Bill Gates
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Cuando yo era un niño el desastre más temido era una guerra nuclear. Por eso teníamos en el sótano un barril como este lleno de tarros de alimentos y agua. Cuando llegara el ataque nuclear debíamos escondernos allá abajo y comer lo que hubiera en el barril.

Hoy la mayor catástrofe mundial. no se parece a esto. Más bien, es como esto. Si algo ha de matar a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, probablemente será un virus muy infeccioso más que una guerra. No misiles, sino microbios. En parte la razón de esto es que se han invertido enormes cantidades en disuasivos nucleares. Pero en cambio, muy poco en sistemas para detener epidemias. No estamos preparados para la próxima epidemia.

Veamos el caso del ébola. Con seguridad todos han leído en la prensa sobre esos terribles retos. Yo lo seguí cuidadosamente con las herramientas de análisis de casos, como las que usamos para la erradicación del polio. Si se observa lo que sucedió, el problema no fue que el sistema no funcionara adecuadamente, sino que en verdad no teníamos ningún sistema. De hecho, faltaban unas piezas claves bastante obvias.

No había equipos de epidemiólogos listos a viajar, que hubiesen ido, para ver qué cosa era esa enfermedad y qué tanto se había expandido. Los informes llegaron impresos en papel. Hubo enormes demoras antes de ponerlos en internet y además eran terriblemente imprecisos. No había grupos de médicos listos a viajar. No teníamos manera de preparar a la gente. Ahora, Médecins Sans Frontières hizo un gran trabajo organizando a los voluntarios. Pero aun así, fuimos mucho más lentos de lo debido en llevar a los miles de trabajadores hacia esos países, Para una gran epidemia se necesitan cientos de miles de trabajadores. No había nadie dedicado a estudiar nuevos métodos de tratamiento. Nadie que estudiara los diagnósticos. Nadie que estudiara cuáles instrumentos debían usarse. Por ejemplo, se podría haber tomado sangre de sobrevivientes, para procesarla y aplicar ese plasma a la gente sana, para protegerla. Pero nunca se intentó.

Hicieron falta muchas cosas. En realidad, fue un fracaso mundial. La OMS existe para monitorizar las epidemias, pero no hace nada de lo que estoy hablando. En el cine todo es bien diferente. Hay un grupo de epidemiólogos, bien parecidos, listos a viajar, se movilizan y salvan la situación. Pero eso es solo en Hollywood.

La falta de preparación podría hacer que la próxima epidemia sea mucho más devastadora que la de ébola. Veamos el ébola y cómo se difundió este año. Murieron unas 10 000 personas, casi todas en esos 3 países de África Occidental. Hay 3 razones por las cuales no se expandió más. Primero, por el gran trabajo heroico de los trabajadores de la salud. Encontraban a la gente y prevenían más infecciones. Segundo, por la naturaleza del virus. El ébola no se propaga por el aire. Cuando alguien llega a ser transmisor, ya estará tan enfermo que permanecerá en cama. Tercero, no llegó a muchas áreas urbanas. Eso fue pura suerte. Si hubiese llegado a muchas más áreas urbanas, el número de casos habría sido mucho mayor.

Pero la próxima vez podemos no tener la misma suerte. Podría ser un virus con el que los transmisores no se sientan mal y puedan viajar en avión o ir al mercado. La fuente del virus podrá ser una epidemia natural, como el ébola, o puede venir de bioterrorismo. Así, son muchos los factores que podrían hacerlo todo mucho peor.

Por ejemplo, veamos un modelo de un virus que se propaga por el aire, como la Gripa Española de 1918, Aquí está lo que podría suceder. Se difundiría por todo el mundo muy, muy rápidamente. Sabemos que más de 30 millones de personas murieron en esa ocasión. O sea, este es un problema bien serio. Deberíamos preocuparnos.

Es posible construir un sistema de respuesta bien eficaz. Tenemos a favor toda la ciencia y la tecnología de las que tanto hablamos. Tenemos celulares para recibir y difundir información al público. Tenemos mapas satelitales para ubicar a la gente y ver cómo se moviliza. Tenemos avances en biología. que cambian dramáticamente el tiempo de estudio del patógeno y permiten fabricar drogas y vacunas que ataquen esos gérmenes. O sea, que sí tenemos los instrumentos, pero hay que ponerlos al servicio de un sistema mundial general de salud. Y necesitamos estar preparados.

Las mejores lecciones, pienso, de cómo prepararnos son otra vez, lo que hacemos para la guerra. En cuanto a soldados, los tenemos de tiempo completo, listos a desplazarse. Tenemos reservistas que pueden aumentar el número enormemente. La OTAN tiene unidades móviles que pueden activarse con gran rapidez. Esta organización hace simulaciones para ver si la gente está bien entrenada; si entienden bien cómo manejar los combustibles y toda la logística y si usan las mismas radiofrecuencias. O sea que están absolutamente listos a desplazarse. Este es el tipo de cosas que tenemos que hacer para las epidemias.

¿Cuáles son las piezas clave? Primero, necesitamos sistemas de salud fuertes en los países pobres. O sea, que las madres puedan dar a luz de manera segura, que los niños tengan todas sus vacunas. También que podamos detectar el brote desde el principio. Necesitamos contingentes de reserva médica; suficiente personal con el conocimiento y el entrenamiento, listo a desplazarse, con todas las habilidades. Y luego hay que equiparar estos médicos con los militares, y beneficiarse de la capacidad de estos para moverse rápidamente, hacer logística y tener áreas seguras. Hay que hacer simulaciones, ensayar campañas antigérmenes, no campañas de guerra, para detectar dónde están los agujeros. La última vez que se ensayó una campaña antigérmenes en EE. UU. fue en 2001, y no resultó muy bien. Hasta ahora, el marcador va, gérmenes 1, gente 0. Además, se necesita mucha investigación y desarrollo en áreas como diagnóstico y vacunas. Hay avances importantes como los virus adeno-asociados

que pueden actuar muy bien y con gran rapidez. Aunque no conozco un presupuesto exacto de lo que esto podría costar, sí estoy seguro de que sería muy poco, comparado con el daño potencial. El Banco Mundial calcula que una posible epidemia mundial de gripa, costaría no menos de 3 billones de dólares con millones y millones de muertes. Las inversiones necesarias conllevan beneficios bien significativos más allá de simplemente alistarnos para las grandes epidemias. Los servicios primarios de salud, la investigación y el desarrollo, son asuntos que reducirían la desigualdad en el tema de salud

y harían más justo y más seguro este mundo. Por eso pienso que esto debe ser una prioridad absoluta. Sin necesidad de pánico.

No tenemos que esconder latas de espaguetis ni meternos en los sótanos.

Pero sí tenemos que actuar ya, porque el tiempo corre. En realidad, si hay algo positivo que puede derivarse de la epidemia de ébola es que pudo servir de alarma temprana, de despertador, para que nos alistemos.

Si empezamos ahora, tal vez estaremos listos para la próxima epidemia.

Muchas gracias. (Aplausos)