Kathryn Schulz
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Ese es Johnny Depp, por supuesto. Y ese es su hombro. Y ese es su famoso tatuaje del hombro. Algunos de Uds. sabrán que en 1990, Depp se comprometió con Winona Ryder, Y se tatuó en su hombro derecho: “Winona para siempre.” Y tres años después, -es francamente normal para Hollywood- se separaron, y Johnny intentó repararlo. Y ahora su hombro se lee: “Wino [borrachín] para siempre.”

(Risas)

Así como Johnny Depp y el 25% de los estadounidenses, entre 16 y 50 años, tengo un tatuaje. Pensé tener mi primer tatuaje a mitad de los 20 años, pero deliberadamente esperé un tiempo. Porque todos sabemos que hay gente que se tatuó a los 17 años o a los 19 o 23 años, y lo lamentó a los 30. Eso no me pasó. Me tatué a los 29 años, Y me arrepentí inmediatamente. Y con “me arrepentí”, quiero decir que salí del negocio de tatuajes, que está a un par de millas de aquí, hacia el Lower East Side, y tuve una gran crisis emocional a plena luz del día, en la esquina de East Broadway y Canal Street. (Risas) Y es un lugar estupendo para hacerlo porque a nadie le importa. (Risas) Luego me fui a casa esa noche, y tuve una crisis emocional aún mayor, de la que diré algo más en unos minutos.

Y todo esto fue muy impactante para mí, porque antes de esta situación me enorgullecía de no tener nada de que arrepentirme. Cometí muchos errores y tomé decisiones tontas, por supuesto. Y lo hago a cada momento. Pero siempre he sentido que tomé la mejor decisión teniendo en cuenta quién era yo, y dada la información a mi alcance. De esto aprendí una lección. De alguna manera me llevó donde estoy ahora. Y no lo cambiaría. En otras palabras, había bebido nuestra gran cultura Kool-Aid del arrepentimiento, que plantea que lamentar cosas que ya ocurrieron es una pérdida absoluta de tiempo, y que siempre debemos mirar hacia adelante y no hacia atrás; Y que lo mejor y más noble que podemos hacer es tratar de vivir sin remordimientos.

Esta idea esta muy bien comprendida en esta cita: “Las cosas que no tienen remedio no deben tenerse en cuenta; lo hecho, hecho está.” Y en un primer momento parece una filosofía admirable, algo que todos podrían estar de acuerdo en firmar, hasta que les diga quién lo dijo. Correcto, ésta es Lady Macbeth, diciéndole básicamente a su marido que no sea cobarde sintiéndose mal por matar a gente. Y resulta que Shakespeare ha dado en el clavo aquí; como generalmente hacía. Porque la incapacidad de experimentar arrepentimiento, es, en realidad, una característica de diagnóstico de sociópatas. Y por cierto, es también una característica de cierta clase de daño cerebral. Así las personas que tienen un daño en la corteza orbitofrontal parecen ser incapaces de sentir remordimientos, incluso frente a las decisiones evidentemente más pobres. Y si a pesar de esto quieren vivir una vida libre de remordimientos, hay una opción para Uds. Se llama lobotomía. Pero si quieren ser completamente funcionales y humanos, y realmente humanitarios creo que es necesario aprender a vivir no sin arrepentimiento, sino con él.

Pero comencemos a definir algunos términos. ¿Qué es arrepentimiento? El arrepentimiento es el sentimiento experimentado al pensar que nuestra situación actual podría ser mejor o más feliz si hubiéramos hecho algo diferente en el pasado. En otras palabras, el remordimiento requiere de dos cosas. En primer lugar, requiere de agencialidad, es decir, tuvimos que tomar una decisión. Y segundo, se requiere imaginación. Tenemos que ser capaces de imaginar volver atrás y hacer una elección diferente, y luego necesitamos rebobinar este registro imaginario hacia adelante e imaginar cómo las cosas se desarrollarían en nuestro presente. Y de hecho, cuanto más tenemos de cualquiera de estas cosas, cuanto más albedrío e imaginación respecto a un remordimiento, más agudo será el arrepentimiento.

Digamos, por ejemplo, que estás en camino a la boda de tu mejor amigo, tratas de llegar al aeropuerto y te encuentras atascado en el tránsito; finalmente llegas al embarque pero has perdido el vuelo. Lo lamentarás mucho más si pierdes el vuelo por 3 minutos que por 20. ¿Por qué? Porque si pierdes el vuelo por 3 minutos, resulta doloroso imaginar que podrían haber tomado decisiones diferentes que les habrían llevado a un mejor resultado. “Hubiera tomado el puente y no el túnel.” “Tendría que haber pasado con la luz amarilla.” Estas son las circunstancias clásicas que generan remordimiento. Sentimos remordimiento cuando pensamos que somos responsables por una decisión que salió mal, pero que casi sale bien.

Y dentro de ese marco, podemos, por supuesto, sentir remordimiento por muchísimas cosas diferentes. La charla de hoy es acerca de la economía conductual. Y la mayor parte de lo que sabemos acerca del arrepentimiento nos llega de ese campo. Tenemos un vasto campo literario acerca del consumidor y las decisiones financieras, y los lamentos asociados a ellas, básicamente, el remordimiento del comprador- Pero finalmente, se les ocurrió a algunos investigadores dar un paso atrás y decir: “está bien, pero en general, ¿qué es lo que más lamentan en la vida?” Y esto es lo que mostraron las respuestas.

Así, los 6 lamentos más importantes, las cosas que más lamentamos en la vida: número 1, con diferencia, la educación. El 33% de todos nuestros arrepentimientos, conciernen a decisiones tomadas sobre educación. Hubiéramos deseado sacar más partido de ella. Nos hubiera gustado haber aprovechado mejor la educación que tuvimos. Hubiéramos deseado estudiar otra disciplina. Otro de los temas de la lista de arrepentimientos más importantes, son la carrera, el amor, la paternidad; varias decisiones y elecciones vinculadas al sentido de uno mismo, y cómo usamos nuestro tiempo libre, o más específicamente, cómo desperdiciamos nuestro tiempo libre. Los demás arrepentimientos, se refieren a lo siguiente: finanzas, problemas familiares sin estar vinculados con el amor o la paternidad, salud, amigos, espiritualidad y la comunidad.

En otras palabras, sabemos más acerca del arrepentimiento por el estudio de las finanzas. Pero resulta que cuando se observa en general lo que la gente lamenta en la vida, saben una cosa, nuestras decisiones financieras ni siquiera clasifican. Ellas representan menos del 3% del total de nuestros lamentos. Así, si están allí sentados y estresados por una gran capitalización o una pequeña, o entre la compañía A y la compañía B; o si comprarían el Subaru o el Prius, saben que, dejen eso. Según las probabilidades, no le prestarán atención dentro 5 años.

Pero ante aquellas cosas que realmente nos importan, y experimentamos un profundo arrepentimiento, ¿Qué se siente de esa experiencia? Todos conocemos la respuesta inmediata. Se siente muy mal. Es horrible sentir arrepentimiento. Pero resulta que uno se siente terrible lamentándose de 4 maneras específicas y constantes. Así, el primer componente constante del arrepentimiento es básicamente la negación. Al irme a casa esa noche tras hacerme el tatuaje, permanecí despierta prácticamente toda la noche. Y durante las primeras horas, tuve exactamente un pensamiento en la cabeza Y el pensamiento era: “¡Quítatelo!” Esa es una respuesta emocional increíblemente primitiva. Quiero decir que es el tipo de respuesta: ”¡Quiero a mi mamá!” No tratamos de resolver el problema. No tratamos de entender cómo se produjo el problema. Sólo queremos que desaparezca.

El segundo componente característico del arrepentimiento, es la sensación de desconcierto. Así que otra cosa que pensé esa noche fue: “¿Cómo pude haber hecho eso?" "¿Qué estaba pensando?” Este sentido real de separación de aquella parte de nosotros que tomó la decisión que lamentamos; no podemos identificarnos con esa parte. No la comprendemos. Y ciertamente, no tenemos ninguna empatía hacia esa parte, lo que explica el tercer componente del arrepentimiento, que es un intenso deseo de autocastigo. Es por eso que frente a nuestro lamento, lo que decimos sistemáticamente es: “es para darme la cabeza contra la pared.” El cuarto componente es como los psicólogos llaman al remordimiento: perseverante. Perseverar significa centrarse obsesiva y repetidamente en lo mismo. El efecto de la perseverancia es, básicamente, tomar estos tres componentes del remordimiento y ponerlos en un bucle infinito. Por eso, no es que me quedara en mi cuarto pensando esa noche: “Quítatelo” Sino que me quedé allí y pensé: “Quítatelo. Quítatelo. “Quítatelo. Quítatelo." Y si consultan bibliografía especializada en psicología, estos son los 4 componentes constantes de la definición de arrepentimiento.

Pero quiero sugerir un quinto también. Y creo esto como un llamado de atención existencial. Esa noche en mi apartamento, tras haberme dado de patadas, me quedé en la cama durante un rato largo, y pensé en los injertos cutáneos. Y entonces pensé que de la misma manera que el seguro no cubre los actos de Dios, probablemente mi seguro de salud no cubre actos idiotas. A decir verdad, ningún seguro cubre actos idiotas. El punto central de los actos idiotas es que te dejan totalmente sin seguro; te dejan expuesto al mundo y expuesto a tu propia vulnerabilidad y falibilidad, frente a un mundo francamente indiferente.

Esta es obviamente una experiencia dolorosa. Y creo que es particularmente doloroso para nosotros en Occidente condicionados por lo que llamo: la cultura del “Control Z.” Control Z, como el comando de la computadora, Deshacer. Estamos increíblemente acostumbrados a no enfrentar en cierto sentido, las duras realidades de la vida. Creemos que poniendo dinero en un problema o empleando tecnología en él, podemos deshacer, "desamistarnos" y dejar de seguir a alguien. Y el problema es que hay ciertas cosas que pasan en la vida que queremos cambiar desesperadamente y no podemos. Algunas veces, en lugar del Control-Z, tenemos control cero. Y para aquellos que somos fanáticos del control y perfeccionistas -y sé de lo que hablo- esto es realmente difícil, porque queremos hacer todo nosotros mismos y bien.

Ahora, hay un argumento válido Para que los fanáticos del control y perfeccionistas no se hagan tatuajes y volveré a ese punto en unos minutos. Pero primero quiero decir, que la intensidad y persistencia con que experimentamos estos componentes emocionales del arrepentimiento, obviamente variarán de acuerdo al hecho específico del arrepentimiento. Así, por ejemplo, este es uno de mis generadores favoritos de arrepentimiento automáticos de la vida moderna. (Risas) Texto: ”Responder a todos.” Y lo increíble de esta innovación tecnológica insidiosa, es que solo con una cosa, podemos experimentar una gran variedad de arrepentimiento. Puedes accidentalmente apretar “responder a todos” en un email y arruinar una relación. O pueden tener un día increíblemente difícil en el trabajo. O pueden tener su último día en el trabajo.

Y esto ni siquiera roza los profundos arrepentimientos de la vida. Porque por supuesto, algunas veces tomamos decisiones que tienen consecuencias irrevocables y terribles para nosotros o para la salud, felicidad y sustento de otras personas; y en el peor de los casos, incluso para sus vidas. Obviamente, esta clase de remordimientos son increíblemente desgarradores y duraderos. Quiero decir que hasta un arrepentimiento tonto como el “responder a todos” pueden dejarnos una martirizante agonía durante días.

Entonces ¿cómo vivir con esto? Quiero sugerir tres cosas que ayudan a aceptar nuestros remordimientos. Y el primero de estos es consolarse en su universalidad. Si googlean arrepentimiento y tatuaje, obtendrán 11,5 millones de visitas. (Risas) La FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) estima que de todos los estadounidenses que tienen tatuajes, el 17% de nosotros lo lamenta. Esto incluye a Johnny Depp y a mí, y a nuestros 7 millones de amigos. Y esto es solo arrepentimiento de los tatuajes. Estamos todos juntos en esto.

La segunda manera para poder ayudar a aceptar nuestros arrepentimientos es reírnos de nosotros mismos. En mi caso, esto no fue un problema porque de hecho es muy fácil reírse de uno mismo cuando se tiene 29 años y llamas a tu mamá, porque no te gusta tu nuevo tatuaje. Sin embargo, podría parecer una sugerencia cruel y simplista cuando se trata de remordimientos más profundos. Aunque no creo que este sea el caso. Todo aquel que haya experimentado remordimiento que contenga dolor y desconsuelo real, comprende que el humor e incluso el humor negro, juega un papel fundamental en ayudarnos a sobrevivir. este conecta los polos opuestos de nuestra vida, el positivo y el negativo, y nos reenvía un poco de corriente de vida.

La tercer manera en que podemos hacer las paces con los remordimientos es a través del tiempo, el cual, como sabemos, cicatriza todas las heridas -excepto por los tatuajes porque son permanentes- Así, ya han pasado varios años desde mi primer tatuaje. ¿Y quieren verlo? Muy bien. En realidad, debo advertirles que se decepcionarán. Porque francamente no es tan horrible. No me tatué la cara de Marilyn Manson en alguna parte indiscreta de mi cuerpo, o algo por el estilo. Cuando alguien ve mi tatuaje, a la mayoría le gusta cómo luce. Es solo que a mí no me gusta cómo se ve. Y como dije al comienzo, soy una perfeccionista. Pero se lo mostraré de todas maneras.

Este es mi tatuaje. Puedo adivinar lo que algunos están pensando. Así que permítanme asegurarles algo. Alguno de sus arrepentimientos no son tan feos como creen. Me hice este tatuaje porque pasé la mayor parte de mis 20 años viviendo fuera del país y viajando. Y cuando después volví y me instalé en Nueva York, me preocupaba que fuera a olvidar algunas de las lecciones importantes que aprendí durante ese tiempo. Concretamente, las dos cosas que aprendí de mí y que no quería olvidar para nada, eran qué importante es seguir explorando, y al mismo tiempo, qué importante es seguir atentos a nuestro verdadero norte. Y lo que me encantó de esta imagen de la brújula, es que sintetizaba dos ideas en una sola imagen. Y pensé que podía servir como dispositivo mnemotécnico permanente.

Pues bien, sirvió. Pero resulta que no me recuerda lo que pensé, sino que me recuerda constantemente otra cosa. En realidad, me recuerda la lección de remordimiento más importante, que es también la lección más importante que nos enseña de vida. E irónicamente es, probablemente, lo más importante que podría haberme tatuado en el cuerpo, por un lado, como escritora, pero también como ser humano. Aquí está, si tenemos metas y sueños, y queremos hacerlo mejor, y si amamos a las personas y no queremos lastimarlas o perderlas; hemos de sentir dolor cuando las cosas salen mal. La cuestión no es vivir sin ningún remordimiento. La cuestión es no odiarnos por tenerlos.

En definitiva, la lección que aprendí de mi tatuaje, y es la que les dejaré hoy, es ésta: necesitamos aprender a amar lo defectuoso, las cosas imperfectas que creamos y perdonarnos por crearlas. El arrepentimiento no nos recuerda lo que hicimos mal. Sino que nos recuerda que sabemos que podemos hacerlo mejor.

Muchas gracias.

(Aplausos)