Carlos Moreno
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Durante demasiado tiempo, quienes vivimos en ciudades, grandes y pequeñas, hemos aceptado lo inaceptable. Aceptamos que en las ciudades se nos deforma el sentido del tiempo porque desperdiciamos mucho tiempo para adaptarnos a su organización absurda y a las largas distancias de la mayoría de las ciudades actuales. ¿Por qué somos nosotros quienes tenemos que adaptar y degradar nuestra calidad de vida? ¿Por qué no es la ciudad la que responde a nuestras necesidades? ¿Por qué hemos permitido que el desarrollo urbano tome el camino equivocado durante tanto tiempo?

Me gustaría ofrecer un concepto de ciudades que va en sentido contrario al urbanismo moderno. Un intento por llevar la vida a un espacio a escala humana en lugar de proyectarla de tamaño inhumano, para luego tener que adaptarnos. La llamo "la ciudad del cuarto de hora". En pocas palabras, la idea consiste en diseñar las ciudades o rediseñar las ciudades para que en como máximo 15 minutos, sea a pie o en bicicleta, las personas puedan disfrutar la esencia de lo que constituye la vida urbana: llegar al trabajo, acceder a alojamiento, alimentación, salud, educación, cultura y ocio.

¿Alguna vez te detuviste a pensar por qué una calle ruidosa y contaminada tiene que ser ruidosa y contaminada? ¿Solo porque sí? ¿Por qué no puede ser una calle jardín, arbolada, donde la gente pueda encontrarse y caminar hasta la panadería y los niños puedan ir a la escuela a pie? Nuestra aceptación de las disfunciones e indignidades de las ciudades modernas ha llegado a un extremo. Tenemos que cambiar eso. Tenemos que cambiarlo por el bien de la justicia por nuestro bienestar y el del clima.

¿Por qué tenemos que crear ciudades del cuarto de hora? Primero, debemos comenzar haciendo preguntas que hemos olvidado. Por ejemplo, tenemos que mirar con atención cómo usamos nuestros metros cuadrados. ¿Para qué es ese espacio? ¿Quién lo usa y cómo? Tenemos que entender qué recursos tenemos y cómo los utilizamos. Luego, tenemos que preguntarnos qué servicios hay disponibles en el barrio. No solo en el centro de la ciudad, sino en cualquier barrio. Proveedores de salud, tiendas, artesanos, mercados, deportes, vida cultural, escuelas, parques. ¿Hay espacios verdes? ¿Hay fuentes de agua para refrescarse durante las frecuentes olas de calor? También tenemos que preguntarnos cómo trabajamos. ¿Por qué vivo aquí y mi trabajo está tan lejos?

Tenemos que repensar las ciudades en torno a cuatro principios rectores clave de la ciudad del cuarto de hora. Primero, la ecología para tener una ciudad verde y sostenible. Segundo, la proximidad: vivir a corta distancia de otras actividades. Tercero, la solidaridad: crear vínculos entre las personas. Finalmente, la participación debería involucrar activamente a los ciudadanos en la transformación de su barrio.

No me malinterpretes. No pretendo que las ciudades se conviertan en aldeas rurales. La vida humana es vibrante y creativa. Las ciudades son lugares de dinamismo económico e innovación. Pero tenemos que hacer que la vida urbana sea más placentera, ágil, saludable y flexible. Para eso debemos asegurarnos de que todos, y me refiero a todos, quienes viven en el centro y quienes viven en la periferia tengan acceso a todos los servicios clave del vecindario.

¿Cómo logramos eso? La primera ciudad en adoptar la idea de la ciudad del cuarto de hora es París, en Francia. La alcaldesa Anne Hidalgo ha sugerido un "big bang de la proximidad", que incluye, por ejemplo, una descentralización masiva, desarrollar nuevos servicios para cada uno de los distritos

(Sonidos urbanos)

y reducir el tránsito añadiendo carriles para bicicletas en espacios de recreación. Nuevos modelos económicos que alientan a los pequeños comercios, construir más espacios verdes. Transformar la infraestructura existente. Por ejemplo, talleres de fabricación digital, en centros de deportes o convertir escuelas en centros vecinales por las tardes. Esa es en realidad una regla de oro de la ciudad del cuarto de hora: cada metro cuadrado ya construido se debe usar para diferentes cosas.

La ciudad del cuarto de hora es un intento por reconciliar a la ciudad con los humanos que alberga. La ciudad del cuarto de hora debería tener tres características clave. Primero, el ritmo de la ciudad debe estar al compás del humano no del automóvil. Segundo, cada metro cuadrado debería servir a múltiples propósitos. Finalmente, los barrios deberían diseñarse para que en ellos podamos vivir, trabajar y prosperar sin tener que desplazarnos constantemente a otro lugar.

Es gracioso si lo piensas. Muchas ciudades modernas a menudo se diseñan bajo el imperativo de ahorrar tiempo, y, sin embargo, se pierde demasiado tiempo en el camino, esperando en congestiones de tránsito, conduciendo al centro comercial en una burbuja de aceleración ilusoria. La idea de la ciudad del cuarto de hora responde a la cuestión de ahorrar tiempo mediante un giro radical: sugiriendo un ritmo de vida diferente. Un ritmo de 15 minutos.

Gracias.