Danielle Wood
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Tenía 17 años cuando elegí mi carrera.

Estaba parada al aire libre en una noche calurosa de verano, en Florida, a solo unos kilómetros del océano. Estaba esperando un milagro. Ese verano tuve el privilegio de hacer una pasantía en el Kennedy Space Center de la NASA, y el milagro que esperaba era el lanzamiento del transbordador espacial Columbia que transportaba el telescopio Observatorio Chandra de rayos X, que permitiría a los científicos observar el borde de los agujeros negros. El cielo se llenó de luz. Y era como si fuera medio día, en medio de la noche. Sentimos el retumbar de los motores vibrando en nuestros pechos. Y no fue un milagro: fue el esfuerzo combinado de un equipo de miles de personas que trabajaron juntas para hacer que lo imposible se hiciera realidad. Quise formar parte de ese equipo. Así que decidí inscribirme en una universidad en la que pudiera estudiar ingeniería aeroespacial.

Y el siguiente año empecé mi entrenamiento de ingeniería en la universidad MIT y participé en un proyecto estudiantil construyendo robots espaciales. Y todo estaba yendo como había planeado, excepto que algo importante me tenía confundida. Mi confusión comenzó durante mis vacaciones de verano. Viajé a una escuela en Kenia donde en forma voluntaria di clases de inglés, matemáticas y ciencias a chicas de entre 5 y 17 años. Y mis estudiantes me enseñaron canciones en swahili. Sobre todo, pasé mi tiempo conociendo a las chicas, disfrutando su presencia. Vi que estas chicas y los líderes de su comunidad superaban grandes barreras para que ellas tuvieran acceso a las mejores oportunidades en la vida. Y quise formar parte de ese equipo, un equipo que ayuda a derribar barreras y mejora las vidas de las chicas del mundo.

Pero me preocupaba que la ingeniería aeroespacial no fuera lo más útil, que el grupo de Kenia no pudiera usar la tecnología espacial que yo estaba aprendiendo. Afortunadamente, pronto descubrí que estaba equivocada. Regresé e hice otra pasantía en la NASA y, esta vez, un mentor me mostró que países como Kenia han estado usando tecnología espacial durante décadas para mejorar la vida en sus países. Entonces, supe que podía hacer mi carrera en Espacio y Desarrollo.

La idea no es nueva. De hecho, en 1967 las naciones del mundo se reunieron para redactar el Tratado del Espacio Ultraterrestre. Este tratado declaraba audazmente que: "La exploración y el uso del espacio ultraterrestre deberán hacerse en provecho y en interés de todos los países, sea cual fuere su grado de desarrollo económico y científico". No hemos alcanzado ese ideal, aunque se ha trabajado por décadas para hacerlo realidad. Fuerzas como el colonialismo, el racismo y la inequidad de género han excluido a mucha gente de los beneficios del espacio y ocasionado que creamos que el espacio es para unos pocos o para los ricos o la élite. Pero no podemos tolerar esta actitud. El mundo está comprometido en la misión de mejorar la vida de todos.

Nuestro mapa para esta misión viene de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Todos los estados miembros de la ONU han acordado que son prioridades hasta el 2030. Estos objetivos nos ofrecen momentos clave y las oportunidades de nuestro tiempo, oportunidades para acabar con la extrema pobreza, para asegurar que todas las personas tengan acceso a comida y agua limpia. Debemos perseguir estos objetivos como una comunidad global. Y la tecnología espacial asiste al desarrollo sostenible. De hecho, hay seis servicios espaciales que pueden ayudarnos a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En los siguientes minutos, exploraremos estos seis servicios y veremos algunos de los objetivos que pueden ayudarnos a alcanzar. ¿Están listos? Bien.

Los satélites de comunicación dan acceso a telefonía e Internet desde casi cualquier lugar de la Tierra. Sumamente importante durante la recuperación de un desastre. Cuando el tifón Haiyan azotó Filipinas, las redes de comunicación necesitaban reparaciones. Los equipos llevaron antenas de comunicación inflables para conectar con los satélites. Esto fue útil durante la reparación y recuperación.

Lo satélites de posicionamiento nos dicen dónde estamos al decirnos dónde están. Los científicos pueden usar esta tecnología para rastrear animales en peligro de extinción. Esta tortuga tiene un sistema que recibe información sobre la ubicación de satélites de posicionamiento que envían la información a los científicos a través de satélites de comunicación. Los científicos pueden usar estos datos para hacer mejores normas y ayudar a mantener a estos animales con vida.

Satélites de observación terrestre. Nos dicen qué sucede en nuestro medioambiente. Ahora hay unos 150 satélites operados por más de 60 agencias gubernamentales, esos son solo los que observan la Tierra. Mientras, hay compañías que incorporan los suyos a la lista. La mayoría de los Gobiernos provee la información satelital gratis, en línea. Algunos de estos satélites proveen imágenes como esta, que es lo que veríamos con una cámara. Esta imagen muestra tierra agrícola en Kansas. Pero la mayoría de los satélites de observación no toman fotos. Toman medidas. Y combinan las medidas en complejos modelos computarizados produciendo visualizaciones globales hermosas, como esta, que muestra las corrientes oceánicas y la temperatura del océano, globalmente. O podemos ver la sal, el humo y el polvo en la atmósfera o la lluvia y la nieve, globalmente, como también el ciclo anual de la vegetación terrestre y marina. Los científicos pueden usar esta información sobre la lluvia y vegetación para comprender qué áreas de la Tierra están en peligro de hambruna o sequía y dar la información a organizaciones de ayuda, para que se prepararen con comida antes de que la hambruna se agrave.

En el espacio tenemos un laboratorio orbital en la Estación Espacial Internacional. El vehículo y todo lo que está dentro está en caída libre alrededor de la Tierra y no experimentan el efecto de la gravedad. Por esto lo llamamos "microgravedad". Cuando los astronautas están en microgravedad, sus cuerpos reaccionan como si estuvieran envejeciendo rápidamente. Sus huesos y músculos se debilitan, sus sistemas cardiovascular e inmunológico cambian. Los científicos estudian cómo mantener sanos a los astronautas. Podemos tomar los ejercicios y técnicas que usan los astronautas para mejorar la salud de la gente aquí en la Tierra.

Frecuentemente, cuando desarrollamos tecnología para los astronautas o las naves espaciales, podemos transferir esas innovaciones para mejorar la vida en la Tierra. Una de mis favoritas: un sistema para filtrar agua. Su componente clave está basado en la tecnología que filtra aguas residuales en la estación espacial. Ahora es usado alrededor del mundo. El espacio también es una infinita fuente de inspiración ya sea a través de la educación, investigación, astronomía o de esa antigua tradición de observar las estrellas. Ahora, los países del mundo están comprometiéndose con su propio desarrollo al incrementar su conocimiento local de ingeniería, ciencia y espacio.

Conozcamos algunas de las más recientes ingenieras satelitales del mundo. Esta es Elyka Abello, de Venezuela. Elyka se está formando como ingeniera de satélites como parte del programa nacional de satélites de Venezuela. Creó una herramienta para un programa que le permite a su equipo diseñar mejor los sistemas de poder de ingeniería

Esta es Adel Castillo-Durán, de Filipinas. Adel es meteoróloga, además de ingeniera satelital, y usa la información de los satélites para predecir el clima.

Finalmente, les presento a Hala. Hala es de Sudán y estudiaba ingeniería eléctrica en Jartum cuando, con otros estudiantes, decidió diseñar su propio satélite. Después, Hala ganó una beca para hacer un posgrado en ingeniería satelital.

Estas historias que he compartido con Uds. ilustran que el espacio es útil para el desarrollo sostenible, para el beneficio de todos los países. Pero queda más por hacer porque aún hay barreras que excluyen a la gente del espacio y limitan el impacto de esta tecnología. Para muchos, la información proveniente de la observación de la Tierra es compleja y la comunicación y servicios satelitales son demasiado costosos, y las investigaciones sobre microgravedad parecen inaccesibles. Esto es lo que motiva mi trabajo como profesora en el Media Lab de MIT. Recientemente, fundé un nuevo grupo de investigación llamado 'Space Enabled'. Trabajamos para derribar esas barreras que limitan los beneficios del espacio. También desarrollaremos aplicaciones que continuarán a contribuir al desarrollo sostenible. Seguiremos trabajando en esto hasta que podamos decir que el espacio es para el beneficio de todos los países y que todos estamos 'space enabled', tenemos acceso al espacio.

Gracias.

(Aplausos)