Noy Thrupkaew
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Hace unos 10 años, atravesé un tiempo un poco difícil. Así que decidí ir a ver a una terapeuta. Fui durante unos meses, y un día me miró y dijo, "¿Quién te crió en realidad hasta los tres años?" Parecía una pregunta extraña. Le dije: "Mis padres". Y ella dijo: "No creo que en realidad ese sea el caso; porque si lo fuera, hablaríamos de cosas mucho más complicadas que simplemente esto". Sonaba como si fuera una broma, pero yo sabía que hablaba en serio. Porque cuando empecé a verla, trataba de ser la persona más divertida de la reunión. Trataba de usar esas bromas, pero ella lo captó muy rápidamente, y siempre que intentaba hacer una broma, ella me miraba y decía: "Eso es realmente muy triste". (Risas) Es terrible. Así que sabía que tenía que ser seria, y le pregunté a mis padres quién me había criado hasta que tenía tres años. Y para mi sorpresa, me dijeron que mi cuidadora principal había sido una pariente lejana de la familia. Yo la llamaba mi tía. Recuerdo a mi tía tan claramente, sentía como si hubiera sido parte de mi vida de adulta. Recuerdo su pelo grueso y liso, y cómo me cubría toda como una cortina al inclinarse a cargarme; su acento tailandés sureño suave; la forma en que me aferraba a ella, incluso si ella solo quería ir al baño o iba por algo de comer. Yo la quise, con la ferocidad que un niño tiene a veces antes de entender que el amor también requiere dejar ir. Pero mi más clara y nítida memoria de mi tía, es también uno de mis primeros recuerdos de la vida. Recuerdo cómo era golpeada y abofeteada por otro miembro de mi familia. Recuerdo que yo gritaba histéricamente para que pararan, cada vez que sucedía, por cosas tan pequeñas como querer salir con sus amigos, o llegar un poco tarde. Me puse tan histérica por cómo la trataban, que con el tiempo, la golpeaban a puerta cerrada. Las cosas se le pusieron tan feas que con el tiempo huyó. De adulta, me enteré más tarde de que la habían traído de Tailandia con solo 19 años a EE. UU. para cuidarme, con una visa de turista. Terminó trabajando en Illinois un tiempo, antes de finalmente regresar a Tailandia, donde me encontré con ella de nuevo, en una reunión política en Bangkok. Me aferré a ella de nuevo, como lo hacía de niña, y la dejé ir, y entonces prometí que la llamaría. Sin embargo, nunca lo hice. Porque tuve miedo de que si decía todo lo que ella significaba para mí —que quizá lo mejor de mí era por su cuidado, y que las palabras "lo siento" eran como un dedal para librar toda la culpa, la vergüenza y la rabia que sentía por todo lo que había soportado para cuidarme durante ese tiempo— pensé que si le decía esas palabras, nunca dejaría de llorar. Porque ella me había salvado. Y yo no la había salvado. Soy periodista y escribo e investigo sobre el tráfico de personas desde hace ocho años más o menos, y aún así, nunca uní esta historia personal con mi vida profesional, hasta muy recientemente. Creo que esta profunda desconexión en realidad simboliza la mayoría de nuestro conocimiento sobre la trata de personas. Porque la trata de personas es mucho más frecuente, compleja y cercana de lo que nos damos cuenta. Pasé un tiempo en cárceles y burdeles, entrevistado a cientos de supervivientes y policías, trabajadores de ONG. Y cuando pienso en lo que hemos hecho sobre la trata de personas, estoy enormemente decepcionada. En parte debido a que ni siquiera hablamos del problema del todo. Cuando digo "trata de personas" la mayoría de Uds. probablemente no piensan en alguien como mi tía. Probablemente piensan en una chica joven o mujer, obligada brutalmente a la prostitución por un proxeneta violento. Eso es verdadero sufrimiento, y es una historia real. Esa historia, sin embargo, me enoja mucho más que la realidad de la situación. Como periodista, me importa cómo nos relacionamos a través del lenguaje, y la forma en que contamos esa historia, con todo detalle cruento y violento, los aspectos obscenos —lo llamo periodismo de "observar cicatrices"—. Utilizamos esa historia para convencernos de que la trata de personas es un mal hombre que hace algo malo a una niña inocente. Esa historia nos deja fuera. Se quita todo el contexto social que podría ser acusado de desigualdad estructural o pobreza, o barreras de migración. Nos permitimos pensar que la trata de personas es solo sobre prostitución forzada, cuando en realidad, la trata de personas está incrustada en nuestra vida cotidiana. Se los mostraré. La prostitución forzada representa el 22 % de la trata de personas. El 10 % está en la mano de obra forzada impuesta. pero una friolera de 68 % tienen el propósito de crear mercancías y proveer los servicios de los que nosotros dependemos todos los días, en sectores como el trabajo agrícola, doméstico y de la construcción. Esto es comida, cuidado y refugio. Y de alguna manera, estos trabajadores más esenciales también se encuentran hoy entre los peor pagados y explotados. La trata de personas es el uso de la fuerza, el fraude o la coacción para obligar a trabajar a otra persona. Se encuentra en los campos de algodón, las minas de coltán, e incluso en lavaderos de autos en Noruega e Inglaterra. Se encuentra en las bases militares estadounidenses en Irak y Afganistán y en la industria pesquera de Tailandia. Ese país se ha convertido en el mayor exportador de camarón del mundo. ¿Pero cuáles son las circunstancias tras todo este camarón barato y abundante? Se capturaron a militares tailandeses vendiendo inmigrantes birmanos y camboyanos en los barcos de pesca. En esos barcos de pesca, ponen a trabajar a los hombres, y los arrojan por la borda si cometen el error de caer enfermos, o tratan de resistir ese tratamiento. Estos peces se utilizan para alimentar a los camarones, Los camarones se venden a cuatro principales minoristas mundiales: Costco, Tesco, Wal-Mart y Carrefour. La trata de personas se encuentra en una escala menor que eso, y en lugares que ni siquiera imaginan. Los traficantes han obligado a niños a conducir camiones de helados, o cantar en una gira de coros infantiles. La trata incluso se ha encontrado en una peluquería en Nueva Jersey. El esquema en ese caso era increíble. Los traficantes encontraron familias jóvenes que eran de Ghana y Togo, y les dijeron a estas familias que "sus hijas van a tener una gran educación en EE. UU.". Luego localizaron a los ganadores de la lotería de la "green card", y les dieron: "Nosotros les ayudaremos. Le daremos un boleto de avión. Vamos a pagar sus gastos. Todo lo que tienen que hacer es tomar esta chica joven, decir que ella es su hermana o su esposa. Una vez que llegan a Nueva Jersey, a las chicas jóvenes se las llevan, y las ponen a trabajar 14 horas al día, 7 días a la semana, 5 años. Hacen ganar a sus traficantes unos 4 millones de dólares. Es un gran problema. ¿Qué hemos hecho al respecto? Nos hemos volcado en el sistema judicial. Pero tengan en cuenta, que la mayoría de las víctimas son pobres y marginadas. Son inmigrantes, personas de color. A veces están en el comercio sexual. Y para grupos como estos, el sistema de justicia es muy a menudo parte del problema, en lugar de la solución. Un estudio tras otro, en países que van desde Bangladesh a EE. UU., entre el 20 y el 60 % de las personas en el comercio sexual encuestadas dijeron que habían sido violadas o asaltadas por la policía en el último año. Las personas en prostitución, incluidas las que han sido víctimas de trata, regularmente reciben múltiples condenas por prostitución. Tienen antecedentes penales que hacen que sea mucho más difícil salir de la pobreza, dejar el abuso o abandonar la prostitución, si esa persona lo desea. Los trabajadores fuera del sector del sexo si lo intentan y se resisten a ese tratamiento, pueden ser deportados. Caso tras caso estudiado, los empleadores no tienen problema de avisar a la policía para amenazar con deportar a sus aterrados trabajadores. Si estos trabajadores huyen, se arriesgan a convertirse en parte de la gran masa de trabajadores indocumentados sujetos también a los caprichos de las fuerzas del orden si son atrapados. Se supone que la ley identifica a las víctimas y enjuicia a los traficantes. Pero de un estimado de 21 millones de víctimas de la trata en el mundo, han ayudado e identificado a menos de 50 000 personas. Eso es como comparar la población del mundo con la población de Los Ángeles, proporcionalmente hablando. En cuanto a los encarcelados, de un estimado de 5700 condenas en 2013, menos de 500 fueron por tráfico de mano de obra. Tengan en cuenta que este tráfico representa el 68 % de todo el tráfico, pero menos del 10 % de las condenas. Un experto dice que el tráfico se da cuando la necesidad se une a la codicia. Me gustaría añadir un elemento más a eso. Se da cuando los trabajadores están excluidos de las protecciones, y se les niega el derecho a organizarse. La trata no ocurre en un vacío. Se da en los ambientes de trabajo sistemáticamente degradados. Podrían pensar, ella habla de estados fracasados ​​o devastados por la guerra, o... En realidad estoy hablando de EE. UU. Déjenme que les cuente cómo se ve. Pasé meses investigando un caso de tráfico llamado Global Horizons, de cientos de trabajadores agrícolas tailandeses. Fueron enviados a trabajar en las plantaciones de piña de Hawái, huertos de manzanas de Washington y donde fueran necesarios. Se les prometió 3 años de trabajo agrícola sólido. Así que tomaron un riesgo calculado. Vendieron su tierra, vendían joyas de sus esposas, para pagar los honorarios de reclutamiento de Global Horizons. Pero una vez que los trajeron, les confiscaron sus pasaportes. Golpearon a algunos y los sometieron a punta de pistola. Trabajaban muy duro y se desmayaban en el campo. Este caso me afectó mucho. Después volví a casa, Estaba por ahí en la tienda, y quedé congelada en la zona de producción. Recordaba las comidas que los sobrevivientes Global Horizons hacían para mí cada vez que iba a entrevistarlos. Terminaron una comida con ese plato de fresas perfectas, de tallo largo, y cuando me las dieron, dijeron, "¿No son este tipo de fresas las que comes con alguien especial en EE. UU.? ¿Y no saben mucho mejor cuando conoces las personas cuyas manos los recogieron para ti?". En esa tienda de alimentos, semanas más tarde, entendí que no tenía ni idea a quién agradecer por esta abundancia, y no tenía idea de cómo los trataban. Como periodista, empecé a recabar en el sector agrícola. Y encontré que hay demasiados campos, y muy pocos inspectores de trabajo. Encontré varias capas de negación plausible entre productor y distribuidor y procesador, y Dios sabe quién más. A los sobrevivientes de Global Horizons los trajeron a EE. UU. en un programa de trabajadores temporales. Ese programa de trabajador temporal ata la situación jurídica de una persona a su empleador, y niega a los trabajadores el derecho a organizarse. Eso sí, nada de lo que describo sobre el sector agrícola o el programa de trabajadores huéspedes es en realidad trata de personas. Es simplemente lo que encontramos legalmente tolerable. Y yo diría que esto es un terreno fértil para la explotación. Y todo esto me estaba oprimiendo, antes de intentar entenderlo. No era la única persona que lidiaba con estos problemas. Pierre Omidyar, fundador de eBay, es uno de los mayores filántropos contra la trata en el mundo. E invirtió accidentalmente cerca de 10 millones de dólares en esa plantación de piña citada por tener las peores condiciones de trabajo en ese caso de Global Horizons. Cuando se enteró, él y su esposa se conmocionaron y horrorizaron, y escribieron un artículo de opinión para un periódico, diciendo que todos debíamos aprender todo lo que pudiéramos de la mano de obra y suministro de los productos que consumimos. Estoy totalmente de acuerdo. ¿Qué pasaría si cada uno de nosotros decidimos que ya no vamos a apoyar a las empresas si no eliminan la explotación de su mano de obra? ¿Si exigimos leyes pidiendo lo mismo? ¿Si todos los directivos deciden que van a ir a sus negocios a decir: "No más"? ¿Si acabamos las tarifas de contratación de los trabajadores migrantes? Si los trabajadores huéspedes tienen el derecho a organizarse sin temor a represalias? Estas serían decisiones escuchadas en todo el mundo. No la compra de un melocotón de comercio justo ni comprar en una zona libre de culpa con su dinero. No es así como funciona. Esta es la decisión de cambiar un sistema dañado, y que sin saberlo, pero voluntariamente, nos permite beneficiarnos de él y beneficiarnos demasiado tiempo. A menudo insistimos en la victimización de los supervivientes de la trata. Pero ese no es mi experiencia con ellos. Durante todos los años que he hablado con ellos, me han enseñado que somos más que nuestros peores días. Cada uno de nosotros es más de lo que hemos vivido. Especialmente los sobrevivientes. Estas personas fueron las más ingeniosas, resistentes y responsables en sus comunidades. Eran las personas por las que uno apostaría. Podrían decir, venderé mis anillos, porque tengo la oportunidad de enviarlo a un futuro mejor. Ellos fueron los emisarios de la esperanza. Estos supervivientes no necesitan ahorros. Ellos necesitan la solidaridad, porque están detrás algunos de los mejores movimientos de justicia social hoy en día. Las niñeras y amas de casa que marcharon con sus familias y las familias de sus empleadores, su activismo nos consiguió un tratado internacional sobre los derechos de los trabajadores domésticos. Las mujeres nepalíes que fueron víctimas de la trata en el comercio sexual que se juntaron y decidieron que harían la primera organización en el mundo contra la trata dirigida y gestionada por sobrevivientes de la trata. Estos trabajadores indios fueron objeto de trata para la reconstrucción luego del huracán Katrina. Fueron amenazados con la deportación, pero salieron de su campamento de trabajo y marcharon desde Nueva Orleans a Washington, DC, para protestar contra la explotación laboral. Cofundaron la Alianza Nacional de Trabajadores Huéspedes, y a través de esta organización, han ayudado a otros trabajadores llevando luz a la explotación y los abusos en las cadenas de suministro en Walmart y las fábricas de Hershey. Y aunque el Departamento de Justicia se negó a tomar su caso, abogados de derechos civiles ganaron la primera de una docena de demandas civiles este mes de febrero, consiguiendo a sus clientes 14 millones de dólares. Estos supervivientes luchan por personas que no conocen todavía, otros trabajadores, y por la posibilidad de un mundo justo para todos nosotros. Es nuestra oportunidad de hacer lo mismo. Es nuestra oportunidad de tomar la decisión que nos dice quiénes somos, como personas y como sociedad; que nuestra prosperidad no es la prosperidad mayor, hasta que se fije en el dolor de otras personas; que nuestras vidas están inextricablemente entrelazadas; y que tenemos el poder de hacer una elección diferente. Era reacia a compartir la historia de mi tía con Uds. Antes de empezar este proceso TED y subir a este escenario, le había dicho esto a un puñado de personas, porque, al igual que muchos periodistas, estoy mucho más interesada en aprender de sus historias que compartir mucho, si acaso, de mí. Tampoco he construido mi misión periodística basada en esto. No he hecho las montañas de solicitudes de documentos, ni entrevistado a cada uno y su madre, ni he encontrado a mi tía todavía. No sé la historia de lo que le sucedió, y de su vida ahora. La historia que les he contado está desordenada y sin terminar. Pero creo que refleja la situación desordenada y sin terminar de todos cuando se trata de la trata de personas. Todos estamos implicados en este problema. Pero eso significa que todos somos también parte de su solución. Encontrar la manera de construir un mundo más justo es nuestro trabajo por hacer, y nuestra historia para contar. Digamos la forma en que deberíamos haberlo hecho, desde el principio. Vamos a contar esta historia juntos. Muchas gracias. (Aplausos)