Sue Jaye Johnson
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Recuerdo a mi tía cepillándome el cabello cuando era niña. Sentí este cosquilleo en el estómago, esas mariposas en la barriga. Toda su atención dirigida a mí, solo a mí. Mi hermosa tía Bea, acariciando mi cabello con un cepillo de cerdas finas. ¿Tienen algún recuerdo así, que pueden sentir en su cuerpo ahora mismo?

Antes del lenguaje, somos pura sensación. De niños, así es como aprendemos a diferenciarnos en el mundo, a través del tacto. Todo pasa por la boca, las manos, la piel. La sensación... es la forma en que experimentamos el amor por primera vez. Es la base de la conexión humana. Queremos que nuestros hijos crezcan y tengan relaciones íntimas y sanas. Entonces, como padres, enseñamos a nuestros hijos sobre el sexo. Tenemos libros para ayudarnos, tenemos educación sexual en la escuela para lo básico. Hay pornografía para llenar vacíos... y llenará vacíos.

(Risas)

Tenemos con nuestros hijos "la charla" sobre biología y mecánica, sobre el embarazo y el sexo seguro, y nuestros hijos crecen creyendo que de eso se trata el sexo. Pero podemos hacerlo mejor. Podemos enseñar a nuestros hijos e hijas sobre el placer y el deseo, sobre el consentimiento y los límites, sobre lo que se siente al estar presentes en sus cuerpos y saber cuándo no. Y lo hacemos en las formas en que modelamos el tacto, el juego, hacer contacto visual... todas las formas en que empleamos sus sentidos. Podemos enseñarles a nuestros hijos no solo sobre el sexo sino sobre la sensualidad.

Este es el tipo de charla que necesitaba de niña. Era extremadamente sensible, y cuando llegué a ser adolescente, estaba anestesiada. La vergüenza de los chicos que se burlaban de mi cuerpo cambiante y de las chicas que me excluían porque, irónicamente, mi interés por los chicos, era demasiado. No tenía las palabras para lo que estaba sintiendo; no sabía qué iba a pasar. Así que hice lo mejor que pude en ese momento y me desconecté. Y no se puede aislar solo los sentimientos difíciles, así que perdí el acceso a la alegría, al placer, al juego, y pasé décadas así, con una depresión leve, pensando que esto significa ser adulta.

A lo largo de este año, he entrevistado hombres y mujeres sobre su relación con el sexo y he escuchado mi historia una y otra vez. A las chicas les dijeron que eran demasiado sensibles, demasiado. A los chicos les enseñaron a ser hombres, "No seas tan emocional". Me enteré de que no estaba sola en la desconexión. Mi hija me recordó cuánto solía sentir. Estábamos en la playa. Fue un día raro. Apagué mi móvil, puse en el calendario, "Día en la playa con las niñas". Puse nuestras toallas justo fuera del alcance de las olas y me quedé dormida. Y cuando me desperté, vi a mi hija esparciendo arena sobre su brazo así y pude sentir ese leve cosquilleo de arena en su piel y recordé a mi tía cepillándome el cabello. Así que me acurruqué junto a ella y esparcí arena en su otro brazo y luego en sus piernas. Y después dije, "Oye, ¿quieres que te entierre?" Y sus ojos se pusieron muy grandes y dijo, "¡Sí!" Así que cavamos un agujero y la cubrí con arena y conchas y dibujé una pequeña cola de sirena. Y luego la llevé a casa y la enjaboné en la ducha y le di un masaje en el cuero cabelludo y la sequé con una toalla. Y pensé, "Ah. ¿Cuántas veces lo había hecho, bañarla y secarla, pero nunca me detuve a prestar atención a las sensaciones que estaba creando para ella?" La había estado tratando como si estuviera en una cadena de montaje de niños que necesitan ser alimentados y acostados. Y me di cuenta de que cuando al secar a mi hija con una toalla tiernamente como haría un amante, le estoy enseñando a esperar ese tipo de contacto. En ese momento, le estoy enseñando lo que es la intimidad. De cómo amar a su cuerpo y respetar su cuerpo. Reconocí que hay partes de "la charla" que no se pueden transmitir con palabras.

En su libro, "Las chicas y el sexo", la escritora Peggy Orenstein descubre que las jóvenes se están centrando en el placer de su pareja, no en el de ellas. Esto es algo de lo que voy a hablar con mis hijas cuando sean mayores, pero por ahora, busco maneras de ayudarles a identificar lo que les da placer y practicar articulando eso. "Masajea mi espalda", dice mi hija cuando la meto en cama. Y yo le digo, "Bien, ¿cómo quieres que te masajee la espalda?" "No lo sé", dice ella. Entonces me detengo, esperando sus instrucciones. Finalmente ella dice, "Bien, arriba y a la derecha, como si me hicieras cosquillas". Corro mis dedos por su columna vertebral. "¿Qué más?", pregunto. "Hacia la izquierda, un poco más fuerte ahora".

Necesitamos enseñarles a nuestros niños a articular sus sensaciones para que estén familiarizados con ellas. Busco maneras de jugar con mis chicas en casa para hacer esto. Me rasco las uñas en el brazo de mi hija y digo: "Dame una palabra para describir esto". "Violento", dice ella. La abracé, la abracé fuerte. "Protegida", me dice. Encuentro oportunidades para decirles cómo me siento, qué estoy experimentando, así podemos tener un lenguaje común. Como en este momento, este hormigueo en mi cuero cabelludo hasta mi columna significa que estoy nerviosa y emocionada.

Es probable que estén experimentando sensaciones en respuesta a mí. El lenguaje que estoy usando, las ideas que estoy compartiendo, y nuestra tendencia es a juzgar estas reacciones y ordenarlas en una jerarquía mejor o peor, y después buscarlas o evitarlas. Y eso y porque vivimos en una cultura binaria y nos enseñan desde pequeños a ordenar el mundo en bueno y malo. "¿Te gustó ese libro?" "¿Tuviste un buen día?" ¿Y si preguntamos, "qué notaste en esa historia"? "Cuéntame de un momento en tu día". "¿Qué aprendiste?" Enseñemos a nuestros hijos a mantenerse abiertos y curiosos sobre sus experiencias como un viajero en una tierra extranjera. Y así pueden quedarse con una sensación sin desconectarse, incluso las sensaciones elevadas y difíciles, como hice yo, como muchos de nosotros hemos hecho.

Esta educación de los sentidos, esta es la educación que quiero para mis hijas. La educación de los sentidos que me hacía falta de niña. Es lo que espero para todos nuestros hijos. Esta conciencia de la sensación, es donde empezamos de niños. Es lo que podemos aprender de nuestros hijos y lo que podemos recordar a nuestros hijos mientras maduran.

Gracias.

(Aplausos)