Marwa Al-Sabouni
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Hola. Me llamo Marwa, y soy arquitecta. Nací y fui criada en Homs, una ciudad en la parte centro-occidental de Siria. y siempre he vivido aquí. Después de seis años de guerra, Homs ha sido casi enteramente destruida. Mi familia y yo tuvimos suerte; nuestra casa sigue aún en pie. Aunque durante dos años vivimos como reclusos en nuestra misma casa. En la calle había manifestaciones y batallas, bombardeos y francotiradores. Mi marido y yo teníamos un estudio de arquitectura. en la plaza mayor del casco antiguo. Que ha desaparecido, como la mayor parte del casco antiguo. La mitad del resto de los barrios de la ciudad ya son escombros. Desde el cese de fuego en 2015, muchos barrios en Homs han sido más o menos tranquilos. Nuestra economía está destrozada y la gente sigue luchando. Los que comerciaban en el mercado del casco antiguo. ahora venden en cobertizos en la calle. Bajo nuestro piso hay un carpintero, confiterías, un carnicero, una imprenta, talleres, y mucho más. He empezado a enseñar tiempo parcial, y con mi marido, que hace varios trabajos, abrimos una pequeña librería. Otra gente hace cualquier tipo de trabajo para arreglarse.

Cuando veo a mi ciudad destrozada, desde luego me pregunto: ¿Cómo llegamos a esta absurda guerra? Siria era en gran parte un país tolerante, históricamente acostumbrado a la variedad, en que convivían una gran variedad de fes, orígenes, costumbres, bienes y comidas. ¿Cómo ha podido mi país, un país con comunidades que conviven en armonía y que pueden tranquilamente hablar de sus diferencias... ¿cómo ha degenerado en una guerra civil, en la violencia, en el desplazamiento y en un odio sectario sin precedentes? Había varias razones que condujeron a esta guerra... sociales, políticas y económicas. Todas desempeñaron sus roles. Pero creo que hay una razón clave que fue pasada por alto y que es importante analizar, porqué de ella dependerá en gran parte si podemos asegurarnos que esto no vuelva a suceder. Y esta razón es la arquitectura.

La arquitectura en mi país tuvo un papel importante en crear, dirigir e intensificar el conflicto entre las facciones en guerra, y probablemente eso vale para otros países también. Existe seguramente una conexión entre la arquitectura de un lugar y el carácter de la comunidad que allí se instaló. La arquitectura juega un papel clave en si una comunidad se desmorona o se une. La sociedad siria vio la coexistencia de diferentes tradiciones y orígenes. Los sirios se beneficiaron del comercio abierto y comunidades sostenibles. Han gozado del verdadero significado de pertenecer a un lugar, y eso se reflejaba en el entorno edificado, con mezquitas e iglesias espalda contra espalda, en los zocos entretejidos y en los lugares públicos, cuyas proporciones y tamaños están basados en los principios de humanidad y armonía.

Esta arquitectura de mezclas aún se puede ver entre las ruinas. La antigua ciudad islámica en Siria tiene un pasado muy variado, que se integra con ella y adopta su espíritu. Lo mismo hicieron las comunidades. Las personas vivían y trabajaban juntas en un lugar que daba un sentido de pertenencia y que hizo que se sintieran en casa. Convivían de manera notablemente pacífica.

Pero durante el último siglo, poco a poco el delicado equilibrio de estos lugares ha sido comprometido; primero, desde los urbanistas de la época colonial, cuando los franceses con entusiasmo, se pusieron a cambiar las que veían como ciudades sirias obsoletas. Hicieron explotar calles y trasladaron monumentos. Las llamaban mejoras, y fueron el comienzo de una larga, lenta desintegración. El urbanismo y la arquitectura tradicionales de las ciudades aseguraban identidad y pertenencia no por separación, sino por entrelazamiento. Pero con el tiempo, lo antiguo se volvió inútil, y lo nuevo, codiciado. La armonía del entorno construido y el entorno social fue pisoteada por los elementos de la modernidad... brutales, incompletos bloques de hormigón, el abandono, la devastación estética, urbanismo divisivo que separa comunidades según clase, fe y riqueza.

Y lo mismo ocurría en la comunidad. Conforme la forma del entorno construido iba cambiando, lo hacía el estilo de vida y el sentido de pertenencia de las comunidades que también empezaron a cambiar. Desde un registro de unidad, de pertenencia, la arquitectura se convirtió en distinción, y las comunidades empezaron a distanciarse desde el mismo tejido que antes les unía, y desde el alma del lugar que representaba sus existencias comunes.

Aunque varias razones llevaron a la guerra en Siria, no debemos subestimar la manera en que, contribuyendo a la pérdida de de la identidad y la autoestima, la zonificación urbana y la errónea, inhumana arquitectura han alimentado divisiones sectarias y odio. Con el tiempo, la ciudad unida se ha transformado en un centro rodeado de guetos. Una por una, las comunidades se transformaron en grupos sociales, aislados uno del otro y aislados desde el lugar. Desde mi punto de vista, perder el sentido de pertenencia a un lugar y el sentido de compartirlo con otras personas ha hecho que sea más fácil destruirlo.

Un claro ejemplo se puede ver en el sistema de la vivienda informal, que antes de la guerra alojaba más de 40 % de la población. Sí, antes de la guerra, casi la mitad de la población de Siria vivía en barrios pobres, zonas periféricas sin infraestructura adecuadas, con interminables filas de cajas de bloque desnudas que contienen personas, cuya mayoría pertenecía al mismo grupo, por motivos de religión, clase, origen o todo lo anterior.

Este urbanismo guetizado resultó ser un precursor tangible de la guerra. El conflicto es mucho más fácil entre las áreas precategorizadas... donde "los demás" viven. Los lazos que unían la ciudad... si eran sociales, mediante la construcción coherente, o económico, a través del comercio en el zoco, o religioso, mediante una presencia coexistente... se perdieron todos en la modernización errónea y sin visión del entorno construido.

Permitanme un aparte. Cuando leo sobre el urbanismo heterogéneo en otras partes del mundo, en los barrios étnicos de las ciudades británicas o por París o Bruselas, reconozco el principio del tipo de inestabilidad que tan desastrosamente presenciamos aquí en Siria.

Hemos destruido cruelmente ciudades como Homs, Alepo, Daraa y muchas otras, y casi la mitad de la población del país ahora está desplazada.

Espero que la guerra termine, y como arquitecta, tengo que preguntar lo siguiente: ¿Cómo podemos reconstruir? ¿Cuáles son los principios que debemos adoptar para evitar repetir los mismos errores? Desde mi punto de vista, debemos centrarnos en crear lugares que dan a su gente un sentido de pertenencia. Arquitectura y planificación necesitan recuperar algunos de los valores tradicionales que hicieron exactamente eso, crear las condiciones para la convivencia y la paz, valores de belleza que no muestran ostentación, sino más bien, accesibilidad y comodidad, valores morales que promueven generosidad y aceptación, arquitectura que todos pueden disfrutar, no solo la élite, como solía ser en los callejones sombreados de la antigua ciudad islámica, diseños mixtos que fomentan un sentido de comunidad.

Hay un barrio aquí en Homs que se llama Baba Amr que ha sido totalmente destruido. Hace casi dos años, presenté este diseño en una competición de la ONU-Hábitat para su reconstrucción. La idea era crear un tejido urbano inspirado por un árbol, capaz de crecer y extenderse orgánicamente haciendo eco del puente que pende sobre los antiguos callejones, e incorporando apartamentos, patios privados, tiendas, talleres, lugares para el estacionamiento y de juego y ocio, árboles y zonas de sombra. Por supuesto está lejos de ser perfecto. Lo dibujé durante las pocas horas de la electricidad que tenemos. Y hay muchas maneras posibles para expresar pertenencia y comunidad con la arquitectura. Pero compárelo con los independientes y desconectados bloques propuestos por el proyecto oficial para la reconstrucción de Baba Amr.

La arquitectura no es el eje en torno al cual gira toda la vida humana, pero tiene el poder de sugerir e incluso dirigir la actividad humana. En ese sentido, el asentamiento, la identidad y la integración social son todos productores y productos de un urbanismo efectivo. El urbanismo coherente de la antigua ciudad islámica y de muchos ciudades europeas antiguas, por ejemplo, promueve la integración, mientras las filas de viviendas sin alma o las torres, incluso cuando son de lujo, tienden a promover el aislamiento y la "otredad". Aun las cosas simples como lugares sombreados o plantas frutales o agua potable dentro de la ciudad pueden hacer una diferencia en cómo la gente se relaciona al lugar, y si lo consideran un lugar generoso que ofrece, un lugar en el que vale la pena seguir invirtiendo, o si lo ven como un lugar alienante, lleno de semillas de ira. Para que un lugar pueda dar algo, también su arquitectura debería dar.

Nuestro entorno construido es importante. El tejido de nuestras ciudades se refleja en el tejido de nuestras almas. Y sea en la forma de barrios informales de hormigón o viviendas sociales discontinuas o cascos antiguos pisoteados o bosques de rascacielos, los arquetipos urbanos contemporáneos que han surgido en todo el Oriente Medio han sido una de las causas de la alienación y fragmentación de nuestras comunidades.

Podemos aprender de esto. Podemos aprender cómo reconstruir de otra forma, como crear una arquitectura que no contribuye solamente a los aspectos prácticos y económicos de la vida de la gente, sino también a sus necesidades sociales, espirituales y psicológicas. Estas necesidades fueron ignoradas en Siria antes de la guerra. Tenemos que crear de nuevo ciudades que sean compartidas por las comunidades que las habitan. Si lo hacemos, la gente no sentirá necesidad de buscar identidades opuestas a las otras identidades a su alrededor, porque todos se sentirán como en casa.

Gracias por escuchar.