita. Estoy tan seguro de eso que quiero proponerles hoy que tomen a los ciegos como habitantes de la ciudad prototípica cuando imaginen nuevas y maravillosas ciudades, y no a las personas en las que se piensa después de que todo está hecho. Entonces, ya es demasiado tarde. Si Uds. diseñan una ciudad con los ciegos en mente, tendrán una rica red transitable de aceras con una densa matriz de opciones y alternativas disponibles al nivel de la calle. Si diseñan una ciudad con los ciegos en mente, las aceras serán predecibles y serán generosas. El espacio entre edificios estará equilibrado entre personas y vehículos. De hecho, los coches, ¿quién los necesita? Si eres ciego, no conduces. (Risas) No les gusta cuando tu conduces. (Risas) Si diseñas una ciudad con los ciegos en mente, tendrá un amplio sistema de transporte masivo, accesible, bien conectado que lleva a todos los sectores de la ciudad y a los alrededores. Si diseñan una ciudad con los ciegos en mente, habrá un montón de puestos de trabajo. Los ciegos quieren trabajar también. Quieren ganarse la vida. Así, al diseñar una ciudad para los ciegos, espero que empiecen a darse cuenta de que en realidad sería más incluyente, más equitativa, más justa, una ciudad para todos. Y con base en mi experiencia previa de vidente, suena como una ciudad genial, sea que seas ciego, tengas una discapacidad, o no hayas encontrado la tuya aún. Así que, muchas gracias. (Aplausos)