Alejandro Nespral
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¿Les pasó cuando eran chicos que alguien que conocían se murió? ¿Un familiar, el familiar de un amigo, alguien del barrio, de la escuela? Es probable que muchos de acá recordemos alguna muerte atravesada en la infancia. Quizá, si hacemos memoria, podamos hasta recordar cómo nos acompañaron en ese momento. ¿Algo podría haber sido mejor de ese acompañamiento? ¿Hoy podríamos hacer algo distinto para acompañar a ese niño que fuimos? Hoy quiero hablar de dos cosas: quiero hablar de niños y de muerte. Dicho así parecen dos palabras que ni se deberían tocar. Como si fueran dos mundos separados. Tal vez ya les pasó y no sería raro que les pase que venga un niño que puede ser su hijo, su sobrino o su nieto, si son docentes puede ser su alumno, y les diga: ¿te puedo hacer una pregunta? Mi mamá está enferma, está flaquita, los médicos nos dijeron que está grave. Mi mamá, ¿se va a morir? ¿Se pusieron a pensar por qué en general hablamos poco de la muerte con los chicos? Niños y muerte, ¿qué dirían Uds.? La muerte ¿es un tema de la infancia? Me encantaría escuchar sus respuestas. Me voy a atrever a contestar yo. Definitivamente, la muerte es un tema de la infancia. Porque entre otras cosas, los niños son curiosos, ¿vieron? Y la muerte es un misterio. Los chicos a la muerte la ven a diario en la naturaleza, la escuchan en los cuentos que les contamos a la noche. Y a veces la viven cuando pierden a un ser querido, cercano. Y esto sucede, mucho más allá de que a nosotros, como adultos, el tema de la muerte nos guste o no, o nos genere rechazo. Los chicos a la muerte la juegan; por ejemplo, con una espada de madera. ¿Jugamos a que te mataba? La piensan: Mamá, una pregunta, ahora que el gatito se murió, ¿adónde vive? Y a veces con insistencia nos buscan: te hice una pregunta, ¿mamá se va a morir? Pero claro, a veces cuando quieren, incluso cuando necesitan hablar del tema se encuentran con un gran obstáculo: Los adultos. ¿¡Cómo le voy a hablar de muerte!? Lo voy a traumar, es chiquito. Encima que se murió su abuelo, ¿yo le voy a sacar el tema? Es muy chiquito, todavía no entiende. Soy pediatra, vengo del mundo de los cuidados paliativos. Para quienes no estén familiarizados les cuento que en cuidados paliativos nuestra tarea consiste en acompañar e intentar aliviar el sufrimiento de personas de cualquier edad que atraviesen una enfermedad, ya sea grave, crónica, avanzada, le decimos amenazante para la vida. Acompañamos a las personas y a su familia. Trabajo en Equipo de Cuidados Paliativos del Hospital Zonal de Bariloche. Trabajo en una ONG, donde el propósito es hacer conocidos los cuidados paliativos. Sabemos que los cuidados paliativos son un derecho; pero es difícil reclamar derechos que uno no conoce. Uno de los proyectos que llevamos adelante hace algunos años se llama "duelo en escuelas". El objetivo que nos propusimos fue acercar el tema del duelo y la muerte a ámbitos educativos porque confiamos que la escuela es para reflexionar, donde se puede aprender y enseñar. Este proyecto permitió un montón de cosas además de conocer muchas escuelas, conocimos muchos alumnos y docentes, conocimos mucha gente. Conocimos muchos puntos de vista sobre la muerte. Una cosa que escuchamos seguido es que nos dicen, en general los docentes incluso docentes de mucha trayectoria: "yo con el tema de la muerte, no sé bien qué hacer". En eso, educadores y los que venimos del campo de la salud nos parecemos: No nos hablaron mucho de este tema. Hay una situación que vemos en la escuela que le pusimos un nombre de fantasía. Lo llamamos la Paradoja de la Medianera, un gran nombre para algo muy sencillo. Imaginen una pared acá. De este lado de la pared está cuarto grado. A la maestra o el maestro de cuarto grado, no sabemos bien por qué pero le gusta el tema de la muerte, lo provoca con sus alumnos: Trae un cuento, una película, saca el tema. De este lado de la pared está quinto grado. A la maestra o el maestro de quinto no sabemos bien por qué, quizá por una experiencia traumática de cuando era chico, quizá porque le parece que la muerte no hay que hablarla en la escuela, no importa por qué, pero en quinto grado no se habla de la muerte. ¿De qué depende, les pregunto, que los chicos de esta escuela puedan hablar el tema de la muerte? Depende a qué grado van. Para decirlo más fácil, depende del azar. No debemos dejar un tema tan importante librado al azar. Este tema se puede aprender, enseñar las escuelas pueden ser un lugar. ¿Le enseñaron alguna vez a un chico a andar en bicicleta pero sin rueditas? Supongo que sí. ¿Cómo fue la experiencia? Se subieron a la bicicleta, pedalearon. No. Porque enseñarle a un chico a andar en bicicleta sin rueditas es una experiencia distinta. Es dejar que pedaleen, ir atrás a lo sumo, al costado, y evitar que se golpeen. Bueno, hablar de la muerte con los chicos a veces se parece a eso. Les voy a contar una pequeña historia. Hace dos años aproximadamente, acompañamos a una mujer de unos 60 años la acompañamos un montón de meses; la última etapa en su casa. Tenía una enfermedad grave, tenía un cáncer muy avanzado. Un día nos llama una de sus hijas y nos dice que su mamá había muerto. Fuimos hasta la casa. Llegamos. Un montón de gente, familiares, vecinos. Saludamos. Saludamos especialmente a los hijos con quienes veníamos trabajando por meses y les preguntamos si podíamos hacer algo. Una de sus hijas nos dijo que sí. Nos preguntó si podíamos hablar con su pequeña hija de cuatro años. Fuimos, la buscamos, caminamos por el hermoso jardín de la casa. Nos sentamos abajo de un árbol. Cuatro años, y le preguntamos: ¿Cómo estás? No nos dijo nada. Entonces le preguntamos: ¿Qué hace toda esta gente reunida acá? Y ahí empezó a hablar. Nos dijo que su abuela se había muerto. Y nos preguntó si sabíamos qué era la muerte. No nos dejó ni contestar y nos explicó que, la muerte, es irse de viaje saltando de nube en nube y como, más arriba están las estrellas. De estrella en estrella hasta encontrar la estrella más linda. ¿Vieron cómo es la poética que puede tener un chico a los cuatro años, no? No le interesó mucho su poética porque siguió hablando. Nos contó que el último tiempo su abuela estaba muy triste. Y que se había muerto de tristeza. Como quien dice, en ese instante, paramos la oreja. Siguió hablando y nos contó que su mamá está muy triste. Estaba llorando, o sea, reflexionó: Si mi abuela se había muerto de tristeza, mi mamá que estaba triste, se iba a morir de tristeza. Ese fue el primer momento en el que como quien dice, abrimos la boca. No. Enfáticamente ¡No! Tu mamá no se va a morir de tristeza, tu mamá está triste. Esa tristeza, de a poquito, se va a ir lavando, se va a ir yendo. Se va a ir transformando en otra cosa. ¿Qué fue hablar de la muerte con ella? Fue evitar que se golpee. Y golpearse, a veces, es unir cosas que no tienen que estar unidas. ¿Cómo hablar de la muerte con los chicos? En lo posible, sin miedo. Y si tienen miedo, atravesando el miedo. Vieron que a los chicos les decimos: ¡Tenés que ser valiente! Bueno, pero ser valiente no es no tener miedo. Ser valiente es saber qué hacer con ese miedo. Y también, si pueden, si podemos, pensando, de tanto en tanto, en la muerte. Es un poco más difícil todavía encarar estas charlas a veces si no sabemos ni siquiera qué pensamos nosotros del tema, si la última vez que pensamos en el tema fue hace muchos años. ¿Cuándo fue la última vez que pensaron en la muerte? No hay una fórmula para hablar con los chicos de la muerte. Pero sí hay algunas formas. A veces, hay que poner a los chicos a hablar. Es más difícil todavía encarar esto si no sabemos qué piensan ellos. El otro día en el hospital tenía una conversación con un señor de 40, bueno, yo casi tengo 40. Con un muchacho de 40 años, que me contaba que su padre tenía una enfermedad, un cáncer avanzado y yo le pregunté por su hijo que tenía siete. Le digo ¿Están pudiendo hablar con él? ¿Le contaron lo que tiene el abuelo? Claro, por supuesto, desde el principio. Que tiene cáncer, que es grave, y en estas últimas semanas yo hablé con él de que se puede morir. Bien, dije yo. El siguió hablando y en un momento se hizo un silencio. ¿Vieron cuando estamos hablando y se nos viene una idea que nos paraliza? Y él dice, ¡Ah!, pero el que habla siempre soy yo. Yo nunca escucho lo que tiene para decir. Yo, como quien dice, le bajo línea. Pongamos a hablar a los chicos sobre la muerte. No se van a traumar. Y quién les dice, les regalen una gran imagen poética. Tampoco sucede eso que se escucha que, por hablar de la muerte. No, no hablen, no vaya a ser cosa que... En estos años aprendí muchas cosas porque pude hablar con muchos chicos del tema de la muerte; a veces, los chicos eran los mismos enfermos, a veces eran hermanos de, hijos de, nietos de... Y aprendí algunas cosas. Aprendí que para hablar de la muerte no siempre es necesario usar palabras, también se pueden usar cuentos, canciones, símbolos, dibujos. A veces se pueden usar silencios. Somos los adultos los que creemos que cuando decimos hablar siempre hay que usar las palabras. También aprendí que cada uno tiene su estilo, que no hay un único estilo. Uds. tienen su estilo. Pero aprendí algo que no me lo puedo sacar de la cabeza para hablar de la muerte y otros temas tan importantes con ellos, no se olviden de dos características, dos rasgos, dos cualidades. Hay que ser claros y hay que ser sinceros. ¿Te puedo hacer una pregunta? Sí. Mi mamá ¿se va a morir? A veces, depende del momento o del niño que está adelante depende la situación, la respuesta tiene que ser sí. No digo que sea una respuesta fácil. Pero mamá se va a morir. No sabemos cuándo. Está muy enferma. Vamos a hacer todo lo posible para que no sufra. A veces la respuesta puede ser devolver la pregunta. Vieron que los chicos a veces cuando quieren hablar de algo importante, lo dicen en forma de pregunta. ¿Qué estabas pensando? ¿Por qué se te ocurrió preguntar eso? ¿Vos qué imaginás? A Uds. quizá se les estén ocurriendo otras respuestas mejores en este momento. Pero lo cierto, es que con más frecuencia de lo que nos gustaría, las respuestas que escuchamos son otras. ¿¡Cómo se te ocurre preguntar eso!? No, no, no, mamá va a estar bien. No pienses mejor en eso. Esas respuestas no son ni claras, ni sinceras. ¿Saben lo que es ser sincero, no? Ser sincero es no mentir. Tampoco con todo esto de los niños y la muerte estoy diciendo que cuando terminemos estas charlas salgamos de este salón, busquemos a los niños de nuestra familia, los sentemos en ronda, tomemos la palabra y digamos: Niños hoy vamos a hablar de algo muy importa... No, no, no. Eso sería una gran exageración. Solo estoy diciendo que tengamos un poquito más presente el tema. Finalmente, más allá de que cada uno de Uds. piense algo, crea algo, o sienta algo en relación a este tema, es una responsabilidad que tenemos de estar ahí, listos, disponibles para cuando un chico quiera o necesite hablar de este tema. El tema de la muerte no es un tema que tengamos que dejar librado al azar. La forma como los chicos afrontan una pérdida los va modelando. Los va transformando en los adultos que van a ser. Nosotros somos lo que somos, en parte, por cómo afrontamos las pérdidas. Puede ser que para algunos el tema de la muerte sea un poco más fácil, para algunos un poco más difícil, pero hay algo que no deberíamos olvidar: Dejar afuera de la conversación el tema de la muerte es dejar afuera un pedazo de vida. Es dejar afuera un tema de vital importancia. Gracias. (Aplausos)