David Casarett
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Quisiera hablarles de lo más vergonzoso que me ha ocurrido en años de trabajo como médico de cuidados paliativos. Hace un par de años, me pidieron, como consultor, ver a una mujer de 70 años, una profesora de inglés retirada que tenía cáncer de páncreas. Me pidieron que la viera porque tenía dolores, náuseas, vómitos... Cuando fui a verla, hablamos de los síntomas y en el transcurso de la consulta, me preguntó si creía que la marihuana medicinal le ayudaría. Traté de recordar todo lo que aprendí en la escuela de medicina acerca de la marihuana medicinal, lo cual no me llevo tiempo alguno porque no había aprendido nada. Le dije que hasta donde yo sabía, la marihuana medicinal no tenía beneficios. Ella sonrió y asintió, alcanzó su bolso junto a la cama y sacó una pila de ensayos controlados aleatorios que mostraban que la marihuana medicinal tenía beneficios para síntomas como náuseas, dolores y ansiedad. Me dio esos artículos y dijo, "Quizá deba leer esto antes de dar una opinión... doctor".

(Risas)

Y eso hice. Esa noche leí todos esos artículos y encontré algunos más. Cuando fui a verla la mañana siguiente, admití que parecía haber evidencia de que la marihuana ofrecía beneficios y sugerí que si ella estaba interesada debía probarla. ¿Saben qué dijo? ¿Esta profesora retirada de inglés de 73 años? Dijo, "Lo hice hace seis meses. Fue fantástico. La consumo todos los días desde entonces. Es la mejor droga que he descubierto. No sé por qué me tomó 73 años descubrirla. Es fantástica".

(Risas)

En ese momento me di cuenta de que necesitaba aprender más sobre la marihuana medicinal porque lo que aprendí en la escuela de medicina no tenía relación con la realidad.

Comencé a leer más artículos, a hablar con investigadores, con médicos, y lo más importante, comencé a escuchar a los pacientes. Terminé escribiendo un libro basado en esas conversaciones, y ese libro gira en torno a tres cuestiones que me sorprendieron. Una a la que ya aludí, de que la marihuana medicinal tiene beneficios. Esos beneficios quizá no sean tan grandes o asombrosos como los más ávidos defensores de la marihuana medicinal nos quieren hacer creer, pero son reales. Sorpresa número dos: la marihuana medicinal tiene algunos riesgos. Esos riegos no son tan grandes y alarmantes como algunos de sus oponentes nos quieren hacer creer, sin embargo, son riesgos reales. Pero fue la tercera sorpresa la más... sorprendente. Muchos de los pacientes con los que hablé que recurrieron a la marihuana medicinal en busca de ayuda, no recurrieron a esta por sus beneficios o por el balance de riesgo-beneficio, o porque fuese un medicamento maravilloso, sino porque les dio control sobre su enfermedad. Les permitió manejar su salud en una manera productiva, eficiente, efectiva y cómoda para ellos.

Les contaré de otra paciente. Robin tenía apenas 40 cuando la conocí. Parecía como si tuviera 60. Había padecido de artritis reumatoide en los últimos 20 años, sus manos estaban retorcidas por la artritis, su espina estaba torcida, necesitaba una silla de ruedas para moverse. Se veía débil y frágil, y supongo que físicamente lo estaba, pero emocionalmente, cognitivamente, psicológicamente, estaba entre la gente más dura que he conocido. Cuando me senté junto a ella en un dispensario de marihuana medicinal en California para preguntarle el porqué había recurrido a la marihuana medicinal, lo que hizo por ella y cómo le ayudó, me dijo cosas que otros pacientes me habían dicho antes. Le ayudaba con la ansiedad; le ayudaba con el dolor; cuando su dolor aminoraba, dormía mejor. Ya había escuchado eso antes. Pero ella me dijo algo que nunca había escuchado antes, dijo que ello le daba control sobre su vida y sobre su salud. Podía usarlo cuando quisiera, como ella quisiera, la dosis y la frecuencia que le funcionara. Si no le funcionaba, podía hacer ajustes. Todo dependía de ella. Lo más importante, dijo, era que no necesitaba el permiso de nadie más — ni cita clínica, ni la receta del médico, ni el pedido de un farmaceútico. Todo dependía de ella. Ella tenía el control.

Si eso parece poco para alguien con una enfermedad crónica, no lo es es absoluto. Cuando se tiene una enfermedad crónica seria, sea artritis reumatoide o lupus o cáncer o diabetes, o cirrosis, se pierde el control. Dense cuenta que dije "cuando" no "si". Todos nosotros en algún punto de la vida padeceremos una enfermedad crónica seria que nos hará perder control. Veremos nuestra actividad disminuir, algunos veremos nuestra cognición decaer, no seremos capaces de cuidarnos a nosotros mismos, de hacer las cosas que queremos hacer. Nuestros cuerpos nos traicionarán, y en ese proceso, perderemos control. Es escalofriante. No sólo escalofriante, es espantoso, es aterrador. Cuando hablo con mis pacientes de cuidados paliativos, muchos de los cuales padecen enfermedades que acabarán con sus vidas, tienen mucho por lo que estar aterrados, dolor, náusea, vómito, estreñimiento, fatiga, su inminente mortalidad. Lo que los asusta más que cualquier cosa es la posibilidad de que en algún punto, mañana o en un mes, van a perder control de su salud, de sus vidas, del cuidado de su salud, y dependerán de otros, y eso es aterrador.

No es de sorprenderse que pacientes como Robin, de la que les acabo de hablar que conocí en la clínica, recurran a la marihuana medicinal para intentar recuperar un indicio de control. ¿Cómo lo logran? ¿Cómo estos dispensarios de marihuana medicinal, como en el que conocí a Robin, cómo les dan a pacientes como Robin el control que necesitan? ¿Y cómo lo hacen? porque los hospitales convencionales y clínicas, al menos para Robin, no lo logran. ¿Cuál es su secreto? Decidí averiguarlo.

Fui a una clínica sospechosa en Venice Beach en California con una recomendación para ser paciente tratado con marihuana medicinal. Me dieron una carta de recomendación para poder comprar. Obtuve esa recomendación de manera ilegal, porque no resido en California, debo mencionarlo. También debo constatar que nunca usé esa recomendación para realizar una compra, y para los agentes de la DEA que andan allá afuera,

(Risas)

me gusta el trabajo que realizan, sigan haciéndolo.

(Risas)

Aunque no me permitió realizar una compra, esa carta fue de gran valor porque me permitió ser un paciente. Me permitió experimentar lo que pacientes como Robin experimentan al acudir a un dispensario de marihuana medicinal. Lo que experimenté, lo que ellos viven cada día, cientos de miles de personas como Robin, es estupendo. Entré a la clínica, desde que entré, de entre todas las clínicas y dispensarios, sentí que ese dispensario, esa clínica, era para mí. En un inicio me preguntaron quién era, a qué me dedicaba, cuáles eran mis objetivos al buscar recetas de marihuana medicinal, o de algún producto, cuáles eran mis objetivos y preferencias, o mis esperanzas, cómo pensaba o esperaba que esto me ayudase, a qué le tenía miedo. Son el tipo de preguntas que les hacen siempre a pacientes como Robin. Son el tipo de preguntas que me dan confianza de que la persona con quien hablo realmente entiende mis intereses y quiere conocerme.

Lo segundo que aprendí en esas clínicas es la disponibilidad de la educación. Educación por parte de las personas detrás del mostrador, y de las personas en la sala de espera. Me senté junto a gente más que feliz, gente como Robin, para que me contaran de ellos y por qué usaban marihuana medicinal, cómo les ayudaba, y me dieron consejos y sugerencias. Esas salas de espera son colmenas de interacción, consejo y apoyo.

Lo tercero, las personas detrás del mostrador, me sorprendió lo dispuestas que estaban durante una hora o más, a hablarme sobre los matices entre las cepas, la diferencia entre fumar y vaporizar, entre comestibles y tinturas. Todo esto sin que yo hiciera compra alguna, recuerden. Piensen en la última vez que fueron a un hospital o clínica y la última vez en que alguien les explicó ese tipo de cosas durante una hora. El que pacientes como Robin vayan a estas clínicas, o a esos dispensarios y tengan esa atención personalizada, educación y servicio, debería ser una llamada de atención para el sistema de atención médica. Gente como Robin se aparta de la medicina convencional, y recurren a los dispensarios de marihuana medicinal. porque estos le dan lo que necesita.

Esta llamada de atención para el sistema de salud, es algo que muchos de mis compañeros no están escuchando o no quieren escuchar. Cuando hablo con mis colegas médicos, en particular, sobre la marihuana medicinal dicen: "Necesitamos más evidencia. Hace falta mayor investigación sobre los beneficios y los riesgos". ¿Saben qué? Están en lo cierto. Completamente en lo cierto. Hace falta mucha más evidencia sobre los beneficios de la marihuana medicinal. Hace falta que el gobierno federal incluya la marihuana en la Lista II, o que permita su investigación quitándola por completo de la lista. También hace falta mayor investigación sobre sus riesgos. La marihuana medicinal... sabemos mucho sobre los riegos del uso recreativo, pero no sabemos nada de los riesgos de su uso medicinal. Definitivamente necesitamos mayor investigación, pero decir que necesitamos eso y no decir que también necesitamos hacer algunos cambios ahora es no entender la cuestión. Gente como Robin no busca marihuana medicinal porque sea una droga maravillosa, o porque piensen que está exenta de riesgos. Sino que la buscan porque el contexto en que se administra, se suministra y se usa, les da un poco de control sobre sus vidas. Esa es una llamada a la que debemos prestar atención.

La buena noticia es que podemos aprender algunas lecciones de los dispensarios de marihuana medicinal. Son lecciones que realmente debemos aprender. A menudo son pequeños negocios familiares administrados por gente sin formación médica. Es vergonzoso pensar que estas clínicas y dispensarios ofrezcan servicios y apoyo y que satisfagan las necesidades de los pacientes de muchas formas en que el sistema de salud no puede. Deberíamos avergonzarnos de ello, pero también podemos aprender de ello. Hay quizá tres lecciones al menos que podemos aprender de esos dispensarios.

Uno: Necesitamos encontrar formas de dar a los pacientes más control en cosas pequeñas pero importantes. Cómo interactuar con proveedores de salud, cuándo interacturar con estos, cómo usar medicamentos de manera que les funcione a ellos. En mi propia experiencia, me he vuelto más creativo y flexible apoyando a mis pacientes para que usen los medicamentos de forma segura para mitigar sus síntomas, enfatizando la seguridad. Muchos de los medicamentos que receto son opiáceos, benzodiazepinas, que son potencialmente peligrosos si se usan en exceso. Ese es el punto. Pueden ser peligrosas si se usan en exceso, pero también pueden no ser efectivas si no se usan de manera consistente con lo que los pacientes quieren y necesitan. Si esa flexibilidad se otorga de forma segura, puede ser algo muy valioso para los pacientes y sus familias. Esa es la primera.

La segunda: educación. Hay grandes oportunidades para aprender algunos trucos de los dispensarios de marihuana, para proveer más educación, se requiere poco tiempo de un médico o ninguno, oportunidades para aprender sobre los medicamentos que usamos y el porqué, pronósticos, trayectorias de enfermedades, y lo más importante, oportunidades para los pacientes para aprender mútuamente. ¿Cómo podemos replicar lo que ocurre en esas clínicas, dispensarios y salas de espera? La forma en que los pacientes aprenden y comparten unos con otros.

Por último, hay que poner al paciente primero, como hacen esos dispensarios, hacerlos sentir tal como ellos quieren, para lo que necesitan, para eso, los proveedores de salud, estamos aquí. Para preguntar a los pacientes sobre sus esperanzas, deseos, preferencias. Como proveedor de cuidados paliativos, pregunto a mis pacientes qué esperan y a qué le temen. Ese es el punto. Los pacientes esperan hasta estar crónicamente enfermos, a menudo a punto de morir, ellos no deberían tener que esperar hasta ver a un médico como yo para que alguien les pregunte, "¿Cuáles son sus esperanzas?" "¿Cuáles son sus temores?" Eso debería ser parte integral del servicio médico.

Podemos lograrlo, de verdad. Los dispensarios y clínicas de marihuana medicinal en el país lo llevan a cabo. Lo llevan a cabo mientras que la medicina convencional se ha quedado años atrás en esto. Podemos aprender de ellos, tenemos que hacerlo. Solo tenemos que tragarnos el orgullo, dejar de pensar por un minuto que por tener muchas letras en nuestros nombres, por ser expertos, o por ser jefes médicos en un gran sistema de salud, sabemos todo lo que se necesita saber para ayudar a los pacientes.

Tenemos que tragarnos nuestro orgullo y visitar unos cuantos dispensarios de marihuana. Necesitamos ver cómo lo hacen para averiguar por qué tantos pacientes como Robin abandonan las clínicas convencionales para acudir a estos dispensarios de marihuana medicinal. Necesitamos averiguar sus riesgos, y sus herramientas, y así aprender de ellos. Si lo hacemos, y en definitiva, creo que podremos, podremos garantizarle a nuestros pacientes una experiencia mucho mejor.

Gracias.

(Aplausos)