Juliet Brophy
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Los orígenes de la humanidad. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Y cómo lo sabemos? En mi especialidad, la paleoantropología, estudiamos los orígenes de la humanidad, quiénes somos y de dónde venimos, a través del análisis de fósiles que datan de miles o millones de años. En 2015, con un grupo de colegas denominamos una nueva especie en el género Homo, nuestro género. La llamamos "Homo naledi". Retrocedamos un poco y pongamos esto en contexto.

El último antepasado común que tenemos con el chimpancé data de entre seis y ocho millones de años atrás. Los primeros homininis, los primeros antepasados del ser humano, evolucionaron para formar el grupo de los australopitecinos. Los australopitecinos evolucionaron para convertirse en el género Homo y luego en humanos modernos: nosotros.

Con cada nuevo descubrimiento fósil estamos un poquito más cerca de entender quiénes somos y de dónde venimos. Con el hallazgo de estos nuevos fósiles, vemos que hay que modificar este árbol. Hasta este descubrimiento, creíamos tener una idea bastante buena de los patrones del cambio evolutivo. Los fósiles que tenemos actualmente sugieren que las primeras poblaciones del género Homo evolucionaron en África hace dos o tres millones de años. Unos 300 000 años atrás aparecen los orígenes de los primeros humanos modernos. Si bien el registro fósil en África entre estas fechas es relativamente escaso, los fósiles encontrados demostraban ciertas tendencias desde nuestros primeros antepasados hasta los humanos modernos. Por ejemplo, nuestro cerebro se fue agrandando con respecto al cuerpo. La pelvis fue tomando una forma como de cuenco, y la morfología, o la forma, de la mano y la muñeca sugería un cambio en la capacidad prensil pues empezábamos a trabajar con herramientas de piedra y a pasar menos tiempo en los árboles. Estos nuevos fósiles trastocan todo lo que creíamos saber de estas tendencias y nos obligan a pensar diferente acerca de la evolución humana.

Sudáfrica en general, y la Cuna de la Humanidad en particular, contienen numerosos sitios donde se han hallado cientos de miles de fósiles. Cuando cursaba mis estudios de grado, me enamoré de uno de ellos... la señora Ples. El cráneo de un antepasado humano de 2,1 millones de años. A partir de ese momento, decidí ir a Sudáfrica y estudiar la evolución humana. Fui por primera vez en 2003, y tuve la oportunidad de ver a mi querida señora Ples.

(Risas)

Pero es difícil expresar el entusiasmo que sentí cuando, como joven científica, fui seleccionada por Lee Berger, un paleoantropólogo de renombre mundial, para ser una de las principales analistas de fósiles recién excavados e inéditos.

Este tesoro de fósiles provenía de un nuevo sitio arqueológico llamado cámara Dinaledi, en el sistema de cuevas de Rising Star. Normalmente las especies se determinan a través de un cráneo, una mandíbula o, muy raramente, de una serie de piezas poscraneales, es decir, por debajo del cuello. Los fósiles de Dinaledi eran algo completamente diferente. Una cantidad de especímenes sin precedente, 1800 hasta el momento, han sido excavados en las cuevas de Rising Star. Esto representa al menos 15 esqueletos individuales. El equipo de investigación al que fui invitada tenía la tarea de describir, comparar y analizar los fósiles, con el difícil objetivo de identificar a qué especies pertenecían. Estábamos divididos según nuestras especialidades y teníamos áreas asignadas dentro del laboratorio. Estaba "Manolandia", para aquellos que analizaban fósiles de manos, el "Paraíso de la Pelvis" para los de la cadera... Yo estaba en el "Canal Dental".

(Risas)

Cada noche, luego de un largo e intenso día de trabajo, los equipos nos juntábamos para hablar de los hallazgos, y de todas las preguntas que todavía nos obsesionaban. Era increíble lo distintas que eran las interpretaciones. Era como si cada parte del cuerpo fuera de una especie diferente, según lo que sabíamos del registro fósil. El conjunto de características que veíamos no encajaba con ninguna especie conocida. Si hubiéramos encontrado solo el cráneo, lo habríamos llamado de una forma; si hubiéramos encontrado solo la pelvis, lo habríamos llamado de otra. La anatomía de los esqueletos no era compatible con lo que creíamos saber sobre la evolución humana. ¿Pertenecía al género Homo? ¿Era un australopitecino, esos antepasados bípedos de rasgos más bien simiescos? ¿O pertenecía tal vez a una especie propia?

Finalmente decidimos, luego de mucho deliberar, que los especímenes de Rising Star eran, en efecto, una nueva especie a la que llamamos "Homo naledi". De la cabeza a los pies, los fósiles presentan un mosaico de rasgos primitivos o arcaicos y otros derivados más modernos. El cráneo es bastante evolucionado, ya que se parece más a los primeros representantes del género Homo, como el Homo habilis y el Homo erectus. Sin embargo, el cerebro es apenas la mitad del tamaño del cerebro humano moderno, más pequeño que el de cualquier otro Homo que se haya encontrado anteriormente.

Yo, que me especializo en dientes, diría que estos son los mejores fósiles de todo el sitio.

(Risas)

El conjunto se compone de 190 dientes enteros o fragmentos ordenados por edad, del más antiguo al más nuevo. Como los esqueletos, los dientes presentan una mezcla de rasgos primitivos y derivados. En los humanos modernos, el tercer molar es el más chico y el primero es el más grande, pero el Homo naledi tiene la condición primitiva donde el tercer molar es el más grande y el primero es el más chico. Los dientes anteriores, o incisivos y caninos, son pequeños para el género Homo, y el canino inferior tiene una cúspide, una cúspide adicional que le da esa forma de mitón tan característica, igual a la de algunos especímenes del antepasado Homo erectus. La forma de los dientes en general me parecía rara, así que hice un análisis de la forma de la corona en la superficie oclusal de los dientes temporales, o dientes de leche, a la izquierda, y los premolares y molares permanentes a la derecha. Los dientes temporales son particularmente angostos, y los premolares tienen una forma única comparada con otros homininos.

De hecho, cuando comparo los perfiles y los superpongo, son muy parecidos. Decimos que tienen "poca variación intraespecífica", que hay poca variación dentro de la especie. Cuando comparo esto con grupos como los australopitecinos, la variación intraespecífica es mucho más importante.

A nivel poscraneal, el equipo concluyó que la posición de los hombros indicaba que el naledi era trepador; la pelvis ensanchada y los dedos curvos son rasgos primitivos del género Homo. Por otro lado, la muñeca parecida a la humana, los dedos largos y los pies modernos son compatibles con el género Homo.

En 2017, anunciamos el hallazgo de más especímenes de Homo naledi en otra cámara cercana, la de Lesedi, también en el sistema Rising Star. Además, nuestro equipo de geólogos consiguió estimar la antigüedad. La fecha es muy importante porque, hasta ahora, habíamos basado nuestros análisis solo en la morfología de los especímenes, sin previo conocimiento de su antigüedad, lo cual podía sesgar inconscientemente nuestras interpretaciones. Con ese cerebro pequeño y esa pelvis ancha, no nos habría sorprendido que los fósiles tuvieran dos millones de años. En cambio, la datación resultó ser de entre 235 y 336 mil años. Una antigüedad increíblemente poca para una especie de cerebro tan pequeño.

Recuerden lo que dije antes: pensábamos que nuestro cerebro se iba agrandando con respecto al cuerpo. Ahora teníamos un individuo joven con un cerebro pequeño que desafiaba esa teoría. ¿Qué significa todo esto?

El Homo naledi nos ha enseñado que debemos reevaluar lo que significa pertenecer al género Homo. Debemos repensar lo que significa ser humano. De hecho, la mayoría de los rasgos que definen el género Homo, como el tamaño del cerebro y la morfología de la cadera, ya no son válidos. No existe otra especie con esta mezcla de rasgos primitivos y derivados. ¿Por qué existe tanta variación morfológica en el género Homo? ¿Y cuál es la fuerza que rige esa variación?

Otro aspecto importante de estos fósiles es que, por primera vez, tenemos evidencia concreta de que hubo una especie que coexistió en África hace 300 000 años con los humanos modernos. Hasta ese descubrimiento, solo sabíamos que habían existido humanos modernos con cerebros grandes en África. ¿Se reprodujeron entre ellos? ¿Competían entre ellos?

Estos fósiles también son significativos para los arqueólogos que estudian herramientas de piedra en Sudáfrica. Tengamos en cuenta que ni en la cámara Dinaledi ni en la de Lesedi hay objetos. Sin embargo, son contemporáneas con varias herramientas de piedra que habrían sido fabricadas por humanos modernos o por un antepasado directo. La pregunta inevitable es: ¿quién fabricó las herramientas de piedra en Sudáfrica? Por lo general, un cerebro grande indica que la especie es capaz de usar herramientas. La idea es que se necesita un cerebro grande para ser capaz de hacer herramientas de piedra. Pero esa noción ha sido cuestionada. Más aún, el Homo naledi, incluso con su pequeño cerebro, tiene la mano y la muñeca de forma similar a otras especies que sí fabricaron y usaron herramientas de piedra, lo que sugiere que tenía la capacidad. Sabiendo que hubo dos especies coexistiendo en África hace 300 mil años, ya no podemos seguir diciendo que sabemos quién fabricó las herramientas encontradas en sitios sin ninguna especie asociada.

¿Dónde encaja el Homo naledi dentro de nuestro linaje evolutivo? ¿Con quién tiene el parentesco más cercano? ¿De quién evolucionó? Todavía estamos tratando de averiguarlo. La ironía es que los paleoantropólogos son famosos por tener muestras pequeñas. Ahora tenemos una muestra grande y más preguntas que respuestas. El Homo naledi nos ha enseñado, nos ha acercado un poquito más a comprender nuestro pasado evolutivo. Así que, si bien la señora Ples ocupará siempre un lugar especial en mi corazón, ahora lo comparte con miles de especímenes.

(Risas)

Gracias.

(Aplausos)