Bruce Feiler
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Aquí están las buenas noticias sobre las familias. Los últimos 50 años han visto una revolución en lo que significa ser una familia. Existen familias combinadas, familias adoptadas, hay núcleos familiares viviendo en casas separadas y familias divorciadas que viven en la misma casa. Pero a pesar de todo, la familia se ha fortalecido. 8 de cada 10 dicen que la familia que tienen hoy es tan fuerte o más fuerte que la familia en la cual crecieron.

Ahora, las malas noticias. Casi todo el mundo está totalmente abrumado por el caos de la vida familiar. Todos los padres que conozco, me incluyo, sentimos que constantemente estamos jugando a la defensiva. Justo cuando nuestros hijos dejan de dentar, empiezan a tener rabietas. Justo cuando dejan de necesitar nuestra ayuda para bañarse, necesitan nuestra ayuda para lidiar con el ciber-acoso o el abuso escolar.

Y aquí la peor noticia de todas. La percepción de nuestros hijos es que no tenemos el control. Ellen Galinsky, del Instituto de la Familia y el Trabajo preguntó a 1000 niños: "si les concedieran un deseo que tuviera que ver con sus papás, ¿cuál sería?" Los padres pensaron que los niños tal vez pedirían pasar más tiempo con ellos. Estaban equivocados. ¿El deseo número uno de los niños? Que sus papás estén menos cansados y menos estresados.

Entonces, ¿cómo podemos cambiar esta dinámica? ¿Hay cosas concretas que podemos hacer para reducir el estrés, acercarnos a nuestra familia y en general preparar a nuestros niños a entrar en el mundo?

Pasé los últimos años tratando de responder a esa pregunta, viajando, conociendo familias, consultando a expertos, expertos que van desde negociadores de paz de élite, banqueros como Warren Buffett, hasta los boinas verdes. Estaba tratando de averiguar, ¿qué es lo que hacen bien las familias felices y qué puedo aprender de ellas para hacer más feliz a mi familia?

Quiero comentarles de una familia que conocí, y por qué creo que ofrece pistas. A las 7 p.m. de un domingo en Hidden Springs, Idaho, están sentados los seis miembros de la familia Starr en el momento más importante de la semana: la reunión familiar. Los Starr son una familia estadounidense común con sus problemas familiares como los que tienen cualquier familia estadounidense normal. David es ingeniero de sistemas, Eleanor se encarga de sus cuatro hijos, de 10 a 15 años. Uno de esos niños tiene tutoría de matemáticas en el lado lejano de la ciudad. Otro tiene partidos de lacrosse al lado contrario de la ciudad. Otro tiene síndrome de Asperger. Otro tiene hiperactividad.

"Vivíamos en un caos total", dijo Eleanor.

Pero lo que los Starr hicieron a continuación, fue sorprendente. En lugar de recurrir a amigos o familiares, buscaron en el lugar de trabajo de David. Recurrieron a un programa de vanguardia llamado Agile, recién traído por fabricantes de Japón para empresas que empiezan en Silicon Valley. En Agile, los trabajadores se organizan en grupos pequeños y hacen cosas en períodos de tiempo muy cortos. Así que en lugar de tener a ejecutivos dando órdenes hacia abajo, el equipo se autogestiona. Tienes retroalimentación constante. Tienes sesiones diarias de actualización. Tienes comentarios semanales. Estás cambiando constantemente. David dijo que cuando trajeron este sistema a su hogar, en las reuniones familiares se incrementó la comunicación, se disminuyó el estrés e hizo a todo el mundo más feliz de ser parte del equipo familiar. Cuando mi esposa y yo adoptamos estas reuniones familiares y otras técnicas en la vida de nuestras hijas gemelas de 5 años de edad, fue el mayor cambio que hicimos desde que ellas nacieron. Y estas reuniones tuvieron este efecto con menos de 20 minutos.

¿Qué es Agile y por qué puede ayudar con algo que parece tan diferente, como lo son las familias? En 1983, Jeff Sutherland era un tecnólogo en una firma financiera en Nueva Inglaterra. Estaba muy frustrado por cómo se diseñaba el software. Las empresas seguían el método de cascada, en el que ejecutivos daban órdenes que caían lentamente hacia los programadores de abajo, y nunca nadie consultaba a los programadores. El 83% de los proyectos fallaba. Eran demasiado grandes o estaban muy retrasados para el momento en que eran hechos. Sutherland quería crear un sistema donde las ideas no solo se filtraran hacia abajo sino que pudieran filtrarse hacia arriba desde la parte inferior y ajustarse en tiempo real. Leyó 30 años de la Harvard Business Review antes de tropezar con un artículo en 1986 titulado "El nuevo juego del nuevo desarrollo de productos". Decía que el ritmo de los negocios se estaba acelerando —por cierto, era 1986— y las compañías más exitosas eran flexibles. Destacó Toyota y Canon y comparaba su equipo adaptable y muy unido a una melé en rugby Como me dijo Sutherland, llegamos a ese artículo, y dijo: "Esto es". En el sistema Sutherland, las empresas no utilizan proyectos grandes y masivos que requieran dos años. Hacen las cosas en partes pequeñas. Nada toma más de dos semanas. Así que en vez de decir, "Vayan a ese búnker y vuelvan con un teléfono celular o una red social", dices: "Váyanse y vuelvan con un elemento, luego tráiganlo. Hablaremos de ello. Lo adaptamos". Tienes éxito o fracasas rápidamente. Hoy, Agile se utiliza en un centenar de países, y está arrasando en las suites de gestión. Inevitablemente, la gente comenzó a tomar algunas de estas técnicas y las aplicó a sus familias. Aparecieron blogs y se escribieron algunos manuales. Incluso los Sutherlands me dijeron que habían tenido un Día de Acción de Gracias Agile, donde tenían a una parte de la familia trabajando en la comida, otra que ponía la mesa y otra que saludaba a las visitas en la puerta. Sutherland dijo que fue el mejor Día de Acción de Gracias.

Así que, tomemos uno de los problemas que enfrentan las familias, mañana locas, y hablemos de cómo Agile pueden ayudar. Un elemento clave es la responsabilidad, por lo que los equipos utilizan radiadores de información, grandes tableros en los que todo el mundo es responsable. Así los Starr, para adaptarlo a su hogar, crearon una lista de tareas matutinas en la que se espera que cada niño marque las rutinas. Así, la mañana en que los visité, Eleanor bajó las escaleras, se sirvió una taza de café, sentada en una mecedora, y sentada allí, tuvo una charla amable con cada uno de sus niños conforme bajaba uno tras otro las escaleras, revisaba la lista, se hacía su desayuno, comprobaba la lista otra vez, ponía los platos en el lavavajillas, revisaba la lista, alimentada a las mascotas o lo que fueran sus quehaceres, comprobaba la lista una vez más, reunían sus pertenencias, y se iba a tomar el autobús. Fue una de las dinámicas familiares más asombrosas que he visto.

Y cuando objeté enérgicamente que esto nunca funcionaría en nuestra casa,

que nuestras hijas necesitaban demasiada supervisión,

Eleanor me miró y me dijo:

"Eso pensé yo". "Le dije a David, 'mantén tu trabajo fuera de mi cocina'. Pero estaba equivocada".

Así que, le pregunté a David: "¿Por qué funciona?"

Dijo: "Uno no puede subestimar el poder de hacer esto". E hizo una marca de verificación. Dijo: "En el trabajo, a los adultos les encanta. Con los niños, es el cielo".

La semana que introdujimos una lista de rutinas matutinas en nuestra casa, se redujeron nuestros gritos a la mitad. (Risas) Pero el verdadero cambio no vino hasta que tuvimos esas reuniones familiares. Así que siguiendo el modelo Agile, hacemos tres preguntas: ¿Qué funcionó bien en nuestra familia esta semana, qué no funcionó bien y en qué estamos de acuerdo en trabajar en la semana que viene? Todo el mundo tiene sugerencias y luego seleccionamos dos para centrarnos en ellas. Y de repente las cosas más asombrosas empezaron a salir de la boca de nuestras hijas. ¿Qué funcionó bien esta semana? Superamos el miedo de montar en bici. Hicimos nuestras camas. ¿Lo que no funcionó bien? Nuestras tareas de matemáticas, o el saludo cuando llega alguien de visita Como muchos padres, nuestros hijos son algo así como triángulos de las Bermudas. Algo como que los pensamientos e ideas entran, pero nunca salen, digo, al menos no los que son reveladores. Esto nos dio acceso repentinamente a sus pensamientos más íntimos. Pero lo más sorprendente fue cuando recurrimos a, ¿en qué vamos a trabajar en la semana que viene? Ya saben, la idea clave de Agile es que los equipos esencialmente se manejen a sí mismos, funciona en software y resulta que funciona con los niños. A nuestras hijas les encanta este proceso. Así que vienen con todas estas ideas. Saben, saludar a 5 visitantes en la puerta esta semana, lograr 10 minutos adicionales de lectura antes de dormir. Patear a alguien, sin postres por un mes. Resulta que, por cierto, nuestras niñas son pequeñas Stalins. Constantemente tenemos que aplacarlas. Naturalmente, existe una brecha entre su tipo de conducta en estas reuniones y su comportamiento el resto de la semana, pero la verdad es que realmente no nos molesta. Se siente como si estuviéramos poniendo cables subterráneos que no encenderán su luz al mundo en muchos años por venir.

3 años después —las niñas tienen casi 8 ahora— aún tenemos estas reuniones. Mi esposa las tiene entre sus más preciados momentos como mamá.

¿Qué hemos aprendido? La palabra "Agile" entró en el léxico en 2001 cuando Jeff Sutherland y un grupo de diseñadores se reunieron en Utah y escribieron el Manifiesto Agile de 12 puntos. Creo que es el momento para un Manifiesto Agile de Familia. He tomado algunas ideas de los Starr y de muchas otras familias que conocí. Propongo tres pilares.

Pilar número uno: adaptarse todo el tiempo.

Cuando me convertí en padre, pensé, ¿sabes qué? Pondremos algunas reglas y nos ceñiremos a ellas. Esto supone, que como padres, podemos anticipar todos los problemas que van a surgir. No podemos. Lo que hace grande al sistema Agile es que uno construye un sistema de cambio así que uno puede reaccionar a lo que está sucediendo en su tiempo real. Es como dicen en el mundo de internet: si estás haciendo hoy lo mismo que hacías hace 6 meses, lo estás haciendo mal. Los padres pueden aprender mucho de eso. Pero para mí, "Adaptarse todo el tiempo" significa algo más profundo, también. Tenemos que romper esta camisa de fuerza paterna de que las únicas ideas que podemos intentar en casa son las que provienen de psiquiatras o de gurús de la autoayuda o de expertos en familias. La verdad es que sus ideas son obsoletas, considerando que en todos estos otros mundos existen nuevas ideas para hacer que los grupos trabajen eficazmente.

Tomemos solo unos ejemplos. Tomemos el mejor momento de todos: la cena familiar. Todo el mundo sabe que cenar en familia con sus hijos es bueno para los niños. Pero para muchos de nosotros, no funciona en nuestras vidas. Conocí a un famoso chef en Nueva Orleans, que dijo: "No hay problema, solo ajustaré la cena familiar. No estoy en casa, ¿no puedo hacer de cenar para mi familia? Hago un desayuno. Nos reunimos para comer algo antes de acostarnos. Hacemos las comidas del domingo más importantes". Y la verdad es que las investigaciones recientes lo respaldan. Resulta que hay solo 10 minutos de tiempo productivo en cualquier comida familiar. El resto es, "no subas los codos a la mesa" y "pásame la salsa de tomate". Se pueden tomar esos 10 minutos y llevarlos a cualquier parte del día y tienen el mismo beneficio. Cambien, entonces, la cena familiar. Eso es adaptabilidad.

Un psicólogo ambiental me dijo: "Si estás sentado en una silla dura sobre una superficie rígida, estarás más rígido. Si estás sentado en una silla acolchada, estarás más abierto". Me dijo: "Cuando estés disciplinando a tus hijos, siéntate en una silla vertical con una superficie acolchada. La conversación irá mejor". Mi esposa y yo realmente cambiamos de silla para conversaciones difíciles porque me sentaba en posición de poder. Muévete de donde te sientas. Eso es adaptabilidad.

El punto es que hay todas estas ideas nuevas por ahí. Tenemos que enlazarlas con los padres. Así, pilar número uno: adaptarse todo el tiempo. Sea flexible, de mente abierta, deje ganar a las mejores ideas.

Pilar número dos: faculte a sus hijos. Nuestro instinto como padres es dar órdenes a nuestros niños. Es más fácil, y francamente, por lo general tenemos la razón. Hay una razón por la que algunos sistemas se orientan hacia el modelo de cascada más que la familia. Pero la lección más grande que aprendimos es revertir ese modelo de cascada tanto como sea posible. Enliste a los niños en su propia educación. Ayer mismo, que íbamos a tener nuestra reunión familiar, habíamos votado todos para hablar acerca de los berrinches. Así que dijimos: "Bueno, dennos una recompensa y un castigo. ¿Bien?" Así que una de mis hijas soltó, nos dan 5 minutos de berrinche a la semana. y como que nos gustó. Pero luego su hermana comenzó a trabajar el sistema. Dijo, "Tengo un berriche de 5 minutos o 10 berrinches de 30 segundos?" Me encantó. Usa el tiempo como quieras. "Ahora dennos un castigo. ¿Está bien?" Si nos pasamos de 15 minutos de berrinche, ese es el límite. Por cada minuto de más, tenemos que hacer una lagartija Ya ven, está funcionando. Vean, este sistema no es laxo. Se está dando un montón de autoridad parental. Pero les estamos dando práctica para volverse independientes, que por supuesto, es nuestra meta final. Justo cuando estaba saliendo para venir esta noche, una de mis hijas comenzó a gritar. La otra dijo: "¡Berrinche! ¡Berrinche!" y comenzó a contar, y a los 10 segundos había terminado. Para mí eso es un milagro Agile certificado. (Risas) (Aplausos) Y por cierto, la investigación respalda esto también. Los niños que planean sus propias metas, establecen horarios semanales, evalúan su propio trabajo, desarrollan su corteza frontal y tienen más control sobre sus vidas. El punto es que debemos dejar que nuestros hijos tengan éxito en sus propios términos, y sí, en ocasiones, fallar en sus propios términos. Hablaba con el banquero Warren Buffett, y me estaba reprendiendo para no dejar que mis hijos cometieran errores con su mesada. Y dije, "Pero ¿qué pasa si la desperdician?" Dijo, "Es mucho mejor desperdiciar una mesada de 6 dólares que un salario anual de 60 000 dólares o una herencia de 6 millones de dólares". Así, la meta final es, facultar a sus hijos.

Pilar número tres: contar su historia. La adaptabilidad está bien, pero también necesitamos cimientos. Jim Collins, autor de "Empresas que sobresalen", me dijo que las organizaciones humanas exitosas de cualquier tipo tienen dos cosas en común: conservan el núcleo, estimulan el progreso. Y Agile es ideal para estimular el progreso, pero permanecí escuchando una y otra vez, se necesita preservar el núcleo. ¿Cómo puedes hacerlo? Collins nos entrenó para hacer algo que hacen en los negocios, que es definir su misión e identificar sus valores fundamentales. Así que él nos guió por el proceso de creación de una misión familiar. Hicimos el equivalente familiar de un retiro corporativo. Tuvimos una fiesta de pijamas. Hice palomitas de maíz. En realidad, quemé unas, así que hice dos. Mi esposa compró un rotafolio. Y tuvimos esa gran conversación, como, ¿qué es lo importante para nosotros? ¿Qué valores apreciamos más? Y terminamos con 10 enunciados. Somos viajeros, no turistas. No nos gustan los dilemas. Queremos soluciones. Otra vez, las investigaciones muestran que los padres deben pasar menos tiempo preocupándose por lo que hacen mal y más tiempo concentrándose en lo que hacen bien, preocuparse menos por los malos momentos y construir los buenos momentos. Esa declaración de misión familiar es una gran manera para identificar qué es lo que haces bien.

Unas semanas después, recibimos una llamada de la escuela. Una de nuestras hijas había tenido una pelea. Y de repente estábamos preocupados, ¿acaso tenemos a una niña mala en nuestras manos? Y no sabíamos realmente qué hacer, así que la llamamos a mi oficina. La declaración de la misión de la familia estaba en la pared, y mi esposa dijo: "¿Nada de esto parece aplicarse?" Y pasó la mirada por la lista y dijo: "¿Unir a la gente?" De repente teníamos una respuesta en la conversación.

Otra gran manera de contar tu historia es decirle a tus hijos de dónde vinieron. Investigadores en Emory le hicieron a los niños una simple prueba llamada: "Qué sabes". ¿Sabes dónde nacieron tus abuelos? ¿Sabes a qué secundaria fueron tus padres? ¿Conoces a alguien en tu familia que haya tenido una situación difícil, una enfermedad, y la haya superado? Los niños que puntearon más alto en esta evaluación tenían la autoestima más alta y una mayor sensación de que podían controlar sus vidas. La prueba de "Qué sabes" fue el predictor más grande de salud emocional y felicidad. Como el autor del estudio me dijo, los niños que tienen un sentido de... que son parte de una narrativa más grande, tienen mayor confianza en sí mismos. Así, mi pilar final es, cuente su historia. Dedique tiempo a volver a contar la historia de los buenos momentos de la familia y de cómo superaron los malos. Si le dan esta feliz narrativa a sus hijos, le darán las herramientas para hacerse más felices.

Yo era un adolescente cuando leí por primera vez "Ana Karenina" y su famosa primera frase, "Todas las familias felices son iguales. Cada familia infeliz es infeliz a su manera". Cuando lo leí por primera vez, pensé, "Esa frase es estúpida. Obviamente todas las familias felices no son iguales". Pero cuando comencé a trabajar en este proyecto, empecé a cambiar de idea. Un estudio reciente nos ha permitido, por primera vez, identificar los fundamentos que tienen las familias exitosas. He mencionado aquí solo tres hoy: Adaptarse todo el tiempo, tomar en cuenta a los niños, contar tu historia. ¿Es posible que pasaran tantos años para reconocer que Tolstoi tenía razón? La respuesta, creo, es sí. Cuando León Tolstoi tenía cinco años, su hermano Nicolás le dijo que había grabado el secreto de la felicidad universal en un pequeño palo verde, que había escondido en un barranco en la finca de la familia en Rusia. Si alguna vez se encontraba el palo, toda la humanidad sería feliz. Tolstoi se obsesionó con ese palo, pero nunca lo encontró. De hecho, pidió ser enterrado en ese barranco donde pensó que estaba oculto. Todavía yace allí hoy, cubierto por una capa de hierba verde. Esa historia me atrapó por completo la última lección que aprendí: La felicidad no es algo que encontramos, es algo que hacemos. Casi todo el que ha estudiado las organizaciones bien dirigidas ha llegado más o menos a la misma conclusión. La grandeza no es un asunto de circunstancia. Es una cuestión de elección. No necesitan un gran plan. No necesitan una cascada. Solo tienen que dar pasos pequeños, acumular pequeñas victorias, seguir buscando ese palo verde. Al final, esta puede ser la lección más grande de todas. ¿Cuál es el secreto para una familia feliz? Intentar.

(Aplausos)